De “Elementos para un poema” (9-XI-2018)

 

XX
Nacimiento y muerte. A partir de estos dos sucesos puedo escribir cualquier cantidad de cosas cursis. Toda vida carga su muerte en las entrañas y toda muerte es el síntoma de una vida que se renueva. Es inútil ocultar con las palabras el olor de la primavera o el crujir de una piel que se reseca. Puedo fabricar estatuas o estampar nombres y adjetivos sobre los muros y acabarán en ruinas, pero no quiero, sólo aspiro a tomar una hoja seca entre mis dedos, deshacerla, y abonar con ella las macetas.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo, Morelia, 2002

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(24-X-2018)

 

31

Yo hace mucho sabía
por qué es la noche hermosa,
por qué contaba el viento
sus rebaños de estrellas,
de qué hablaban las flores
en el sendero aquel.
–         Yo hace mucho sabía
que la confianza es honda,
más honda que la angustia
de ser un ser de polvo.
–         Yo hace mucho sabía:
sólo el amor responde
al pesar de la muerte
y a la angustia que cubre
el divagar del mundo.
–         Lo importante es saber
por qué se vive
por qué se ama
y por qué se muere.

Enrique Maza (1929 – 2015)
Canto de tierra,
UAM, México, 1ª reimpresión, 2009

Décimas (1°-VIII-2018)

 

Este vivir no es vivir
es sólo la facultad
de comprender, prescindir
y estar preso en libertad
vivo a distancia de ti
porque tu vida es distante,
pero de instante en instante
te vivo dentro de mí
vivir así, de esta suerte,
es vivir muerte tras muerte.

Este vivir sí es vivir
es recobrar el destino
y abandonar el camino
que conduce al no existir
entendí la gran verdad:
que el esfuerzo de olvidar
es la acción de recordar
lo en el corazón clavado
y como no te he olvidado
no te puedo recordar.

Josefina Vicens (1911-1988)
Un vacío siempre lleno
Maricruz Castro y Aline Pettersson
(editoras)
Conaculta / Tecnológico de Monterrey, 2006

Transparente (31-VII-2018)

 

Ciego, tu sol de hollín sólo entreoye las cosas opacas,
como el sordo el trueno ante el relámpago.
–           Matar el tiempo que te mata,
vivir el tiempo que te vive.
–           El río se desnuda.
Perpetuo renacer
que no termina nunca
en su muerte perpetua.
–           ¿Vive el río su corriente
o su corriente lo vive?
Su corriente es el tiempo.
El río no existe.
–           Vida, anomalía de la muerte.
No pasa el tiempo. Pasa nuestro sueño.
De pronto, lo ves todo.
Porque todo es transparente.
–           Qué extraño que los vivos estén vivos.
Qué extraño que los muertos estén muertos.
¡Ubicua soledad súbita siempre!
–           Por las cosas opacas
sabes las transparentes.
–           De la muerte sonámbulos.
Muy pronto despertamos.
–           Nos sueña el tiempo.
El río no existe. Sólo, su muerte.
–           El agua, elemental.
La pena, capital.

Luis Cardoza y Aragón (1901-1992)
Poesías completas, y algunas prosas
Fondo de Cultura Económica, México, 1977

Volverá el polvo al polvo… (25-VII-2018)

 

Volverá el polvo al polvo,
caerán desmenuzados los cabellos
como último baluarte de mi cuerpo.
Te esperaré a la orilla,
en los maderos rotos del recuerdo.
–           Al tomarte la mano, pobre muerte,
Tan antigua, tan niña,
palpitará en tu sangre
la madura inquietud de cada día.
Romperás secos lazos.
Recostado en la hierba de tu sueño,
te embriagarás en angustioso canto
de la noche primera.
Te llegará en latidos de mia ansias
la frescura del agua tan lejana,
la voz, y el sonido
de la vida que evita tu llamada.
–           Y morirás de amor,
del mismo amor que apagará la hierba,
y morirás de viento y de tristeza,
cuando fría mi sangre
no transmita a tu cuerpo
el calor que robamos a la fragua.
Y cuando de nosotros
no quede ya en la tierra
más huella que la ardiente de su estancia,
volveremos al polvo
que al cubrir este canto
lo perderá en la noche de su huella.

Dolores Castro (1923)
La vida perdurable. Antología poética
Selección y presentación,
Francis Mestries
Editorial Praxis, México, 2007

Elegía (23-VII-2018)

 

En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto
como el rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería.

Yo quiero ser, llorando, el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
–          Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
–           daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
–           Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
–           No hay extensión más grande que mi herida;
lloro mi desventura y sus conjuntos,
y siento más tu muerte que mi vida.
–           Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
–           Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
–           No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
–           En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.
–           Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
–           Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
–           Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
–           de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
–           Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
–           Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
–           A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández (1910-1942)
El rayo que no cesa
Héroe, Madrid, 1936

De “lides existenciales” (9-VII-2018)

IV
Duermo tratando de ensayar mi muerte.
Sonrisa descarnada,
cuencas sin ojos que sin mirar me miran
mientras mi corazón redobla desbocado
por los fantasmas de la pesadilla.
–          Es la lóbrega noche, oro sin brillo,
mar de negrura inmensa y desolada
perpetradora de los sueños turbios
donde los miedos tienden sus guaridas,
–           Duermo y la muerte acecha mis latidos
esperando tal vez que el sueño eterno
cancele para siempre mis pupilas.

Carlos Martínez Plata
Lides existenciales
Leea Editorial / Barra Literaria Alí Chumacero /
Casa de la Cultura Santiago Ixcuintla, México, 2016