Casi el verano (22-VIII-2017)

Yo no digo que el sol, inaprehensible sueño de mi piel,
entabla una demanda amorosa contra el latido del día.
Digo solamente que mi amor es un gajo desnudo
que se cubre con hojas de ruibarbo y jazmines embotellados.
Mi amor está desnudo y ha empezado a tatuar corazones en el viento,
Iconoclastas corazones dispensadores de azules albas.
Nunca la música ha cabalgado en potros más esbeltos.
Los antiguos pavorreales del verano han empezado
a mirarse desplegando sus arpas de colores.
         A la luz del verano, salta, canta corazón.
El aire quiere dormirse junto a tu boca.
Tu corazón es una maquinaria secreta que me traga.
La lluvia nos conduce de la mano hasta el pan tierno de su abrazo.
A sus puertas estamos. Sobrecogidos y aromados.
         La mañana no quiere parecerse a ninguna.
En el viento cercano una lágrima tiembla.
La niña ciega alcanza el sueño de la abeja.
En tanto que nosotros transcurrimos.

Thelma Nava

21 (6-VIII-2017)

Los dementes son libres. Cuando ciertas llanuras se han abandonado. La estepa donde yo era una monja feliz. Alguien que podía vivir los sesenta años del futuro amurallada. Estaba bien. Son libres los que han perdido los recuerdos. Aquéllos a los que el calor los ha vuelto insensibles. Sonríen nuestros años donde recogimos cereales en medio de la nada, ahora recojo las maletas. Y el sudor era un abrazo permanente. Una asfixia que nos volvía viejos y dóciles, a los doce años. Estaciones de trenes como un desierto. Animales gigantes como montañas lentas. Y escribo, porque tengo miedo.

Ileana Garma

Faca (5-VIII-2017)

O dicionário é o universo. Baba-se (sic) de esclarecimentos, mas atordoa, à primeira vista, como a agitação das grandes ciudades desconhecidas. Raul Pompeia

No quedaba claro
si se gababan o se
babeaban o se grababan, pero,
en todo caso,
         aturdían.
         Así,
a primera vista,
los tortuosos callejones de Léxico
City.
         Yo
primero,
habité una casa llamada faca.
         La palabra faca babeaba
por los extremos,
la lengua recién estrenada
asomaba por el tajo nuevo
lamiendo
las comisuras de grasa tierna
y leche
y brincos en la cama. Era una casa
de plata, con filos que grababan, gateaban,
babeaban
en un cuarto, a las siete
de la tarde, en la colonia
San Miguel Chapultepec.
         Era una faca. No era un cuchillo corvo, era
una faca, no
un machete, era
una faca de desayuno, punta roma, faca
de untar miel en el pan,
pero cortaba, 
la primera
palabra
que dije en otra lengua.
Era un filo serrado, la palabra
tenía
dientes diminutos,
de leche,
cortaba
como un arado marcando los confines
de una tierra:
         del muro hacia adentro es faca (pero
por educación, no se esgrime
una faca
en presencia de los otros), del muro
hacia fuera están las calles, están
sus petimetres y sus dandies y sus cholos,
están
las verdaderas facas, los
cuchillos de este mundo, la faca
se queda en casa.
Es
la casa: el libro en el estante, el cuento
por la noche, cortado
por la faca, por un foso
de silencio:
la faca untando el pan
de cada día.

Paula Abramo

Veracruz, primera noche (28-VI-2017)

El agua cicatriza
insomnios y memorias
y restaña el ardor
de la piel requemada.
         En la noche del trópico
los cuerpos no respiran
y hay sombras pegajosas
de cuerpos anteriores.
         Pero el agua redime.
Desaparece incluso
la pared pingajienta
y el agua celestina
prepara nuestros ojos
para el festín radiante
del hibisco amarillo
y de los tabachines
con sus lenguas de fuego.
         ¿Llegamos de verdad?
Nuestros yos se licúan
esperando nacer
hacia algo distinto.

Ernestina de Champourcín

Después de Marcial una prostituta se lamenta (21-VI-2017)

El juego de mis manos,
las caricias de mi lengua
en tus velludas piernas, oh testículos.
Cabalgar en la selvática noche
sentada sobre tu erecto pene.
¿Por qué no enmudeciste, Marcial?
Dos monedas de oro no bastan.
Tus versos me encadenan.
Antes dos, cinco monedas hacían seguro
mi andar sobre el puente.
Hoy, no hay pago posible
que me devuelva mi altivez.

Minerva Margarita Villarreal

Ausencia (11-VI-2017)

“Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia,
donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras.”

Juan Rulfo

Tras la inmensidad de Dios, escondido,
entre cielos, bosques y letargos,
donde mi voz no te alcanza, no te toca,
donde la claridad del día es eterna,
donde la oscuridad de la noche es ausencia.
Tras la inmensidad de Dios están tus ojos,
tus silencios,
tus soledades lejos de las mías.
Allá donde no te alcanza mi nombre
donde sólo llegan suspiros
golpeando paredes cubiertas de musgo,
madreselvas y flores silvestres,
rasgando átomos de viento,
vagando por praderas sin rumbo
intentando atrapar murmullos,
suspiros,
recuerdos.
Perdido tras la inmensidad de Dios,
donde un recuerdo se ha quedado
suspendido en la luz de mis ojos.

Gloria Rodríguez