Escrito en el polvo (2-XII-2018)

 

Por lo pronto lo último en llegar es el orgasmo. Siempre dejamos para el último el orgasmo y así las cosas no saben, las acrobacias no saben, huelen. Y está bien, es cosa de sentidos, de sentirnos agotados por la mañana y muy rejuvenecidos tras el alcohol y las piernas en el cuello. Huelen a piel madura y algunas levedades y fracturas. Es cosa de sentidos. En orden alfabético: gusto, oído, olfato, tacto, vista. Vacío, algo volando sobre el vacío. Hambre, silencio, peste, horror y piel. Mucha piel donde antes no había. Algún talento habríamos de tener. Esperanza no, eso es gasto y es tiempo de economías La sintaxis en superlativo, ya que esto tiene el tamaño mayor en cuestión de lechos. Y todo lo grande achica el comparativo de la gozadera. Pero es puro pretexto para el conocernos, porque si lo piensas bien, lo último en llegar es el placer. En infinitivo como si de cosas de marcianos se tratara. Y hablando de ovnis, ¿qué es esa luz girando por encima de tus ojos?

Luis Alberto Arellano (1976)
Plexo
Tierra Adentro, México, 2011

¡Qué costumbre tan salvaje… (2-XI-2018)

 

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
           Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y
digan alegremente: ¿por qué lloras?
           Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le
ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo,
piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
–           Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una
burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?
–           Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

Jaime Sabines (1926-1999)
Nuevo recuento de poemas,
Joaquín Mortiz, México, 1977

Volverá el polvo al polvo… (25-VII-2018)

 

Volverá el polvo al polvo,
caerán desmenuzados los cabellos
como último baluarte de mi cuerpo.
Te esperaré a la orilla,
en los maderos rotos del recuerdo.
–           Al tomarte la mano, pobre muerte,
Tan antigua, tan niña,
palpitará en tu sangre
la madura inquietud de cada día.
Romperás secos lazos.
Recostado en la hierba de tu sueño,
te embriagarás en angustioso canto
de la noche primera.
Te llegará en latidos de mia ansias
la frescura del agua tan lejana,
la voz, y el sonido
de la vida que evita tu llamada.
–           Y morirás de amor,
del mismo amor que apagará la hierba,
y morirás de viento y de tristeza,
cuando fría mi sangre
no transmita a tu cuerpo
el calor que robamos a la fragua.
Y cuando de nosotros
no quede ya en la tierra
más huella que la ardiente de su estancia,
volveremos al polvo
que al cubrir este canto
lo perderá en la noche de su huella.

Dolores Castro (1923)
La vida perdurable. Antología poética
Selección y presentación,
Francis Mestries
Editorial Praxis, México, 2007

Trasiego (19-I-2018)

Caminar
sin andadura
soportando el peso de la carne
atraída por el núcleo de la propia gravedad
abandono que se estanca
orfandades que no cierran
bajo el golpe de los años las cordilleras de la furia
caminar
bajo el duelo de una historia
pudriéndose (la rosa)
las entrañas
ibraci
errar
soportando el pensamiento
la implacable vibración de angustia
ante el ojo abierto de la luz y de la noche
mirada inclemente del misterio
indolente por las eras
de las eras
el cansancio
que no parece terminar
la inmensa orilla de los mares
caminar el polvo siendo polvo
sin anclaje
arrastrando el cuerpo entumecido
……………………………………………………….el existir
frente al silencio de la tierra
soportando en la sangre las heridas de los otros
socavando en la sangre de los otros las heridas
sin fin y sin principio
andar por siempre
hasta brindarnos
sin conciencia sin tristeza sin materia
siendo solamente herrumbre o corazón encandilado
al viento
caminar
para verter el lastre
la atadura de este colorido
mundo
………….engaño
…………………….densidad
la médula incorrecta en su negrura
insurrecta en sus anhelos
de luz y concluir
por fin con el absurdo
la cárcel del errante sin sosiego
en tus manos Oh Imperayritz de la Ciutat Joyosa
Estel de mar qui los perrilans guia
E’ls fay venir a bona salvetat…
…disolverse en las auríferas arenas
en las aguas completas y ascendentes
en sí mismas
……….sin trasiego d

Claudia Posadas

La desterrada (12-VIII-2017)

I
Yo no canto
por dejar testimonio de mi estancia,
ni para que me escuchen los que, conmigo, mueren,
ni por sobrevivirme en las palabras.
Canto para salir de mi rostro en tinieblas
a recordar los muros de mi casa,
porque entrando en mis ojos quedé ciega
y a tientas reconozco, cuando canto,
el infinito umbral de mi morada.

II
Cuando me dividiste de ti, cuando me diste
el país de mi cuerpo y me alejaste
del jardín de tus manos,
yo tuve, en prenda tuya, las palabras,
temblorosos espejos conde a veces
sorprendo tus señales.
Sólo tengo palabras, sólo tengo
mi voz infiel para buscarte.
         Reino oscuro de enigmas me entregaste,
y un ángel que me hiere cuando te olvido y callo,
y una lengua doliente y una copa sellada.
Esto es la poesía, No un don de fácil música
ni una gracia riente.
Apenas una forma de recordar, apenas
–entre el hombre y tu orilla–
una señal, un puente.
         Por él voy con mis pasos,
con mi tiempo y mi muerte,
llevando en estas manos prometidas al polvo
que de ti me separan, que en otra me convierten
y que son mi frontera inexpugnable,
un hilo misterioso, una escala secreta, 
una llave que a veces abre puertas de sombra,
una lejana punta del velo centelleante.
         Esto tengo y no más. Una manera
de zarpar por instantes de mi carne,
del límite y del nombre que me diste,
del ser y el tiempo en que me confinaste.
Has querido dejarme un torpe vuelo,
la raíz de mis alas anteriores
y este nublado espejo, teatro apenas
de la memoria que me arrebataste.
         Y yo que fui contigo solamente
una sonora gota de tu música oceánica,
lloro bajo la cifra de mi nombre,
en esta soledad de ser yo misma,
de ser entre mi sangre un nostálgico huésped
que su idioma ha olvidado, mas no olvida
que es hoja separada de su ramo celeste.

III
Pero voy caminando hacia el retorno.
Pero voy caminando hacia el silencio.
Pero voy caminando hacia tu rostro,
allá donde la música dejó ya de ser tiempo,
allá donde las voces son todas la voz tuya.
         Aún es mi camino de palabras,
aún no me disuelves de tu música,
aún no me confundes y me salvas.
Mas tú me tomarás desde el cadáver
vacío de mis pasos,
derribará tu soplo la muralla
y apagará la vacilante antorcha
con que mi voz, abajo, te buscaba.
         Recobrarás la espada
que un ángel puso en mi costado
y este sonoro sello que en mi frente
me señaló un destino de nostalgia.
Y callaré. Devolveré este reino
a frágiles palabras.
¿A qué cantar entonces, si ya habré recordado,
si estará abierta entonces esta rosa enigmática?

Margarita Michelena

De “Desde la cárcel de mi piel” (13-VI-2017)

XV

Algún día seré
sólo polvo en el viento,
y el viento, en las cavernas
de su soplo, gustará
de mi huella, un momento.
Y en los viajes del aire
Lloraré con la lluvia
tal vez, o tal vez viaje
en hombros de un insecto.
         Pero entonces mi voz te alcanzará,
futuro Prisionero
–oído que en noche sin ventanas
oses vagar, jinete en igual sueño–.
Y llenarás el túnel de tu oreja
con mis voces perdidas.
Y lloraré una lágrima en tu lágrima
otra vez, como un eco.

Susana Francis

Estancias nocturnas (10-IV-2017)

Sonámbulo, dormido y despierto a la vez,
en silencio recorro la ciudad sumergida.
¡Y dudo! Y no me atrevo a preguntarme si es
el despertar de un sueño o es un sueño mi vida.
         En la noche resuena, como en un mundo hueco,
el ruido de mis pasos prolongados, distantes.
Siento miedo de que no sea sino el eco
de otros pasos ajenos, que pasaron mucho antes.
         Miedo de no ser nada más que un jirón del sueño
de alguien –¿de Dios?– que sueña en este mundo amargo.
Miedo de que despierte ese alguien –¿Dios?–, el dueño
de un sueño cada vez más profundo y más largo.
         Estrella que te asomas, temblorosa y despierta,
tímida aparición en el cielo impasible,
tú, como yo –hace siglos–, estás helada y muerta,
mas por tu propia luz sigues siendo visible.
         ¡Seré polvo en el polvo y olvido en el olvido!
Pero alguien, en la angustia de una noche vacía,
sin saberlo él, ni yo, alguien que no ha nacido
dirá con mis palabras su nocturna agonía.

Xavier Villaurrutia