De “Yo soy” (14-IX-2018)

 

XIII
México augusto de rumor y espadas,
cuando la noche en la tierra era más grande,
repartiste la cuna del maíz a los hombres.
Levantaste la mano llena de polvo santo
y la pusiste en medio de tu pueblo
como una nueva estrella de pan y de fragancia.
El campesino entonces a la luz de la pólvora
miró su tierra desencadenada
brillar sobre los muertos germinales.
–          Canto a Morelos. Cuando caía
su fulgor taladrado,
una pequeña gota iba llamando
bajo la tierra hasta llenar la copa
de sangre, y de la copa un río
hasta llegar a toda la silenciosa orilla
de América, empapelándola de misteriosa esencia.
        Canto a Cuauhtémoc. Toco
su linaje de luna
y su fina sonrisa de dios martirizado.
¿Dónde estás, has perdido,
antiguo hermano, tu dureza dulce?
¿En qué te has convertido?
¿En dónde vive tu estación de fuego?
Vive en la piel de nuestra mano oscura,
vive en los cenicientos cereales:
cuando, después de la nocturna sombra
se desgranan las cepas de la aurora,
los ojos de Cuauhtémoc abren su luz remota
sobre la vida verde del follaje.
–          Canto a Cárdenas. Yo estuve:
yo viví la tormenta de Castilla.
Eran los días ciegos de las vidas.
Altos dolores como ramas crueles
herían nuestra madre acongojada.
Era el abandonado luto, los muros del silencio
cuando se traicionaba, se asaltaba y hería
a esa patria del alba y del laurel.
Entonces sólo la estrella roja de Rusia y la mirada
de Cárdenas brillaron en la noche del hombre.
General, Presidente de América, te dejo en este canto
algo del resplandor que recogí en España.
–          México, has abierto las puertas y las manos
al errante, al herido, al desterrado, al héroe.
Siento que esto no puede decirse en otra forma
y quiero que se peguen mis palabras
otra vez como besos en tus muros.
De par en par abriste tu puerta combatiente
y se llenó de extraños hijos tu cabellera
y tú tocaste con tus duras manos
las mejillas del hijo
que te parió con lágrimas la tormenta del mundo.
–          Aquí termino, México,
aquí te dejo esta caligrafía
sobre las sienes para que la edad
vaya borrando este nuevo discurso
de quien te amó por libre y por profundo.
Adiós te digo, pero no me voy.
Me voy, pero no puedo
decirte adiós.
Porque en mi vida, México, vives como una pequeña
águila equivocada que circula en mis venas
y sólo al fin la muerte le doblará las alas
sobre mi corazón de soldado dormido.

Pablo Neruda (1904-1973)
En La patria en verso. Un paseo por la poesía
cívica en México. Felipe Garrido, selección y
comentarios
Conaculta, INBA, UANL, Jus, México, 2011

Contraola (8-VIII-2018)

 

Todos los sueños han sido míos,
únicamente y por tu culpa míos.
Por eso ahora persigo
tan sólo una gardenia,
–              una piedra,
–              una ola,
que son los únicos fragmentos
de realidad que necesito,
para propagar tu imagen y extenderla
hasta el final del tiempo
sobre toda la tierra.

Carmen Alardín (1933-2014)
Entreacto
Editorial Katún, México, 1982

Volverá el polvo al polvo… (25-VII-2018)

 

Volverá el polvo al polvo,
caerán desmenuzados los cabellos
como último baluarte de mi cuerpo.
Te esperaré a la orilla,
en los maderos rotos del recuerdo.
–           Al tomarte la mano, pobre muerte,
Tan antigua, tan niña,
palpitará en tu sangre
la madura inquietud de cada día.
Romperás secos lazos.
Recostado en la hierba de tu sueño,
te embriagarás en angustioso canto
de la noche primera.
Te llegará en latidos de mia ansias
la frescura del agua tan lejana,
la voz, y el sonido
de la vida que evita tu llamada.
–           Y morirás de amor,
del mismo amor que apagará la hierba,
y morirás de viento y de tristeza,
cuando fría mi sangre
no transmita a tu cuerpo
el calor que robamos a la fragua.
Y cuando de nosotros
no quede ya en la tierra
más huella que la ardiente de su estancia,
volveremos al polvo
que al cubrir este canto
lo perderá en la noche de su huella.

Dolores Castro (1923)
La vida perdurable. Antología poética
Selección y presentación,
Francis Mestries
Editorial Praxis, México, 2007

Dolor (26-VI-2018)

 

Mi abismo se llenó de su mirada,
y se fundió en mi ser, y fue tan mía,
que dudo si este aliento de agonía
es vida aún o muerte alucinada.
–          Llegó el Arcángel, descargó la espada
sobre el doble laurel que florecía
en el sellado huerto… Y aquel día
volvió la sombra y regresé a mi nada.
–          Creí que el mundo, ante el humano asombro,
iba a caer envuelto en el escombro
de la ruina total del firmamento…
–          ¡Mas vi la tierra en paz, en paz la altura,
sereno el campo, la corriente pura,
el monte azul y sosegado el viento!

Enrique González Martínez (1871-1952)
Poemas truncos (1935)
En Obras completas, El Colegio de México, México, 1971

Nocturno (15-VI-2018)

 

¡Oh mar sin olas conocidas,
sin “estaciones” de parada
agua y luna, no más noches y noches!
–           …Me acuerdo de la tierra,
que, ajena, era de uno,
al pasarla en la noche de los trenes,
por los lugares mismos y a las horas
de otros años…
–           –¡Madre lejana,
tierra dormida,
de brazos firmes y constantes,
de igual regazo quieto,
–tumba de vida eterna
con el mismo ornamento renovado–;
tierra madre, que siempre
aguardas en tu sola
verdad el mirar triste
de los errantes ojos!
–           …Me acuerdo de la tierra
–los olivares a la madrugada–
firme frente a la luna
blanca, rosada o amarilla,
esperando retornos y retornos
de los que, sin ser suyos ni sus dueños,
la amaron y la amaron…

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)
Diario de un poeta recién casado
Editorial Labor, Barcelona, 1970

Sé de besos… (13-V-2018)

 

Sé de besos más nocturnos que la tierra
Animales sumergidos entre violentos árboles
vienen a la cima de las bocas convulsivos oleosos
Sé de la grandeza fulgurante ondulada y eléctrica
de las bocas ávidas y de la sangre que viene del fondo
como un incendio que florece en labios espumosos
Sé de una extraña suavidad y de un pensativo ardor
que modula el beso en una espera fascinada
¿Quién pudiera nombrar la gloria fluida y ardentísima
de estos líquidos músculos que desembocan en estuarios de espuma?
Sé de besos como abejas de sol y como una agonía
de una larga gloria Conozco las materias saladas
y agridulces la arcilla la savia el vino
y el gres de las axilas la luna negra del pubis
Conozco el sabor inflamado y espeso de lo intacto
que inmediato se entrega en la violencia silenciosa

Versión de Piedad Montero y Luis María Marina

Sei de beijos mais nocturnos do que a terra/ Animais submersos entre violentas árvores/ vêm ao cimo das bocas convulsivos oleosos/ Sei da grandeza fulgurante ondulada e eléctrica/ das bocas ávidas e do sangue que vem do fundo/ como um incêndio que floresce em lábios espumosos/ Sei de uma estranha suavidade e de um pensativo ardor/ que modula o beijo numa demora fascinada/ Quem poderia dizer a glória fluida e ardentíssima/ destes líquidos músculos que desembocan em estuarios de espuma?/ Sei de beijos como abelhas de sol e como uma agonía/ de una longa glória Conheço as matérias salgadas/ e agridoces a argila a seiva o vino/ e o grés das axilas a lua negra do púbis/ Conheço o sabor aceso e espeso do intacto/ que imediato se entrega na violencia silenciosa.

António Ramos Rosa (1924-2013)
Dispersa sed. Antología
La Otra / Escritores de Cajeme
Camoes Instituto de la Cooperación y de la Lengua, Portugal
Guadalajara, 2014

Herencia (16-III-2018)

 

La ceniza que seré
Seguirá hablando al viento
Al agua, a la tierra, al fuego.
A ellos heredo mis lágrimas
Y mi risa,
Pero más mi risa.
Esta no es una despedida.
Es, a penas,
El comienzo
De mi viaje próximo.
Si al fin nos encontramos,
La mi Tonantzin aFabianada.
Un Pedro Páramo enternecido,
Y él, mi capitán de las Estrellas,
Si al fin nos abrazamos,
Regalen flores al mundo.

Emma Rueda Ramírez (1947)
Herencia
Tintanueva Ediciones, México, 2016