Venus abandona el mar (30-XII-2018)

 

I
Emerges del océano.
Cristales resbalan por tus montañas.
Ahora calzas zapatillas de arena.
¿Y el infinito animal azul,
recién abandonado en el lecho?
¿Seguirá excitado con el perfume
que regaste en sábanas de espuma?

II
El mar está excitado.
Cuando te abrazó, lo impregnó tu fragancia,
y ahora escupe,
una y otra vez
–sobre la arena
su espuma pegajosa.

Héctor Carreto (1953)
Picnic
Ediciones Caletita,
Monterrey, 2017

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Cobardía (25-VIII-2018)

 

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul!…
Pasó con su madre. Volvió la cabeza;
¡me clavó muy hondo su mirada azul!
–           Quedé como en éxtasis…
–                                                       Con febril premura
“¡Síguela!” gritaron cuerpo y alma al par.
… Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!

Amado Nervo (1870-1919)
En Gabriel Zaid, Ómnibus de poesía mexicana
Siglo XXI, México, 15ª ed., 1989

Tú también crees en el otoño (23-VIII-2018)

 

Tú también crees en el otoño,
en ese lento viaje con una tarde
que comienza a ser azul
mientras recuerdas que tu vida
se parece bastante a la tarde.
–           La lágrima de una luz intensa
puede ser secada con la memoria de una sonrisa
que te devuelve el amor
que el trueno permite el camino.
–           El tiempo
crece como un amanecer diariamente.
–           Hay un río donde los peces sueñan el mar
en una gota de oxígeno. Hay un hombre
que mira el mar pensando en el sueño del río.
–           Hay momentos así
para colmar con palabras el alma desierta.
Hay tardes vestidas con la sombra de un árbol
donde el sueño adquiere de pronto el nombre de un mar.
–           Pasan nubes
como seres que olvidaron su origen,
su pertenencia a las cosas
que obedecen a la lluvia.
–           La luz devuelve sus espejos.
Las aguas del tiempo
salen a relucir gotas
abriendo las ventanas de una soledad
para dejar entrar a los espíritus de la tarde
con todas sus sonrisas.
–           La ciudad que se queda mirando las cosas que dice la lluvia.
–           La tarde
confiesa ser hija de la luz,
resplandece en infinitas gotas sobre los tejados.
–           El tiempo perdido se desvanece
en el hondo aroma de la magnolia.
Hay señales de luciérnagas en penumbras
por el cuerpo sutil del martes
que la lluvia de esta tarde besa con infinita ternura.
–           En mi memoria se levantan algunos niños.
En mi mirada se encienden las luces de un barco.
–           La lluvia es una persona que se pone a conversar.

Mario Nandayapa (1964)
Estar siempre de camino
Gobierno del estado de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2001
Premio Estatal de Poesía Rodulfo Figueroa 2000

Dolor (26-VI-2018)

 

Mi abismo se llenó de su mirada,
y se fundió en mi ser, y fue tan mía,
que dudo si este aliento de agonía
es vida aún o muerte alucinada.
–          Llegó el Arcángel, descargó la espada
sobre el doble laurel que florecía
en el sellado huerto… Y aquel día
volvió la sombra y regresé a mi nada.
–          Creí que el mundo, ante el humano asombro,
iba a caer envuelto en el escombro
de la ruina total del firmamento…
–          ¡Mas vi la tierra en paz, en paz la altura,
sereno el campo, la corriente pura,
el monte azul y sosegado el viento!

Enrique González Martínez (1871-1952)
Poemas truncos (1935)
En Obras completas, El Colegio de México, México, 1971

Amo (4-VI-2018)

 

amo tu euforia
tus pasos para desnudarte
en vez de sacarte la ropa
como un caballero armado
amo tus besos mojados
empapados chorreantes
tus labios abiertos
tu piel que se rompe
bajo el filo de mis dedos
amo la línea perfecta
de tu nuca
bajo la camisa medio planchada
tus pantalones (con el dinero del camión)
cayendo a tus pies
como si te desangraras
amo tus ojos volubles
que no se deciden entre el azul y el gris
tus manos frías de uñas cortas
tus desmayos y tus desmanes
sobre mi cuerpo tuyo
amo tu piel delatora
reventando en un placer
que acaba con el frío
tus pies descalzos
sobre la sábana blanca
amo tus desequilibrios
tus entregas a domicilio
y las entregas absolutas
que me hacen ver estrellas
ver volcanes en erupción donde sólo
estamos tú y yo
modestamente instalados
en un escenario más que acostumbrado
a nuestras batallas
amo tu cuerpo
tan limpio tan perfecto
tan desacostumbradamente eterno

Leticia Herrera (1960)
Sólo digan que fui. Antología provisional
La Tinta en el Espejo, Monterrey, 2011

Gameover-Gameover-Gameover (20-V-2018)

 

Se acabó el azul por todas partes, los pajaritos tuiteros que resplandecían en el océano del celular también se apagaron. Se acabaron las selfies romanticoides y sólo quedó el amor propio en Instagram y en los pensamientos. Todas las memorias del Snapchat se hicieron polvo tras el paso del tiempo y a los muros de mi cuarto y del Facebook arribaron los estados de inestabilidad emocional. Todo desapareció tras tu rastro ¿o habré de decir tras tu brillo de basura cósmica virtual? Ya con el valor encima nos atrevimos a decir adiós con un par de microcartas por el WhatsApp y acaso una videollamada para sentir que todo era de frente, luego pensamos en descargar una aplicación para desaparecernos el uno al otro pero más tarde nos acordamos que esto sólo podría suceder en algún cuento del buen Ray Bradbury; por lo que desistimos del intento. Ya con el paso de los días, jugamos a olvidarnos con métodos más rudimentarios como escribir nanopoemas sobre los boletitos del autobús o besar, besar a todas horas y por cualquier motivo, pero nada, nada del olvido real y aquí estamos de nuevo, en una búsqueda desesperada de apps hasta dar con aquella que sirva para borrarnos la memoria porque nunca hemos podido soportar a los otros, nunca hemos podido soportar a los otros, nunca hemos podido soportar a los otros y para mí es mejor decir Game Over o la muerte pública del autor.

Alberto Paz (1987)
Parkour pop.ético (o cómo saltar las bardas hacia el poema)
SEP Dirección General de Educación Superior
para Profesionales de la Educación, México, 2017

En la Mezquita Azul (22-II-2018)

 

Vuela una paloma en la sala de oración
–         surca el océano azul de la mezquita

Silenciosa va
–         del mihrab a los pilares
–         de los pilares a las cúpulas
–         de las cúpulas a la logia
entre azulejos de Iznik

Luego inicia la ascensión

Flota hacia la cúpula mayor
Entrega su mensaje

Nada rasga este silencio
Sólo un batir de alas roza su misterio

El ave suspendida se funde con la luz

Todo es luz
Entra ya en la eternidad

Jorge Ruiz Dueñas (1946)
Diván de Estambul, Poemas de tres voces
Ediciones Papeles Privados, México, 2015