Villancicos (23-XII-2018)

 

¡Que vengo cansado
de buscar al Niño
y no lo he encontrado!…
—          ¡Que un ángel me guíe
donde Él está.
Mis ojos lo vean,
que es la Navidad!

Mañanita de invierno,
día de nieve,
sin pajaritos nuevos,
sin hojas verdes.
Un niño está sin ropas
en un pesebre…

Que se enciendan de naranjas
los naranjales en flor.
¡Que al mundo vino un amor!
—          En la ramita más alta,
cante el pájaro cantor:
¡que al mundo vino un amor!
—          Y los prados, que se vistan
con su manto de verdor,
¡que al mundo vino un amor!

Pajarita de las nieves,
deja la ramita helada
y vete a ver a ese Niño
que nació en la madrugada.

Palomita mensajera,
tan blanca como la nieve,
lleva al Niño este anillito
y dile que me recuerde,
que yo soy aquella niña
que le llevó lirios verdes.

Concha Méndez (1898-1986)
Sirena de Navidad
Ilustraciones de Catherine Siewert
Ediciones del Ermitaño / SEP
México, 1984

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De “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” (7-VIII-2018)

 

A mi querida amiga Encarnación López Julvez

1. La cogida y la muerte

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

Federico García Lorca (1898-1936)
Obras completas
Aguilar, Madrid, 1960

La suave patria (3-VII-2018)

 

Proemio
Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro,
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo
para cortar a la epopeya un gajo.
–          Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles.
–          Diré con una épica sordina;
la patria es impecable y diamantina.
–           Suave patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

Primer acto
Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.
–          EI Niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.
–          Sobre tu capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.
–          Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio.
–          Suave patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.
–          Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.
–          ¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no mira, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los fuegos de artificio?
–          Suave patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se desposa
el alma, equilibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco sabe
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.
–          Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos, se vacía
el santo olor de la panadería.
–          Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera,
suave patria, alacena y pajarera.
–          Al triste y al feliz dices que sí,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.
–          ¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena!
–          Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios sobre las tierras labrantías-
–          Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún no toco
y la hora actual con su vientre de coco,
y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.

Intermedio
Cuauhtémoc
Joven abuelo, escúchame loarte.
único abuelo a la altura del arte.
–          Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclínase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas
y es surtidor de católica fuente
que de responsos llena el victorial
zócalo de cenizas de tus plantas.
–          No como a César el rubor patricio
te cubre el rostro en medio del suplicio:
tu cabeza desnuda se nos queda,
hemisféricamente de moneda.
–          Moneda espiritual en que se fragua
todo lo que sufriste: la piragua
prisionera, el azoro de tus crías,
el sollozar de tus mitologías,
la Malinche, los ídolos a nado,
y por encima, haberte desatado
del pecho curvo de la emperatriz
como el pecho de una codorniz.

Segundo acto
Suave patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío;
tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol,
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.
–          Suave patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito,
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.
–          Inaccesible al deshonor, floreces;
creeré en ti, mientras una mexicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana,
y al estrenar su lujo, quede lleno
el país del aroma del estreno.
–          Como la sota moza, patria mía,
en piso de metal vives al día,
de milagro como la lotería.
–          Tu imagen, el Palacio Nacional,
con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.
–          Te dará, frente al hambre y al obús,
un higo San Felipe de Jesús.
–          Suave patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.
–          Tus entrañas no niegan un asilo
para el ave que el párvulo sepulta
en una caja de carretes de hilo,
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de ti el cadáver hecho poma
de aves que hablan nuestro mismo idioma.
–          Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja,
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.
–          Por tu balcón de palmas bendecidas
el Domingo de Ramos, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.
–          Quieren morir tu ánima y tu estilo,
cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas.
–          Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el Ave
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, patria suave.
–          Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz; la trigarante faja
en tus pechugas al vapor, y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
la carreta alegórica de paja

Ramón López Velarde (1888-1921)
En La patria en verso. Un paseo por la poesía
cívica en México. Felipe Garrido, selección y
comentarios
Conaculta, INBA, UANL, Jus, México, 2011

Niño tras un cristal (3-III-2018)

 

Al caer la tarde, absorto
Tras el cristal, el niño mira
Llover. La luz que se ha encendido
En un farol contrasta
La lluvia blanca con el aire oscuro.
–         La habitación a solas
Le envuelve tibiamente,
Y el visillo, velando
Sobre el cristal, como una nube,
Le susurra lunar encantamiento.
–         El colegio se aleja. Es ahora
La tregua, con el libro
De historias y de estampas
Bajo la lámpara, la noche,
El sueño, las horas sin medida.
–         Vive en el seno de su fuerza tierna,
Todavía sin deseo, sin memoria,
El niño, y sin presagio
Que afuera el tiempo aguarda
Con la vida, al acecho.
–         En su sombra la perla ya se forma.

Luis Cernuda (1904-1963)
La realidad y el deseo 1924-1962
Fondo de Cultura Económica, México, 1964

Seis villancicos (26-XII-2017)

1
¡Que vengo cansado
de buscar al Niño
y no lo he encontrado!…
         ¡Que un ángel me guíe
adonde Él está.
Mis ojos lo vean,
que es la Navidad!

2
Que se enciendan de naranjas
los naranjales en flor:
¡Que al mundo vino un amor!
         En la ramita más alta,
cante el pájaro cantor:
¡Que al mundo vino un amor!
         Y los prados, que se vistan
con su manto de verdor:
¡Que al mundo vino un amor!

3
El jardinerito, madre,
cortando está en el jardín
rosas de invierno, que cuida,
mejores que las de abril.
         –¿Para quién son esas rosas,
para quién las cortas, di?
–Para un Niño que ha venido
al mundo como un jazmín. 

4
–¿Qué lleva el borriquillo
en sus albardas?
–Avellanas y nueces,
queso de cabra.
         Porque va a Belén lleva
paso ligero:
quiere que su regalo
sea el primero.

5
Una sirenita escoge
y guarda en redes de algas,
las más finas caracolas
por la arena de las playas.
         –¿Para quién buscas, sirena,
estas joyas de la mar?
–Para que el Niño con ellas
pueda contento jugar.

6
¡Luces de colores
para ir a Belén,
y ramos de flores,
música también!
         Que un Niño ha nacido
de tan blanca piel,
que dicen que es nardo,
o blanco clavel.
         ¡Vámonos aprisa,
que lo quiero ver!

Concha Méndez

La noche se ha encendido (24-XII-2017)

La noche se ha encendido
sobre el desierto.
Arde la soledad
como un corazón bien abierto.
La roca blanca de la soledad
habla, desintegrándose en silencio.
La soledad blanca de la roca
fluye como un hermoso recuerdo,
como la memoria de un jardín visitado en la noche
y llevando en las manos
quién sabe por qué, un espejo.
En el espejo ha nacido un niño.
Bueno: ha nacido el Cielo.
Se oye nacer todo lo que ha nacido
y lo que seguirá naciendo.
Para nosotros los pobres de espíritu, estas palabras
se dicen humildemente en silencio.
Los pobres más pobres
porque hemos dilapidado el tiempo.
El tiempo diamante,
El tiempo amor, el tiempo sueño.
¿Qué vamos a darle a este pobre Niño
cuya riqueza se riega sobre el desierto,
como un río de diamante,
como un río de amor, como un río de sueño?
         Ángeles y pastores
me pongan a cantar,
porque he visto el oasis
bajo el palmeral
y si bebo una estrella
la noche me dará
corazón de diamante
y el amor que vendrá
realidad hará el sueño
con tanta realidad
que yo diré que es sueño
por no decir verdad.
Pobreza que repartes
tanta riqueza, da
a mis ojos la Aurora
y a mi sangre la paz.
         Ángeles y pastores
pusiéronme a cantar.

Carlos Pellicer, 1959

El perro que paseo… (6-VII-2017)

El perro que paseo trae a mi sueño
cosas de mí que ignoro,
un hijo que se suelta de mi mano en un acuario.
Lo pierdo de vista y aparece de pronto
sentado en un tapanco
viendo una lámina de un pez.
Mi niño tiene nombre
y me cuesta sacarlo del museo a la hora de cerrar.
No sé si llegué a hacerlo porque he despertado.

Alicia García Bergua