Novela sentimental (12-XII-2018)

 

Mujeres a quienes tal vez
habremos visto una vez;
y sin embargo,
por fugaces nos dieron la atingencia
de lo imposible y amargo.
–    ¿Dónde fue?
¿En las penumbras de un templo?
–    ¿En un circo?
–          ¿En un café?
–      Ello fue una sola vez.
quizás las contemplamos asomadas
al cristal de un “tren exprés”.
–           Mujeres momentáneas pero definitivas
que en la médula del alma
se quedan introspectivas
como fecha grabada en un metal.
Mujeres a las que amamos
de una manera especial,
porque con ellas formamos
una novela sentimental.

Francisco González León (1862-1945)
Poemas
Compilador: Ernesto Flores
Fondo de Cultura Económica, México, 1990

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Que mas quisiera el aire… (21-VIII-2018)

 

Qué más quisiera el aire
que peinarte de nuevo,
que cambiar esas flores de lugar
y entreabrirse las corolas contigo.
Supe que te han contado
que los geranios son hermafroditas,
y ha despertado tu pregunta
de qué harán las mujeres
sin penetrar una en la otra.
Qué más quisiera el aire que explicarte
por qué no llega siempre el mismo aire
que te infundió el deseo de ser libre
y de tirar por la ventana
los peces muertos del espíritu.
Pero de pronto el aire no circula
y una mano invisible nos detiene.
Se derriten las alas.

Carmen Alardín (1933-2014)
Caracol de río
Verdehalago / Fondo Estatal para la Cultura
y las Artes de Nuevo León, México, 2000

(11-VIII-2018)

 

Las mujeres de Bagdad,
hambrientas
comparten el pan con sus hijos.
Vacías
caminan por la calle de la mano de un muerto.
Con los destellos de la ciudad caída
esculpen palacios en la mirada de sus niños.
Más de mil noches llorarán sin apagar el fuego
más de mil noches sus hijos despertarán sacudidos
–           [por el miedo
y un día la muerte caerá madura, más estruendosa
–           [que las bombas.
Fue inútil esconderlos en palacios de humo,
su nombre siempre estuvo entre los muertos.

María Luisa Iglesias
Atardacer del séptimo día
Instituto Cultural del
Estado de Durango
Durango, 2005

Pido, (6-VI-2018)

 

Pido,

si es posible
si hay alguien detrás de esto
que me salve
que me saque de los supermercados
de las avenidas
de los bancos
de los sepulcros atestados de lodo
si alguien pudiera oír detrás de esto
que vayan a decirle
a los que esperan que esperen
a los que cantan que canten
a los que tengan que hundirse entre la herida
que apuren las explosiones de la lluvia
Lloro con las ambulancias encendidas
soy el muerto
el niño naciendo
el inmolado
el paramédico insomne que revisa las pulsaciones
en esta calle que no fue hecha para las emergencias.
Tengo el llanto de los padres, de los hijos,
de los huérfanos, de los abandonados
me aterra ser despertado a medianoche
porque golpean la puerta y entra un hombre
y dice: tuvo suficiente
y no sea yo, sino otro
el que me lleve a cuestas.
Huesos enterrados en el fondo del cielo
eso somos.
Acude a mí la nada.
¿Pero qué acude?
Mujeres desparramadas en el suelo de mi habitación
mirando de cerca todas las tragedias que me forman
pozos, heridas, ojos que no cierran la ventana.
Ah, si tan sólo pudiera, si tan sólo supiera ser poeta
tendría ante mí todas las palabras para callarme
pero no sé, pero no las tengo
y me invento a mí mismo penetrando
a la nostalgia como a una amiga cercana
o sentado a la orilla del tiempo
viendo deambular a toda mi generación
entre whatsapps y suicidios.

Alessander Segovia Haas (1992)
Parkour pop.ético (o cómo saltar las bardas hacia el poema)
Armando Salgado y José Agustín Solórzano

Mujeres (7-V-2018)

 

Siempre me descubro reverente al paso de las mujeres elefantas, maternales, castísimas, perfectas.
–          Sé del sortilegio de las mujeres reptiles –los labios fríos, los ojos zarcos– que nos miran sin curiosidad ni comprensión desde otra especie zoológica.
–          Convulso, no recuerdo si de espanto o atracción, he conocido un raro ejemplar de mujeres tarántulas. Por misteriosa adivinación de su verdadera naturaleza vestía siempre de terciopelo negro. Tenía las pestañas largas y pesadas, y sus ojillos de bestezuela cándida me miraban con simpatía casi humana.
–          Las mujeres asnas son la perdición de los hombres superiores. Y los cenobitas secretamente piden que el diablo no revista tan terrible apariencia en la hora mortecina de las tentaciones.
–          Y tú, a quien las acompasadas dichas del matrimonio han metamorfoseado en lucia vaca que rumia deberes y faenas, y que miras con tus grandes ojos al amanerado paisaje donde paces, cesa de mugir amenazadora al incauto que se acerca a tu vida, no como el tábano de la fábula antigua, sino llevado por veleidades de naturalista curioso.

Julio Torri (1889-1970)
De fusilamientos
En Tres libros
FCE, México, 1964

Estilos (10-V-2017)

No todas las mujeres
tomamos amareto.
          A mí me gusta el whisky,
la cerveza, el tequila
y, en momentos inciertos, el martini.
          También hay mujeres de resonancias conventuales
que confiesan su gusto por rompopes
de almendra o de vainilla, sin canela;
pero dicen que a veces se marean.
          Por eso yo prefiero las bebidas
que no se hacen pastosas
en la lengua, bebidas
que no embriagan con trampas
semidulces; bebidas
transparentes, que ayudan
a poner la verdad en nuestros labios.

Lucía Rivadeneyra