De “Elementos para un poema” (2-II-2019)

 

XXI
A veces las palabras se pronuncian de tal modo que producen un efecto letal en quien las oye. El afectado enferma, primero, de soberbia, enloquece más tarde y acaba por morir después de una pérdida total de la memoria. No se conoce antídoto contra el veneno pero ayuda, en el tratamiento de la víctima, la aceptación de la propia pequeñez y de lo efímero. En algunos centros de rehabilitación a los intoxicados se les obliga a dormir junto a los muertos, a contemplar una y otra vez el ocaso, a sentir la muerte en los pétalos de una flor que abre y la vida en las nervaduras rígidas de una hoja amarilla que se cae.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Editorial Universitaria (UMSNH), 2002

De “Elementos para un poema” (9-XI-2018)

 

XX
Nacimiento y muerte. A partir de estos dos sucesos puedo escribir cualquier cantidad de cosas cursis. Toda vida carga su muerte en las entrañas y toda muerte es el síntoma de una vida que se renueva. Es inútil ocultar con las palabras el olor de la primavera o el crujir de una piel que se reseca. Puedo fabricar estatuas o estampar nombres y adjetivos sobre los muros y acabarán en ruinas, pero no quiero, sólo aspiro a tomar una hoja seca entre mis dedos, deshacerla, y abonar con ella las macetas.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo, Morelia, 2002

De “Elementos para un poema” (5-X-2018)

 

XIX
De la palabra espejo huyo insistente. Sin embargo, aparece de pronto en el centro de un
texto, se introduce subrepticia y sigilosa, dueña de una transparencia que le roba al cristal y al azogue. El problema del vocablo espejo es que funciona como un eficaz disparador de  lugares comunes. Es un término esencialmente tramposo porque construye una realidad inexistente; es el signo de lo imaginario, la memoria y lo indecible. Aristóteles propone al espejo como símbolo de una poética, por cuanto es capaz de recrear con precisión lo que la luz define. Sin embargo, L. Carroll descubre la trampa, al enseñarnos que el mundo reflejado responde a leyes propias y distintos misterios. El espejo es hermano del poema, oculta mucho más de lo que dice. Así, el espejo metido en la metáfora fractura el universo, libera el terror. Por eso es frecuentemente utilizado por la magia. Entero, juega con la luz para engañar a la realidad con ella misma; roto, se transforma en calidoscopio, en mandala, en la imagen misma del caos o del desastre. Un espejo es fiel testigo de la marcha del tiempo y el abominable encuentro con el doble. Si lo miras con fijeza sobrevendrá una sensación de vértigo. Es también una puerta, un ojo, el espía, el borde que limita la locura; el vórtice donde se mezcla lo real con lo ficticio. Se dice que las horas más negras de la noche, el tigre y los demonios, nacen del espejo cuando lo toca un rayo de luz que oculta un reflejo de Venus en sus pliegues.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Editorial Universitaria (UMSNH), 2002

De “Elementos para un poema” (5-IX-2018)

 

XVII
Cualquier cosa que se diga acerca del silencio, cualquier interpretación o sentencia, no lo
aclara, lo destruye. Afirma la teoría que una palabra no es metáfora, que ésta se construye con una frase o una expresión. Sin embargo, hay palabras que por sí solas dan origen a una expresión metafórica por su enorme carga de sentido. Así, silencio es la fuente de todos los significados, la más contundente de todas las metáforas.
XVIII
Trato de rescatar palabras que la gente tira a la basura, las limpio, retiro con cuidado las
costras que las cubren, las pongo a orear, reúno un montón de palabras que buscan una
realidad para nombrarla. Sin embargo, al término de cada singladura me descubro los
bolsillos llenos de silencio y, en las tardes, arrojo los silencios a la sala y el patio, a las
calles, los jardines, las panaderías y las antesalas.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Editorial Universitaria (UMSNH), 2002

De “Elementos para un poema” (16-VIII-2018)

 

XVI
El viento levanta los papeles para vestir la llanura con un paisaje absurdo. El agua corre dentro de su prisión de cobre. Las horas graban rostros en los muros y las piedras. Las lagartijas y los perros se beben el sol en las banquetas. Los discursos se rompen y bajo su piel se asoma una terrible realidad: la del olvido. El texto mismo, que se despliega ante mis ojos, empieza a sufrir los embates del tiempo que terminará por convertirlo en partículas de polvo en las cornisas.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Editorial Universitaria (UMSNH), 2002

De “Elementos para un poema” (11-VII-2018)

XV
El altar de las adivinaciones está cubierto con vísceras, caparazones de tortuga que revientan al fuego, hojas de roble, piedras con extrañas inscripciones. En él hay también cuchillos, uñas, dientes, navajas, filos para rasgar el velo que oculta los secretos. Sin embargo, la realidad es como una cebolla y en el fondo hay nada, apenas un poco de dolor y el túnel negro del deseo.
Norberto de la Torre

De “Elementos para un poema” (29-VI-2018)

 

XIV
Puedo asegurarte que jamás escribiré un poema que me salve. Ninguno más allá del ruido de los platos en la mesa, ninguno más musical que un canto de paloma solitaria en la sequía, ninguno con más calor que la tibieza de una sábana limpia. Llevo la marca inevitable de la muerte y, sin embargo, regreso, para perder el tiempo, a la misma mesa del café todas las tardes. No escribiré pues un poema que se vuelva mi sarcófago, mi carne; sin bálsamo, se perderá en la arena.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Editorial Universitaria (UMSNH), 2002