Mujer gorda en la ventana (1-IV-2017)

No hay prisa en sus ojos,
sólo costumbre de estar sola.
Su mirada fija en las pausas que dejan los coches,
atenta a los huecos,
a lo que falta.
Apoya su cara en el vidrio frío
y se acompaña.
Mira sus manos redondas y pequeñas,
palpa sus senos grandes y calientes,
piensa en sus pies y sonríe maternal.
Espesa y dulce como una buena sopa,
murmura,
y sin embargo tan sola.
Se sabe afuera pero no sabe de qué.
Nadie nota su pasión
pesada y gorda en la ventana.

 

Beatriz Novaro