Hoy hago trampa y mando tres (9-XII-2018)

Con las luces del alba

A mitad de camino entre la mar y el suelo
que hace fértil un gesto de vida proseguida,
sobre la arena oscura expuesta al sol, propongo
yo misma mi balance entre fruta y olvido;
entre amor y despecho con las luces del alba,
o las yertas palabras que acoge un laberinto
de nácar y las vierte contra el rumor del puerto.

Plaza de La Merced
Picasso

En el vidrio empañado del otoño recorta
sabiamente la mano de un niño el obelisco
a cuyo alrededor se dispersa la plaza.
Hace frío. Hace sólo humedad. Y se evade
Una paloma en vuelo desde el balcón a un árbol.
Abre el niño sus ojos a la paloma, negros
frente a la escarcha, y queda guardando en los bolsillos
de su babero a rayas un trigo de reclamo.

Voz traducida

Vuelve de nuevo el trance del traslado, y entorno
los ojos: tierna herida a un poema quizás
ya ni siquiera mío. Adolescentemente
me remito no obstante a otra voz, a otra vez,
a otras verdes olmedas del viento meneadas
que los pájaros saben en no importa qué lengua.

María Victoria Atencia (1931)
De la llama en que arde  
Visor Libros, Madrid, 1988

Tu boca expuesta (22-X-2018)

 

Tu boca expuesta. Tu boca abierta. Tu boca de cadáver
Tu boca con el golpe en la punta de la lengua
Tu cueva                                  Tu mentira
–         Tu sombra donde revientan los insectos
Donde se pudre el agua y aparecen palabras de ceniza
–         Una herida nació desde tu boca retratando otra herida
Una llaga se instaló en el corazón
para multiplicar tu llaga
         Un ademán de hastío cayó como gota en el fondo
de las miradas que se oyeron
–         A criar empezaron las ratas dentro de todos los estómagos
–         A nacer las crías                                   A tener hambre
–         A rayar las ciudades y buscar otros ojos

Dolores Dorantes (1973)
Querida fábrica
Conaculta, México, 2012

(2-VIII-2018)

2-VIII-2018.

Hemos atravesado hace kilómetros
la zona de silencio.
–           Hemos dejado atrás hace años luz
la zona de confort.
–           Animales incontables nos rodean sin estar.
Llenan el auto.
–           Nos balanceamos lento.
Oscila nuestro punto de equilibrio
a trote de caballo.
–          Somos más rojos que la sangre.
Somos más viejos y más rojos
que este Maverick viejo
y rojamente rengueante.
–           Somos más viejos
que la herida de toda cacería.
–           Somos más viejos
que todo lo que vemos.
–           Aquí abajo
este Maverick lleva
el ejército suspenso de los grillos.
–           Una bandada de patos salvajes
brota de los faros.
–           Tu angustia es la del ave
que ha sido escindida de la parvada
y que se va quedando atrás
sólo para morir.
–           Mi alma es una especie
de quinta llanta para el carro.
–           En el claxon se desangra
un alce herido.
–           En el parachoques,
el metal frío sueña
con una agilidad de daga
que atraviesa la dulce piel
de un cordero perdido.

Luis Paniagua (1957)
Maverick 71
Premio Literal de Poesía 2013
Literal Publishing
INBA / Literal Publishing
México, 2013

Elegía (23-VII-2018)

 

En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto
como el rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería.

Yo quiero ser, llorando, el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
–          Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
–           daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
–           Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
–           No hay extensión más grande que mi herida;
lloro mi desventura y sus conjuntos,
y siento más tu muerte que mi vida.
–           Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
–           Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
–           No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
–           En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.
–           Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
–           Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
–           Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
–           de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
–           Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
–           Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
–           A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández (1910-1942)
El rayo que no cesa
Héroe, Madrid, 1936

Ajedrez (8-VI-2018)

 

Para Dinora Cardoso

I
Tu boca
herida perfecta,
cicatrizó en mis labios.

II
El sol se miró en el espejo

y se quebró en astillas,
sin quererlo
se alojó en los ojos del deseo.
¿Eso eres tú?

III
Cerré la mano
para acariciar
la mariposa.
Cuando la abrí
colores pulverizados
iluminaron el azar.

León Guillermo Gutiérrez (1955)
Los dardos de Dios
Malinalco, Toluca, 1996

Dos Poemas (18-IV-2018)

 

Madrugada

Rápidas manos frías
Retiran una a una
Las vendas de la sombra
Abro los ojos
—                     Todavía
Estoy vivo
—                En el centro
De una herida todavía fresca.

 

Aquí

Mis pasos en esta calle
Resuenan
—               En otra calle
Donde
—          Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Solo es real la niebla.

Octavio Paz (1914-1998)
Salamandra
Joaquín Mortiz, México, 1962

Pintura rupestre circa 2012 (6-IV-2018)

 

Frente a todos
En su rupestre desnudez
La cacería comienza
–         No preguntes
Quién es la víctima:
Es la que huye
Herida
–         Moribunda
Inútilmente tratando de escapar
–         No preguntes
Quién es el cazador:
Somos nosotros
–         Listos
Para repartirnos
Las sobras de la jornada
–         Sin rencores
Sin remordimientos
Con sangre en los labios

Gabriel Trujillo Muñoz
Periferia. Poemas (2010-2014)
Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2016