La Alameda (18-V-2018)

 

En los veranos rojos, cuando a los mediodías
desata los bozales de sus perros el sol,
¿quién no gozó tu abrigo, quién ignoró las pías
frescuras que derrama tu inmenso parasol?
–          ¿Quién, en el sueño rosa del minuto romántico,
no, tembloroso y pálido, se detuvo al pasar
bajo tu fronda amiga, para esparcir el cántico
del beso en el propicio sortilegio lunar?
–          ¿Qué anhelo, mozo y fuerte, no se prendió a una falda
errante por tus claros senderos de esmeralda?
¿O qué infantiles pasos no fueron por tu alfombra
–          tras el fugaz insecto de alas de rosicler?
El grande y el pequeño ven brillar en tu sombra
la mentira dorada, mariposa o mujer.

Rafael López (1873-1943)
Obra poética
Conaculta, México, 1990

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La hora (2-IV-2018)

 

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
–         Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
–         Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.
–         Ahora, que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.
–         Ahora, que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida aprisa.
–         Después… ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!
–         Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
–         ¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
–         Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
–         Hoy, y no mañana. Oh, amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?

Juana de Ibarbourou (1892-1979)
Sus mejores poemas
Editorial América, Madrid, 1930

Trasiego (19-I-2018)

Caminar
sin andadura
soportando el peso de la carne
atraída por el núcleo de la propia gravedad
abandono que se estanca
orfandades que no cierran
bajo el golpe de los años las cordilleras de la furia
caminar
bajo el duelo de una historia
pudriéndose (la rosa)
las entrañas
ibraci
errar
soportando el pensamiento
la implacable vibración de angustia
ante el ojo abierto de la luz y de la noche
mirada inclemente del misterio
indolente por las eras
de las eras
el cansancio
que no parece terminar
la inmensa orilla de los mares
caminar el polvo siendo polvo
sin anclaje
arrastrando el cuerpo entumecido
……………………………………………………….el existir
frente al silencio de la tierra
soportando en la sangre las heridas de los otros
socavando en la sangre de los otros las heridas
sin fin y sin principio
andar por siempre
hasta brindarnos
sin conciencia sin tristeza sin materia
siendo solamente herrumbre o corazón encandilado
al viento
caminar
para verter el lastre
la atadura de este colorido
mundo
………….engaño
…………………….densidad
la médula incorrecta en su negrura
insurrecta en sus anhelos
de luz y concluir
por fin con el absurdo
la cárcel del errante sin sosiego
en tus manos Oh Imperayritz de la Ciutat Joyosa
Estel de mar qui los perrilans guia
E’ls fay venir a bona salvetat…
…disolverse en las auríferas arenas
en las aguas completas y ascendentes
en sí mismas
……….sin trasiego d

Claudia Posadas

Adiós y siempre adiós (12-XII-2017)

a José M. Zayas

¡Adiós y siempre adiós! Desde la cuna
cuántos seres amamos que nos dejan.
Los genios y los ángeles se alejan
asidos a los rayos de la luna.
         Luego nos arrebata la fortuna
corazones que al nuestro se asemejan
y ojos que en nuestros ojos se reflejan
cual astros en la pálida laguna.
         Hay en todo una eterna despedida:
el celaje se va, la ola rüeda:
huye el ave y marchita la rosa.
         En medio de un adiós cruza la vida
y un último cariño, si nos queda,
nos dice adiós a orillas de la fosa.

Josefa Murillo

Elementos de un poema (14-V-2017)

II


No se lo digas a nadie pero el nombre de la rosa es un misterio, uno de los tantos enigmas del silencio. No digas los secretos en voz alta porque las palabras no pueden sujetarse con palabras, pierden con rapidez su origen y acaban a la deriva sin un destino cierto, son espejos que desecha el poder para fabricar con ellos caleidoscopios y fantasmas. Por eso te digo solamente un rayo de sol en el invierno, una paloma herida, un árbol mustio, para guardar un mínimo recuerdo del desastre.



Norberto de la Torre