De “A ojo de pájaro” (14-II-2019)

 

II
No sé cuándo el cristal rompió tu mirada
oscureciendo tus ojos, destruyendo tu casa.
Me di cuenta cuando enterraste a tu Dios,
y pusiste en entredicho tu fe y su existencia:
éramos dos niñas llorando al padre.
¡Yo estaba allí! Todo era silencio e incierto.
¿Por qué te quedas callada? ¿Por qué no dices nada?
Íbamos de cabeza a no sé qué senda
arrastradas por un camino de hormigas,
tal vez a un exterminio de flores,
¡vayamos a correr a casa de la abuela!
Nuestros ojos disipaban en ninguna parte,
no sabía si estaba viva o muerta,
me conformaba con ver tu sombra al lado mío,
quizá para no sentirme sola
–                  hasta que aprendimos a cargar con un féretro dentro de uno más grande.

Sulma Jiménez (1988)
en Astilo, antología poética. Selección
de Óscar Oliva y Julio Solís. Cultura,
Dirección de Publicaciones del Coneculta
Chiapas, Guadalajara, 2017

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Discurso por las flores (31-X-2018)

 

A Joaquín Romero

Entre todas las flores, señoras y señores,
es el lirio morado la que más me alucina.
Andando una mañana solo por Palestina,
algo de mi conciencia con morados colores
tomó forma de flor y careció de espinas.
–          El aire con un pétalo tocaba las colinas
que inaugura la piedra de los alrededores.
–          Ser flor es ser un poco de colores con brisa.
Sueño de cada flor la mañana revisa
con los dedos mojados y los pómulos duros
de ponerse en la cara la humedad de tos muros,
–          El reino vegetal es un país lejano
aun cuando nosotros creámoslo a la mano.
Difícil es llegar a esbeltas latitudes;
mejor que doña Brújula, los jóvenes laúdes.
Las palabras con ritmo —camino del poema—
se adhieren a la intacta sospecha de una yema.
Algo en mi sangre viaja con voz de clorofila.
Cuando a un árbol le doy la rama de mi mano
siento la conexión y lo que se destila
en el alma cuando alguien está junto a un hermano.
Hace poco, en Tabasco, la gran ceiba de Atasta
me entregó cinco rumbos de su existencia. Izó
las más altas banderas que en su memoria vasta
el viento de los siglos inútilmente ajó.
–          Estar árbol a veces, es quedarse mirando
(sin dejar de crecer) el agua humanidad
y llenarse de pájaros para poder, cantando,
reflejar en las ondas quietud y soledad.
–          Ser flor es ser un poco de colores con brisa;
la vida de una flor cabe en una sonrisa.
Las orquídeas penumbras mueren de una mirada
mal puesta de los hombres que no saben ver nada.
En los nidos de orquídeas la noche pone un huevo
y al otro día nace color de color nuevo.
La orquídea es una flor de origen submarino.
Una vez a unos hongos, allá por Tepoztlán,
los hallé recordando la historia y el destino
de esas flores que anidan tan distantes del mar.
–          Cuando el nopal florece hay un ligero aumento
de luz. Por fuerza hidráulica el nopal multiplica
su imagen. Y entre espinas con que se da tormento,
momento colibrí a la flor califica.
El pueblo mexicano tiene dos obsesiones:
el gusto por la muerte y el amor a las flores.
Antes de que nosotros “habláramos castilla”
hubo un día del mes consagrado a la muerte;
había extraña guerra que llamaron florida
y en sangre los altares chorreaban buena suerte.
–          También el calendario registra un día flor.
Día Xóchitl, Xochipilli se desnudó al amor
de las flores. Sus piernas, sus hombros, sus rodillas
tienen flores. Sus dedos en hueco, tienen flores
frescas a cada hora. En su máscara brilla
la sonrisa profunda de todos los amores.
          (Por las calles aún vemos cargadas de alcatraces
a esas jóvenes indias en que Diego Rivera
halló a través de siglos los eternos enlaces
de un pueblo en pie que siembra la misma primavera.)
–          A sangre y flor el pueblo mexicano ha vivido.
Vive de sangre y flor su recuerdo y su olvido.
(Cuando estas cosas digo mi corazón se ahonda
en su lecho de piedra de agua clara y redonda).
–          Si está herido de rosas un jardín, los gorriones
le romperán con vidrio sonoros corazones
de gorriones de vidrio, y el rosal más herido
deshojará una rosa allá por los rincones,
donde los nomeolvides en silencio han sufrido.
          Nada nos hiere tanto como hallar una flor
sepultada en las páginas de un libro. La lectura
calla; y en nuestros ojos, lo triste del amor
humedece la flor de una antigua ternura.
–          (Como ustedes han visto, señoras y señores,
hay tristeza también en esto de las flores).
–          Claro que en el clarísimo jardín de abril y mayo
todo se ve de frente y nada de soslayo.
Es uno tan jardín entonces que la tierra
mueve gozosamente la negrura que encierra,
y el alma vegetal que hay en la vida humana
crea el cielo y las nubes que inventan la mañana.
–          Estos mayos y abriles se alargan hasta octubre.
Todo el Valle de México de colores se cubre
y hay en su poesía de otoñal primavera
un largo sentimiento de esperanza que espera.
Siempre por esos días salgo al campo. (Yo siempre
salgo al campo). La lluvia y el hombre como siempre
hacen temblar el campo. Ese último jardín,
en el valle de octubre, tiene un profundo fin.
–          Yo quisiera decirle otra frase a la orquídea;
esa frase sería una frase lapídea;
mas tengo ya las manos tan silvestres que en vano
saldrían las palabras perfectas de mi mano.
–          Que la última flor de esta prosa con flores
séala un pensamiento. (De pensar lo que siento
al sentir lo que piensan las flores, los colores
de la cara poética los desvanece el viento
que oculta en jacarandas las palabras mejores.)
–          Quiero que nadie sepa que estoy enamorado.
De esto entienden y escuchan solamente las flores.
A decir me acompañe cualquier lirio morado;
señoras y señores, aquí hemos terminado.

Carlos Pellicer (1897-1977)
Subordinaciones
Jus, México, 1949

Que mas quisiera el aire… (21-VIII-2018)

 

Qué más quisiera el aire
que peinarte de nuevo,
que cambiar esas flores de lugar
y entreabrirse las corolas contigo.
Supe que te han contado
que los geranios son hermafroditas,
y ha despertado tu pregunta
de qué harán las mujeres
sin penetrar una en la otra.
Qué más quisiera el aire que explicarte
por qué no llega siempre el mismo aire
que te infundió el deseo de ser libre
y de tirar por la ventana
los peces muertos del espíritu.
Pero de pronto el aire no circula
y una mano invisible nos detiene.
Se derriten las alas.

Carmen Alardín (1933-2014)
Caracol de río
Verdehalago / Fondo Estatal para la Cultura
y las Artes de Nuevo León, México, 2000

Poema de amorosa raíz (25-V-2018)

 

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.
Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides,
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.
Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios,
antes, antes, muy antes.
Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.

Alí Chumacero (1918-2010)
Páramo de sueños
UNAM, México, 1944

Árbol de mi vida (21-V-2018)

 

Vuélvome a ti para buscar tus flores,
y oír el son de tu ramaje umbrío,
y beber en tus hojas el rocío
que beben tus alados ruiseñores.
–          Arrúllenme tus lánguidos rumores
y tu sombra protéjame, árbol mío,
tronco robusto que hallará el estío
plantado en la heredad de mis mayores.
–          Árbol pomposo de mi errante vida,
vuélvome a ti cuando al pasar los años
los dones busco de la edad cumplida;
–          mas, ¡ay!, qué en triste y silencioso yermo,
te hieren sin piedad los desengaños
y al polvo inclinas tu ramaje enfermo.

Agustín F .Cuenca (1850-1884)
Poesía mexicana I, 1810-1914
Introducción, selección y notas de José Emilio Pacheco
Promexa, México, 1979

Manuscrito (9-III-2018)

 

Las palabras
que nunca llegaron a la última versión
tal vez eran mejores.
Tienen la gracia de las cosas perdidas:
la puerta que no abrimos,
el amor olvidado.
Como flores disecadas
los vocablos encerrados en círculos
o aniquilados por un tachón violento
florecen
cuando es otro el que asoma
a la intimidad del texto
y descubre no el poema
sino el alma de atrás:
vacilaciones clandestinas,
ocurrencias podadas en retoño.
Esa caligrafía
un poco descompuesta por los años
algo ilegible
como la voz vecina que escuchamos
a través de un muro,
como mirar las manos del autor
que ya no está.
No sin culpa
El voyeurista de este manuscrito
lo siente palpitar y algo le dice
que ese desorden,
ese jardín con plagas todavía,
hierbas silvestres cubriendo la silueta
de algún árbol final
tiene el encanto de otro paraíso.

Carmen Villoro (1958)
A la sombra del tigre
Cartografía poética del mundo latino
Encuentro de poetas. Morelia 2003
Editora: Ivonne Gutiérrez Obregón
México, 2004

La belleza despierta en cada sitio (31-I-2018)

 

a Xavier Villaurrutia

En las mañanas alegres
cuando la noche antes ha estado el hombre
unido en el amor por la muerte
y se levanta y mira las flores
y descubre un azul cielo despejado
el adolescente sueña ángeles sin sexo.
La belleza despierta en cada sitio
y los cuerpos cansados
recuerdan el amor que se tuvieron
cuando miran las manos temblorosas
acariciar la almohada
y sienten en el roce la delicia
del dulce crimen cometido.
Entonces
hay una voz que está gritando muda
una nostalgia en cada pecho
y una inquietud sentida en el reposo
del cuerpo que camina por las calles
y que trabaja y suda y se alimenta
gozando lo gozado en la memoria.
Pero vendrá la noche con sus puertas cerradas
y el hombre mirará por las esquinas
y sus brazos de nuevo
buscarán el amor que se detuvo
para seguir su vida y prolongarla
en la blandura tierna de una piel amorosa
entre la ropa blanca abandonada
cerca de una ventana que guardará el secreto
de los cuerpos que un día que una noche
se amaron dulcemente sin decirse palabras.

Neftalí Beltrán