Los perros románticos (1º-I-2019)

 

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar

Roberto Bolaño (1953-2003)
Los perros románticos
Acantilado, 2006

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Cosilla para el Nacimiento (24-XII-2018)

 

Señoras y señores,
hablad silencio,
que aquí están las estrellas
y los luceros.
—          Cuando el campo levanta
todo su cielo
por hacerle a la noche
puente ligero,
el árbol con follaje
vende su sueño
al árbol sin follaje,
por algún cuento
en que se oigan los pájaros
salir al viento
cantando lo que cantan
sombra y lucero.
—          La ronda de los ángeles
cerró su vuelo
y en un hueco de luz
abre los cielos
rotos del buen pesebre
cuyo alimento
es un niño que sueña
sin tener sueño.
—          Cuando tenga palabras
podrá en el tiempo
la eternidad con gloria
de su misterio.
Este niño en la noche
bajó un lucero
y se está iluminando
todo por dentro.
          Cuando este niño diga
su nombre entero,
el que escuche, entendiéndolo,
será lucero.
—          Señoras y señores,
volved a hablar.
Con los ojos del día
voy a soñar.

14 de diciembre de 1946

Carlos Pellicer (1897-1977)
El Sol en un pesebre. Nacimientos
INBA / Instituto de Cultura de Tabasco
México, 1987

Mujer inacabada (24-VII-2018)

 

Digo la palabra clave y no funciona
has revuelto las letras, las sílabas
que con tu gesto subrayabas
–           Estoy de nuevo en el principio
a partir de cero reúno de nuevo las letras
descarnadas ya sin sueño
–           El lenguaje de tu cuerpo niega esa
cercanía adivinada
tu insomnio no me pertenece
–           Cuidas y descuidas lo que para mi avidez
son las señales del que se quiere amado y
libre de palabras
           Si adivino mi discurso quedo pasmado
ante la perfección del fingimiento
ahora soy el que no duerme
–           Pero amo por primera vez a la mujer
aquí trazada tan lejos ya
de ésta que me lee y no me oye.

Raúl Jesús Rincón
Guardar todo
Aldvs, México, 2014

Los 5 sentidos (31-III-2018)

 

1
En el telar de la lluvia
tejieron la enredadera
–¡madreselva, blanca y rubia!–
de tu cabellera negra.

2
¡Si el picaflor conociera
a lo que tu boca sabe!

3
Iluminados y oscuros
capulines de tus ojos,
como el agua de los pozos
copian luceros ilusos.

4
Cuando te toco parece
que el mundo a mí se confía
porque en tu cuerpo amanece,
desnudo pétalo, el día.

5
Por tu voz de mañanitas
he sabido despertar
de la realidad al sueño,
del sueño a la realidad.

Bernardo Ortiz de Montellano (1899-1949)
Material de lectura. Poesía moderna. 58
UNAM, México, s/f

La flor del agua (9-XI-2017)

Si tú me lo dijeras
te preguntara:
¿en dónde empieza el agua
para cortarla?
         ¿Comenzará en la nieve,
aprisionada?…
         ¿La encontraré en los ríos
si va descalza?…
         ¿Se dormirá en tu sueño
de tan delgada?…
         Si tú me lo dijeras…
pero lo callas.
         ¡Dime, dónde está el agua!
¿Por qué el mar la deshace
junto a la playa,
y en pájaros de espuma
la deja ahogada?…
         Si tú me la trajeras…
¡cuánto la amara!
         …Y el agua se hizo flor
en tu mirada.

Jorge González Durán

Casi el verano (22-VIII-2017)

Yo no digo que el sol, inaprehensible sueño de mi piel,
entabla una demanda amorosa contra el latido del día.
Digo solamente que mi amor es un gajo desnudo
que se cubre con hojas de ruibarbo y jazmines embotellados.
Mi amor está desnudo y ha empezado a tatuar corazones en el viento,
Iconoclastas corazones dispensadores de azules albas.
Nunca la música ha cabalgado en potros más esbeltos.
Los antiguos pavorreales del verano han empezado
a mirarse desplegando sus arpas de colores.
         A la luz del verano, salta, canta corazón.
El aire quiere dormirse junto a tu boca.
Tu corazón es una maquinaria secreta que me traga.
La lluvia nos conduce de la mano hasta el pan tierno de su abrazo.
A sus puertas estamos. Sobrecogidos y aromados.
         La mañana no quiere parecerse a ninguna.
En el viento cercano una lágrima tiembla.
La niña ciega alcanza el sueño de la abeja.
En tanto que nosotros transcurrimos.

Thelma Nava

Una mañana insólita (7-V-2017)

Una mañana insólita de julio
me ofrecieron tus manos los diamantes,
el collar del perdón, la gargantilla,
de un amor cincelado con preguntas,
y ornamentaste el sueño más amargo,
diste voz a los muros que me cercan,
acudiste puntual como los óleos
para mostrarme de tu luz el centro;
mañana sin dolientes arreboles,
sin cascadas de trinos, sin memoria
de rayos o relámpagos o nubes.
Amanecer del tiempo en mis sentidos,
desnudez cardinal y meridiana:
esponsales del polvo con el humo.

Gilberto Prado Galán