Mañana que se demora en los ojos (12-I-2019)

 

El gato [único sobreviviente]
y libros que ganaron sitio en el estante
se quedarán conmigo;
todo lo demás saldrá de casa en unos días.
Aquí las cosas seguirán como siempre,
ya sabemos que el tiempo es el mejor abortivo.
Entonces el cuarto ensanchará su respiración
y el aire cubrirá las paredes lastimadas.
Pesan tanto las fotos que se vencen:
racimos de memoria sobre el suelo.
Esta mañana se demora en los ojos,
parece que el amor tiene un desvelo de meses.
Recuerdo que amanecimos solos
con los años golpeándonos la puerta,
abrazados a no sé qué esperanza
y no supimos si soltar el llanto
o preparar café
para que el tedio se nos despertara.

Ángel Vargas (1989)
Límulo
Secretaría de Cultura, FETA, México, 2016

Alka-Seltzer (27-XI-2018)

 

1

Estaba el sobre de Alka-Seltzer en la mesa
desde ese día
que llegaste a las dos de la mañana,
pareciendo una cuba.
Yo pensaba si pedirte que te quedaras,

ya te habías quitado los pantalones.
Justo antes de decirte que podías usar mi cepillo
ya te estabas lavando los dientes,
–          “sí te quiero, yo también la he pasado terrible”
–          balbuceabas.
Me levanté por un vaso de agua
(y el último Alka-Seltzer),
lo puse en la mesa junto a la cama.
Me jalaste del brazo,
me quitaste la ropa,
todo estaba manchado,
tú,
yo,
la sábana,
las almohadas.
Decías: voltéate,
y yo con ganas de verte la cara.
–          En la mañana
tu ataque de asma
no nos dejó ni despedirnos,
alcanzaste a decir un
“te llamo al rato”
y saliste corriendo a tu casa.

2
Todo seguía ahí.
el buró,
el vaso,
el sobre.
Hasta ayer
que sentí algo parecido
a lo que debe ser
el amor a primera vista
cuando al llegar a mi cama
a las seis de la mañana,
pareciendo una cuba,
como tú ese día,
lo primero que vi
fue el sobre de Alka-Seltzer.

Anaité Ancira (1980)
>//O x))
GPR, México, 2018

El mapa (1°-VII-2018)

He mirado la patria largamente.
Se le nota tristeza hasta en el mapa.
Las personas mayores nos explican
que es libre, sin acecho atentísimo de zarpas.
Y a punto estuve de quedarme ciego
porque a la patria la oscurecen llagas,
la pisan botas, se le cierran puertas:
necesaria prisión con calles vigiladas.
–                  Con el sudor de todos levantamos la espera,
pues no hay dolor que dure lo que dura una mancha.
Que sabemos de noches, de sentencias, amigos,
pero también sabemos que llega la mañana.
Despertemos, seamos el metal derretido,
lo que quiera la sed, la tierra trabajada,
lo que quieran las piedras, la sencillez del huerto,
lo que pidan las llamas,
en fin –al fin– la piel abierta en surcos.
–                   He visto largamente el mapa.
Pensé en mis hijos. Duele. Y eran todos los niños.
Fui deletreando el nombre de la patria
mientras buscaba dónde, dónde poner los ojos.
Y recordé de pronto algo que sangra;
mexicano de tierra ensalinada,
desollado haraposo,
comedor de la noche y de las hojas,
catástrofe de costa a costa,
ando buscando a un pueblo.
Habla.

Juan Bañuelos (1932-2017)
En La patria en verso. Un paseo por la poesía
cívica en México. Felipe Garrido, selección y
comentarios
Conaculta, INBA, UANL, Jus, México, 2011

Lady’s Journal (25-III-2018)

 

el ratón te contempla extasiado
la araña no se atreve a descender ni un
–         milímetro más a la tierra
el café es un espectro azul sobre la hornilla
dispuesto a desaparecer para siempre
–         oh sí querida mía
son las siete de la mañana
levántate muchacha
recoge tu pelo en la fotografía
descubre tu frente tu sonrisa
sonríe al lado del niño que se te parece
–         oh sí lo haces como puedes
y eres idéntica a la felicidad
que jamás envejece
–         quédate quieta
allí en ese paraíso
al lado del niño que se te parece
son las siete de la mañana
es la hora perfecta para comenzar
a soñar
–         el café será eterno
y el sol eterno
si no te mueves
si no despiertas
si no volteas la página
en tu pequeña cocina
frente a mi ventana

Blanca Varela (1926-2009)
Material de lectura. Poesía moderna. 140
UNAM, México, 1988

De “Canciones sin palabras” (18-III-2018)

 

II
Rosas rosas del alba:
sangre transpira
el color de la noche
que lento expira.
–         Palomas cenicientas
beben la luna:
una oblea desolada
en la frágil bruma.
–         Corren locas las horas
a su martirio:
levanta el día su hoguera
para el suicidio.
–         Cruzan el aire pájaros
de campana:
ecos y luces tajan
piel de mañana.

Susana Francis (1928)
Desde la cárcel de mi piel
Fondo de Cultura Económica, México, 1967

Poderes del cuchillo (1°-III-2018)

 

Cándido a veces,
el filo de la hoja
no se sabe cuchillo,
y su poder de muerte
permanece callado
al pelar papas,
blancos nabos,
asesinando sólo limones o cebollas.
–          Mas se presiente letal:
su creación primera
tuvo como fundamento
el hambre de la carne
de bestias o enemigos.
–         Un cuchillo jamás es inocente.
–         Nos ve de soslayo,
deseoso de ensayar toda su fuerza
al primer accidente,
por lo menos en un dedo,
en un brazo,
y sonríe
con el primer dolor
de la mañana.
–         Quiere saber de entrañas,
de hermosos músculos,
células y tegumentos,
no solamente cortar
rojos jitomates,
párvulas manzanas.
–         El cuchillo quiere hendir
y mirar lo que su acción divide:
es el gran multiplicador.
–         Su hoja
es un espejo,
pero no te acerques mucho
al vientre de su sed,
pues busca
encontrar su vaina perdida
en algún cuerpo,
en toda sangre.

Blanca Luz Pulido (1956)
Poderes del cuchillo
UNAM / Parentalia ediciones, México, 2015

Recordadlo (13-II-2018)

 

Los que hoy han nacido tal vez mañana lean
este renglón escrito mientras caen los muertos
de mi época tísica y sus furias.
Invasiones y guerras galaxiales ocurren
ahora, cuando estoy injertando
estas pequeñas ramas en el tiesto de un libro:
nada son, acaso caigan como tantos hermanos
heridos por el poder de los bélicos.
Mas estas esperanzas vertidas en futuros,
si se salvan, dirán a vuestros ojos
cuánto sufrí por tantos vértigos totales.
Caen y están cayendo los árboles. Escucho
llantos de hambres, y escribo. Recordadlo.

Alfredo Cardona Peña (1917-1995)
Viñetas terminales
Joaquín Mortiz, México, 1987