De “Eros y delirios” (29-IX-2018)

 

14
Si el dolor se midiera,
si yo tuviera el grito,
la caricia
certera y firme
como la herida diestra que pactamos,
–          entonces yo sería transparente,
te raptaría en sueños al columpio sin bridas
donde la luz oficia sortilegios.
–          Yo no sé qué tesoro estoy guardando
que nadie me perdona.
–          Condenada a beber mi soledad a tragos
me vigilo la lucidez a diario,
y traspongo las puertas que me ofrece
mi demonio gemelo;
ése que acecha siempre entre los labios,
entre las sábanas,
en las rendijas que soborna el aire;
el que se infiltra siempre
el que trastoca
la cordura que esgrimo frente al mundo.

Iliana Godoy (1952-2017)
En Inédito diamante. 5 poetas mexicanas
Selección y prólogo de Eduardo Mejía
Ediciones Ikygai, México, 2018

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Regreso (27-VII-2018)

 

Y el mar, el mar, muy lejos…
–          Cuando regreses, el mar irá dentro de ti…
–          Cuando regreses, oh, cuando regreses…
–          Y cerca, el núcleo del dolor,
La carne donde se genera
Y bien poco le importa,
Pues otra es la carne que lo sufre,
No la suya.
–          Y el mar, abajo siempre el mar…
–          La noche nos ha dado lo oscuro
Para que la miremos bien:
Come de nuestra carne
Que liberará nuestros secretos,
Y altos los vuelve, inmóviles los mástiles.
–           Al pie, la extraña historia,
Al pie, frente a la mar lusa,
De esos reyes navegantes,
La mar que si se aleja ya no vuelve.
Oíd cómo vos canta,
Pero no es de sirena ni cosa parecida
Esa canción, así extranjera.

Francisco Cervantes (1938-2005)
Heridas que se alternan
Fondo de Cultura Económica,
México, 1985

Dolor (26-VI-2018)

 

Mi abismo se llenó de su mirada,
y se fundió en mi ser, y fue tan mía,
que dudo si este aliento de agonía
es vida aún o muerte alucinada.
–          Llegó el Arcángel, descargó la espada
sobre el doble laurel que florecía
en el sellado huerto… Y aquel día
volvió la sombra y regresé a mi nada.
–          Creí que el mundo, ante el humano asombro,
iba a caer envuelto en el escombro
de la ruina total del firmamento…
–          ¡Mas vi la tierra en paz, en paz la altura,
sereno el campo, la corriente pura,
el monte azul y sosegado el viento!

Enrique González Martínez (1871-1952)
Poemas truncos (1935)
En Obras completas, El Colegio de México, México, 1971

Las ballenas y las frutas… (27-V-2018)

 

Las ballenas y las frutas,
la celulosa fina del agave
cicatrizan del mismo modo:
las cortezas de los árboles, las hojas con plaga,
los pupitres, las paredes, las ventanas
de autobuses y vagones
se vuelven distinguibles por la mutilación
que los nombra.
Después del impacto con las hélices
después de la sangre y las navajas
no podemos saber de su dolor,
sólo una estadística,
una gráfica.
–          Las cicatrices que tengo
no son tan profundas:
mi piel no es tan gruesa.
–          El ardor familiar del cuchillo
como el dolor esperado
del segundo tatuaje.
Hacerlo a escondidas,
elegir con la vista
dónde entraría el filo.

Aurelia Cortés Peyron (1986)
Antología de letras, dramaturgia, guion
cinematográfico y lenguas indígenas
Fonca, México, 2017

Destierro (19-V-2018)

 

La patria no es otra cosa
que la infancia perdida:
una calle en el barrio de Mixcoac,
el patio de una escuela,
la canción aprendida
en el autobús de una excursión.
Un asunto de nostalgia
que crece con la distancia.
Reminiscencias que se desgranan
al interior del cuerpo
para evocar en la memoria
el sabor de una sopa,
el color de un juguete
al fondo del jardín,
las páginas de un libro en la primaria.
Desarraigados para siempre de la infancia
creamos la ilusión de pertenencia
a una casa mayor que nos contenga;
deseo de unidad
que nos vuelve grupo, tribu, masa
cuando reconocemos en el otro
un gesto familiar, un acento conocido.
La soledad nos vuelve compatriotas
en las tribunas del estadio de futbol
y hasta en la guerra;
nos alimenta un fanatismo idiota.
El destierro nos viste de colores precisos,
de himnos y banderas
que cubren el dolor
de no poder regresar jamás
a la primera casa.

Carmen Villoro (1958)
País de sombra y fuego
UdeG, Maná, Selva Negra, Guadalajara, 2010

A fin de cuentas… (10-V-2018)

 

A fin de cuentas, uno se muere
y ya
mientras las sábanas sueltan su olor
a piel de yerbabuena
–         para el té que no podrá curar
ausencias, la tuya, la de tantos,
–         al igual que esos medicamentos indeseables
que solamente prolongan el estar aquí
cuando nuestros deseos no son designios
sino aullido de perro abandonado
–         en este tránsito donde la soledad
me vuelve rencoroso
para mal convivir conmigo y otros.
          Aunque te sueño a diario, casi,
y eso nos acerca,
tu recámara vacía donde monologo
no me cura este dolor que cargo al caminar
conmigo a cuestas.
–         No me entiendo, aún no sé lo que busco
porque nada concreto;
soy reverencia ajena de quienes todo ignoran
de mí
y lejanía de cuanto busco amar.
–         Para qué estoy, para qué me dejaste
tan yermo como nuestra casa
donde un frío de invierno me congela.

II
Uno, los demás, también se mueren,
dicen
–         pero aún sigo aquí
como mi aguacatal que le cayó una plaga
tal vez porque te fuiste
–         o porque mi tiricia lo contagió
y no quiere dar frutos.
–         Sabes tantas cosas que no sé y no tendré
respuestas
porque no pregunté en tu tiempo,
cuando tu voz me acariciaba
y me curaba el miedo de vivir;
–         cuando esta casa era hogar y refugio seguro
porque estabas.
–         Me he vuelto apenas un hueco entre tus sueños
donde me arropas para contarte
lo que me preocupa sin que lo sepa resolver;
–         para esperar de ti, mientras me abrazas,
ese consejo que me dejaste untado
cuando prometiste no abandonarme nunca.

III
Tal vez ya no es lo mismo que eso es todo.
–         Diría, acaso, estoy aquí, pero, ¿en verdad estoy?
¿Estamos?
–         Sólo es una pregunta que me hago
después de cada noche cuando platico con mis muertos,
con los que ya se han ido,
–         en mis sueños, como gran privilegio,
aunque sé que igual que yo casi no pertenecemos
a esta tierra,
pero estamos iguales
–         y puedo preguntarles algo, jugar con ellos,
vivir cosas pasadas y presentes,
sentir el gran cariño entre sus brazos
hasta borrar el tiempo,
porque en el sueño y en la muerte no hay horarios.
–         El sueño es la pasión de un bien morir;
si pudiera elegir escogería un buen sueño,
con mis personajes favoritos,
al momento de dejar este sueño que vivo en carne propia.

IV
Hoy espero soñar contigo, madre,
para seguir vivo
–                          un día más.

Julio Ramírez (1953)
A fin de cuentas
Gobierno del estado de Oaxaca (en preparación)

Poderes del cuchillo (1°-III-2018)

 

Cándido a veces,
el filo de la hoja
no se sabe cuchillo,
y su poder de muerte
permanece callado
al pelar papas,
blancos nabos,
asesinando sólo limones o cebollas.
–          Mas se presiente letal:
su creación primera
tuvo como fundamento
el hambre de la carne
de bestias o enemigos.
–         Un cuchillo jamás es inocente.
–         Nos ve de soslayo,
deseoso de ensayar toda su fuerza
al primer accidente,
por lo menos en un dedo,
en un brazo,
y sonríe
con el primer dolor
de la mañana.
–         Quiere saber de entrañas,
de hermosos músculos,
células y tegumentos,
no solamente cortar
rojos jitomates,
párvulas manzanas.
–         El cuchillo quiere hendir
y mirar lo que su acción divide:
es el gran multiplicador.
–         Su hoja
es un espejo,
pero no te acerques mucho
al vientre de su sed,
pues busca
encontrar su vaina perdida
en algún cuerpo,
en toda sangre.

Blanca Luz Pulido (1956)
Poderes del cuchillo
UNAM / Parentalia ediciones, México, 2015