De “Elementos para un poema” (5-X-2018)

 

XIX
De la palabra espejo huyo insistente. Sin embargo, aparece de pronto en el centro de un
texto, se introduce subrepticia y sigilosa, dueña de una transparencia que le roba al cristal y al azogue. El problema del vocablo espejo es que funciona como un eficaz disparador de  lugares comunes. Es un término esencialmente tramposo porque construye una realidad inexistente; es el signo de lo imaginario, la memoria y lo indecible. Aristóteles propone al espejo como símbolo de una poética, por cuanto es capaz de recrear con precisión lo que la luz define. Sin embargo, L. Carroll descubre la trampa, al enseñarnos que el mundo reflejado responde a leyes propias y distintos misterios. El espejo es hermano del poema, oculta mucho más de lo que dice. Así, el espejo metido en la metáfora fractura el universo, libera el terror. Por eso es frecuentemente utilizado por la magia. Entero, juega con la luz para engañar a la realidad con ella misma; roto, se transforma en calidoscopio, en mandala, en la imagen misma del caos o del desastre. Un espejo es fiel testigo de la marcha del tiempo y el abominable encuentro con el doble. Si lo miras con fijeza sobrevendrá una sensación de vértigo. Es también una puerta, un ojo, el espía, el borde que limita la locura; el vórtice donde se mezcla lo real con lo ficticio. Se dice que las horas más negras de la noche, el tigre y los demonios, nacen del espejo cuando lo toca un rayo de luz que oculta un reflejo de Venus en sus pliegues.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Editorial Universitaria (UMSNH), 2002

De “Caja balsámica de alabastro” (23-V-2018)

 

[…] Tanto en la actualidad como en la antigüedad de nuestra literatura, nunca se ha logrado sostener un poema exclusivamente basado en las emociones. Éste tiene que ser conducido por un intelecto poderoso, que sepa no dejarse dominar por sentimientos demasiado personales. Una vez en estos terrenos, muchas e inagotables son las indagatorias, las maneras de decir; y eso sí dependerá de cada quien.
–          Si tuviéramos que marcar la diferencia –haciendo alarde de sumo atrevimiento– entre poesía femenina y masculina, uno de los asuntos que llaman la atención es el modus operandi. En general, la masculina parte de la observación del mundo, para hallarlo reflejado, más tarde y más adelante, en el interior individual. La femenina procede al revés: surge de la observación de sí misma, para encontrar su espejo en el mundo después. […]

Pura López Colomé (1952)
Prólogo a Reposo del silencio, de
Alejandra Atala
Editorial Porrúa, México, 2008

Manuscrito (9-III-2018)

 

Las palabras
que nunca llegaron a la última versión
tal vez eran mejores.
Tienen la gracia de las cosas perdidas:
la puerta que no abrimos,
el amor olvidado.
Como flores disecadas
los vocablos encerrados en círculos
o aniquilados por un tachón violento
florecen
cuando es otro el que asoma
a la intimidad del texto
y descubre no el poema
sino el alma de atrás:
vacilaciones clandestinas,
ocurrencias podadas en retoño.
Esa caligrafía
un poco descompuesta por los años
algo ilegible
como la voz vecina que escuchamos
a través de un muro,
como mirar las manos del autor
que ya no está.
No sin culpa
El voyeurista de este manuscrito
lo siente palpitar y algo le dice
que ese desorden,
ese jardín con plagas todavía,
hierbas silvestres cubriendo la silueta
de algún árbol final
tiene el encanto de otro paraíso.

Carmen Villoro (1958)
A la sombra del tigre
Cartografía poética del mundo latino
Encuentro de poetas. Morelia 2003
Editora: Ivonne Gutiérrez Obregón
México, 2004

Veracruz, primera noche (28-VI-2017)

El agua cicatriza
insomnios y memorias
y restaña el ardor
de la piel requemada.
         En la noche del trópico
los cuerpos no respiran
y hay sombras pegajosas
de cuerpos anteriores.
         Pero el agua redime.
Desaparece incluso
la pared pingajienta
y el agua celestina
prepara nuestros ojos
para el festín radiante
del hibisco amarillo
y de los tabachines
con sus lenguas de fuego.
         ¿Llegamos de verdad?
Nuestros yos se licúan
esperando nacer
hacia algo distinto.

Ernestina de Champourcín

El canto y el vuelo (27-VI-2017)

Un poema es como un pájaro:
su ala derecha es la imagen,
su ala izquierda es la música,
y su cuerpo es el lenguaje.
         Un pájaro de palabras
para el alma y para el cuerpo:
su ala derecha, el espacio,
y su ala izquierda, el tiempo.
         Pero la poesía no es la imagen
ni la música ni el lenguaje;
la poesía es el canto…
La poesía es el vuelo.

Alberto Blanco

De Ocurre todavía (4-VI-2017)

17

El que te ve nacer
por las mañanas, al llamado
imperioso
del reloj
y entre bostezos;
         el que distingue
la rara beatitud
de tu rostro
desnudo
de cosméticos,
la excitante
humildad de tus pies
con curitas
y en sandalias;
         el que te ve orinar
todas las noches
y te descubre estática, frágil
y absorta
como animal
en descampado;
         devoto de tu piel
sin lociones ni adornos,
de tu olor comedido,
de tus trapos
más íntimos,
                soy
el que ha soñado
en despertar
contigo
hasta el día del horno
y las cenizas.

Eduardo Hurtado