Luz gastada (21-XII-2018)

 

Otra vez amanece.

La tinta solar empieza a darle sus formas a la Tierra.

Figuras sorprendentemente parecidas a las de ayer
a las de hace una semana.

Sin embargo no hay que acercarse demasiado a sus tejidos.

Podemos darnos cuenta que solamente son recuerdos del sol
que a veces tiene un tropezón en la memoria.

¿No has visto por ejemplo cómo cambia
tu rostro en el espejo de un día para otro?

Uno sigue siendo el mismo.

Sólo es la memoria de la luz la que envejece
en el reflejo.

José Manuel Pintado
Nostalgia de Marte
Conaculta, México, 2003

Anuncios

Hecho de memoria (13-XI-2018)

 

El poeta no duerme:
Viaja por la cuerda del tiempo.
–          El poeta está hecho de memoria:
por eso lo deshace el olvido.
El poeta se oculta:
es difícil sorprenderlo
en el camino de su extrañeza.
–          El poeta no descansa:
el tiempo lo desgasta
para probar que existe.

Francisco Hernández (1946)
En Del río que corre
Poesía en Blanco Móvil
a través de 30 años
Libros del Marqués, México, 2017

Tú también crees en el otoño (23-VIII-2018)

 

Tú también crees en el otoño,
en ese lento viaje con una tarde
que comienza a ser azul
mientras recuerdas que tu vida
se parece bastante a la tarde.
–           La lágrima de una luz intensa
puede ser secada con la memoria de una sonrisa
que te devuelve el amor
que el trueno permite el camino.
–           El tiempo
crece como un amanecer diariamente.
–           Hay un río donde los peces sueñan el mar
en una gota de oxígeno. Hay un hombre
que mira el mar pensando en el sueño del río.
–           Hay momentos así
para colmar con palabras el alma desierta.
Hay tardes vestidas con la sombra de un árbol
donde el sueño adquiere de pronto el nombre de un mar.
–           Pasan nubes
como seres que olvidaron su origen,
su pertenencia a las cosas
que obedecen a la lluvia.
–           La luz devuelve sus espejos.
Las aguas del tiempo
salen a relucir gotas
abriendo las ventanas de una soledad
para dejar entrar a los espíritus de la tarde
con todas sus sonrisas.
–           La ciudad que se queda mirando las cosas que dice la lluvia.
–           La tarde
confiesa ser hija de la luz,
resplandece en infinitas gotas sobre los tejados.
–           El tiempo perdido se desvanece
en el hondo aroma de la magnolia.
Hay señales de luciérnagas en penumbras
por el cuerpo sutil del martes
que la lluvia de esta tarde besa con infinita ternura.
–           En mi memoria se levantan algunos niños.
En mi mirada se encienden las luces de un barco.
–           La lluvia es una persona que se pone a conversar.

Mario Nandayapa (1964)
Estar siempre de camino
Gobierno del estado de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2001
Premio Estatal de Poesía Rodulfo Figueroa 2000

El poema final (11-VI-2018)

 

Niños sin memoria
la muerte subraya el resplandor de su obra
emergiendo de los molinos
y del silencio
su modestia no logra borrar la maravillosa gentileza
la energía movilizadora
que conquistará el universo.
El mundo visible
quisiera ser restituido tal como salió del caos original.
–                  En los años de tormento
el recorrido abreviado hasta la esencia
vive porque quiere.
En adelante el cielo, el agua y la arena requerirán de
–          [colores sin estallidos
humildes
para poner al día su fecundidad.

Ikram Antaqui (1948-2000)
Epiphanios
UNAM / Ediciones del Equilibrista, México, 1992

El extranjero (31-V-2018)

 

Allá donde encontramos lo perdido
Allá donde se va lo que se tuvo
Allá donde los muertos están muertos
y hay días en que renacen y repiten
los actos anteriores a su muerte
Allá donde lloradas lágrimas se vuelven
a llorar sin llanto
y en donde labios intangibles se buscan
y se encuentran ya sin cuerpo
Allá donde de pronto somos niños
y tenemos casa
en donde las ciudades son fotografías
y sus monumentos residen en el aire
y hay pedazos de jardines atados a unos ojos
Allá donde los árboles están en el vacío
donde hay amores y parientes mezclados
con objetos familiares
Allá donde las fiestas suceden a los duelos
los nacimientos a las muertes
los días de lluvia
a los días de sol
Allá, solitario, sin tiempo, sin infancia,
cometa sin orígenes, extranjero al paisaje
paseándote entre extraños
allá resides tú,
donde reside la memoria.
París, 1951
Elena Garro (1916-2016)
Cristales de tiempo. Poemas inéditos
Edición, estudio preliminar y notas de
Patricia Rosas Lopátegui
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, 2016

Lo mío (28-III-2018)

 

I
Y lo mío me espera tan lejos de nosotros
que nunca volveré a su dulzura intacta.
Quiero morirme un día soñando con mis cosas
y con ese amor tuyo que no me las dará.
–         Si te tuviese entero no tendría tampoco
esa dicha absoluta que mi demencia exige;
y si vuelvo a lo mío sin ti, ¿cómo sentirme
total, y realizada, en beatitud perfecta?
–         Mi deseo clavado en doble cruz de afanes
se distiende y disloca entre rumbos contrarios.
¡Qué fatigoso andar y desandar sin tino
de cien vías opuestas cuyo término falla!
–         A tu lado me duele la ausencia de mí misma,
esa absorción en ti que me hace vulnerable
solamente a lo tuyo y me impide el retorno
a lo que me quitaste; la entraña de mi entraña.
–         De ti a mí una ruta que alargas cada día;
de lo mío hasta mí, una senda en el mar.
Desde esta cruz de afanes, voy renunciando a todo.
¿Se abre acaso la aurora de mi resurrección?

II
C’est chez nous ou il n’y a plus personne.
Rainer Maria Rilke

Nadie ya. Ni una sola presencia que atenúe
la orfandad sin alivio de los lechos,
ni el solitario asombro de las cosas
que ningún roce familiar constriñe.
–         Sólo pisadas muertas que la inquietud no atisba
con el ávido afán del amor vigilante,
y roces de otros tiempos que amarillean, pálidos,
entre las vibraciones de un eco indefinido.
–         Lo nuestro sin nosotros, sobrevive a la ausencia
y resucita, fiel, ademanes antiguos,
contactos ya dispersos en los que brotan ágiles,
fervores renovados, latidos aún en ascuas.
         No hay nadie, pero todos volvemos allí mismo.
¡Permanencia inmutable que burla la distancia
y mantiene a través de un remoto pasado
un hábito de vida! ¡Eternidad, memoria…!

III
Cada vez más sola, cada vez más mía.
¿Para qué nos sirven báculos y estrellas?
Hay nubes que ocultan la luz más brillante
y vientos que quiebran el tronco más recio.
–         Cada vez más honda. Cada vez más firme.
Que los otros anden sin rumbo ni meta.
Yo marcho en silencio, hacia mí, hacia todo.
Y mi voluntad abarca el espacio.
–         ¡Caminos del mundo! Qué ancho refugio
para el que los cruza sin ansias ni miedo,
para el que ya sabe dominar sus pasos
y no se detiene en fútiles huellas.
–         Para el que acaricia en todas las rutas
la ruta esencial, raíz verdadera,
la senda remota que allá en lo profundo
encauza y sostiene la llama del ser.
–         Cada vez más sola. Cada vez más rica
de ausencia y desdenes, y nobles olvidos.
¡Con qué amplio gesto recorre la tierra
el que nada quiere y todo lo dio!

Ernestina de Champourcin (1905-1999)
Rueca, Primavera 1942 México
Año 1, número 2, pp. 96-99

Naturaleza muerta (13-III-2018)

 

Como un jarrón
que vive quebrado
y nunca se despedaza bien.
El agua se va colando
de tal modo que, día con día,
al levantarlo, se ve
desde la superficie
que algo, poco,
se ha ido para siempre.
Un frutero vacío,
al lado, aguarda,
un tenue cordón de plasma
que nos une,
que nos clava
en un doblez de la memoria.
Afuera sólo queda el agua
que apesta en la ranura del jarrón.
Me conformo. Distingo
una casa, el jardín, la fruta:
la puerta inmensa,
el vivir desesperado por un sorbo familiar,
llevando el cuadro de horror adentro,
la naturaleza muerta.

Pura López Colomé (1952)
Intemperie
Ediciones Sin Nombre / Juan Pablos Editor
México, 1997