La conversación (19-III-2018)

 

En la jaula del pensamiento no cabe
el amor que no dan.
La mentira cubre el planeta. Hay
visitas que no llegan
y parientes prestados. Una hija
aniquila a su padre,
un tenor canta La Traviata.
La voz se recuesta en la sangre
como existir bajo el sol. Pasa
el poder vestido de célebres venenos.
Del otro lado estamos tristes,
con furias dudosas, tristes, y
amores llenos y vacíos que
marchita la indignación. ¿Eso
explica la prosa del mundo?
A veces ceso totalmente y se abren
los pedacitos del amanecer
en un rincón de la lengua.

Juan Gelman
Amaramara. Pinturas de Arturo Rivera
Granises / Secretarías de Cultura y de
Educación de la Ciudad de México, 2014

La eternidad (6-XII-2017)

La eternidad mece, ondula,
abre de par en par su túnica de viento;
en el espacio de su seno esplende
una constelación de luz acumulada.
El Padre la detiene. Un instante
mete su mano turbulenta hasta la entraña
y la abre sobre la piel del mundo.
Un alud de semillas cae, parpadeando.
Se fecunda la tierra. Cada segundo se fecunda.
El hombre entra a la prisión de su cuerpo
doblada la cerviz
y vuelve a tirar de sí, uncido al yugo de la vida,
hasta que aspira el Padre
y volvemos al seno de la Madre.

Enriqueta Ochoa

Doce versos a la sombra de mi padre (13-XI-2017)

Qué abrazo tan oscuro era tu abrazo.
Siendo rayo, olvidabas la luz.
Y ensombrecías la ceiba.
De un solo machetazo la incendiabas.
Las hembras, al oír tu respiración,
recordaban la sangre y salían disparadas.
El mar rompía la esponja de tu pecho.
Era silencio el monte si cantabas.
Los jaguares corrían bajo la luna
al descubrir tus manos en sus garras.
Así te sabe mi pulso de memoria.
Así te busco detrás de la mirada.

Francisco Hernández

dad 0.0 (22-X-2017

no se trata de escribir acerca de mi padre
no se trata de no escribir acerca de mi padre
no aspiro a iluminar la ginebra en el vaso de mi padre
no voy a poner tachaduras sobre líneas que describan
agravios de mi padre
tampoco voy a carbonizar su ciudad ni delinquiré en ella
no enunciaré las reales o irreales enfermedades
de mi padre
esta escritura bajo ninguna circunstancia supone
un anzuelo
aquí no hay un impulso que arrobe a mi padre
mejor sería no nombrarlo –si es que eso fuera posible–
¿para qué?
si todo está ya expuesto
(y no)

Gerardo Villanueva

La mujer de mi padre (21-X-2017)

La mujer de mi padre, tantos años soñada,
deseada ansiosamente. Anhelada mujer,
aspiración de un hombre de ojos agudos, claros,
horizonte de azules y sinceros parajes.
La mujer de mi padre, en la hora serena
le devuelve la vida a su esposo en los sueños,
habla con él un poco y se divierten juntos
cuando cierran los ojos en una nueva alcoba
y mi padre de nuevo la desea. La desea
como siempre lo hizo en su anhelo logrado,
cuando por vez primera la miró caminar
joven y hermosa, plena, hacia él, absorto.
Porque mi padre sueña con su mujer de nuevo
y mi madre, que es ella, la mujer de mi padre,
sueña con él también, cuando bailaban juntos
y un reloj a su espalda ya marcaba las cuatro
de alguna madrugada que bailaba golosa
llena de vida, amándolos. La mujer de mi padre
sonríe mientras duerme porque está con su esposo.
Nadie los interrumpa. Vamos despacio, hermanos,
salgamos silenciosos de su alcoba ensoñada.
Ningún reloj apura su danza interminable.

Eduardo Langagne

Piscis (20-X-2017)

Padre, tus pies,
peces ornados con sandalias,
se deslizan cautelosos 
en el mar oscuro.
Esa profundidad que todo lo contiene
eres tú mismo.
Buscas tu sitio,
mar de los sargazos,
para depositar tu vida que se apaga.
Somos el cardumen que te sigue
en la corriente que acostumbraste
con sabiduría a la ceguera.
Creemos que todo ha cambiado
desde que no nos miras
y mar adentro de ti somos los mismos;
tres niños que sujetos a tu ropa
se estremecen
mientras fluye
el tiempo de agua
holgado en tu camisa.

Elva Macías

Isaac vivió toda su vida… (3-VI-2017)

3-VI-2017

Isaac vivió toda su vida…

Isaac vivió toda su vida en la casa de madera
que construyó su padre
         a un costado de la casa de cemento y el taller de herrería
que construyó su abuelo
         ahora descansa en la caja de madera
que le construyó su padre
         sobre la caja en que descansa su abuela
         cuando piensas que ya puedes morir a gusto
comienza a morir la gente que uno más quiere
         no sé a qué quiero llegar
no sé por qué escribo
         tal vez sólo me niego a creer lo que todos me dicen:
no hay palabras.

Omar Pimienta