Crepuscular (27-X-2018)

 

¡Fue una tarde! Los dos bajo una encina
que del monte en la cúspide se empina
sellamos nuestro amor.
Febo, alegre en el cielo sonreía
extrañado ante el cuadro que veía
de insólito color.
–         Tú, casi desmayada, ¿lo recuerdas?,
muy quedo me decías: “¡No me pierdas,
ten de mí compasión!
Yo, loco, entre mis brazos te estrechaba
y tierno y cariñoso te besaba
con boca y corazón.
–         Poco a poco, la fiebre del deseo
que acrecía mi ardiente devaneo,
de ti se apoderó;
y ebria entonces, balbuciste: “Sea…”,
y el Astro-Rey su luminosa tea
en el cielo apagó.

Adolfo Bernáldez
El Parnaso mexicano (los trovadores de México)
Maucci Hermanos, México – Buenos Aires, 1905
José López Rodríguez, Habana

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La tarde (4-IX-2018)

 

La tarde es una voz, un árbol,
un gato que ronronea y que tiene hambre,
un aroma, un volcán.

 –          La tarde es una edad,
un parque lleno de
columpios, una canasta de frutas.
–           La tarde es un desván,
una silla de espera.
La tarde es un castigo en el pasillo oscuro,
un trocito de pan,
una máquina antigua de coser,
que emprende un viaje por la tela,
una casona vieja donde espantan.
–           La tarde es un juego,
un escondite,
una pregunta,
una voz que me llama.

Mariángeles Comesaña
En Inédito diamante. 5 poetas mexicanas
Selección y prólogo de Eduardo Mejía
Ediciones Ikygai, México, 2018

 

Niño tras un cristal (3-III-2018)

 

Al caer la tarde, absorto
Tras el cristal, el niño mira
Llover. La luz que se ha encendido
En un farol contrasta
La lluvia blanca con el aire oscuro.
–         La habitación a solas
Le envuelve tibiamente,
Y el visillo, velando
Sobre el cristal, como una nube,
Le susurra lunar encantamiento.
–         El colegio se aleja. Es ahora
La tregua, con el libro
De historias y de estampas
Bajo la lámpara, la noche,
El sueño, las horas sin medida.
–         Vive en el seno de su fuerza tierna,
Todavía sin deseo, sin memoria,
El niño, y sin presagio
Que afuera el tiempo aguarda
Con la vida, al acecho.
–         En su sombra la perla ya se forma.

Luis Cernuda (1904-1963)
La realidad y el deseo 1924-1962
Fondo de Cultura Económica, México, 1964

Estanque (5-XI-2017)

A Guadalupe Sánchez Nettel

De tarde en tarde,
cuando la superficie en calma restituye
la inalterada imagen de las cosas que pasan
(y aún antes de que el limo
se pose blandamente
en la tensión de la tela del agua)
dejo caer un guijarro,
un amuleto inútil o el cadáver
de algún hermoso insecto
–volutas de lo habitual para encontrar lo nuevo–
al estanque del ánimo,
me inclino a verlo hundirse
rápido helado sereno,
que expanda en sus anillos
los tesoros del eco,
el ritmo de la alteración que provoca la calma.

Luigi Amara

Recién muerto (27-X-2017)

Me gustaría
que fuese tarde y obscura
la tarde de mi agonía.
         Me gustaría
que quien cerrase mis ojos
tuviese manos tranquilas.
         Me gustaría
que los presentes callasen
o llorasen con sordina.
         Me gustaría
que fuesen pocos y aun menos
de los que se necesitan.
         Me gustaría
que en el silencio del mundo
se oyese crecer la espiga.
         Me gustaría
que la tierra fuese dura
como piedra conmovida.
         Me gustaría
que me llenasen la boca
de tierra mía.
         Si a los que van a matar
les dan todo lo que pidan
dejadme pedir de muerto
lo que a mí me gustaría.

Pedro Garfias

De “Elementos para un poema” (24-VIII-2017)

VIII
No soy un escritor. Escribo para distraer unos minutos a la tarde, escuchar una voz en el silencio, conversar con un interlocutor desconocido al que pueda decirle la importancia de perder el tiempo o la de sentir una gota de lluvia en la cabeza. Hablo de la lucha que sostengo contra mi propia soberbia. Te digo cosas, cualquiera, con los pedazos de las frases muertas. Enumero. Junto al azar imágenes y destellos de una realidad que ya no existe. Cada escrito es un cajón que guarda las cosas más dispares: un cielo nublado, tres gajos de naranja y un retrato de mujer con niño,

Norberto de la Torre

Y sin embargo (7-VIII-2017)

Y sin embargo
el calor
por debajo de la piel
como cicatriz
marcando cada espacio
         y sin embargo
los escalofríos
         el índice apuntando
cada página
del índice
marcando
cada línea
         y sin embargo
untando 
la saliva
de la piel
que recorre
y guarda
un cuerpo
dentro del cuerpo
indicando
las horas
que no pasan
los días
que no se mueven
los años
         y sin embargo
el sol
de la tarde.

Ana Belén López