Andando por el día (10-II-2019)

 

Adelantas la pierna
Izquierda el día
Se detiene sonríe
–          Y se echa a andar ligero
Bajo el sol detenido
–         Adelantas la pierna
Derecha el sol
Camina más ligero
–         A lo largo del día
Varado entre los árboles
–         Caminas altos senos
Andan los árboles
Te sigue el sol el día
–         Sale a tu encuentro el cielo
Inventa nubes súbitas

Octubre de 1958

Octavio Paz (1914-1998)
Poetas de México y Latinoamérica
Cuadernos de la Palabra
Universidad Veracruzana, Xalapa, 2007

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Paisaje (10-XI-2018)

 

Miro por la ventana, es todo azul.
Veo pisadas del sol en el jardín,
envueltas por la sombra y el prodigio
de inmensos árboles verdes
y flores de piel lisa,
anaranjada.
Desconozco ese pájaro que canta

Miro por la ventana, en la calle
caminan amarillas, lentas, las pisadas
del sol. El cielo es azul, muy puro, muy azul.
A las seis todo está medio dormido aún,
oigo tan sólo el canto, campanadas.
–           Desconozco ese pájaro que pasa.

Ramón Xirau (1924-2017)
En Vuelo de palabras.
Revista de Poesía
Monterrey, mayo-agosto de 2016

Ensayo de un divino amor (10-X-2018)

 

Llega hasta mí un canto de pájaros nocturnos
qué harás ahora mientras escribo para ti
busco con placer un rincón íntimo y oscuro
donde pueda anegarme con tu luz.
No temas por mí, al fin y al cabo
en otro tiempo y otras circunstancias
soy tú.
Cualquier punto es bueno en una esfera
para hacer vértice
sólo cuida de no romper el destello,
la magia cóncava de los cuerpos celestes y terrosos
que infinito naufragan.
No, no rompas el hechizo que has ido propagando
con tus ojos
deja que el ámbar lejano de la luz eléctrica
siga simulando estrellas artificiales
alumbrando los anchos callejones del mundo
piensa que mi amor es el calor refugiándose
en la copa de los árboles
que miramos gracias a la pura transparencia del aire.
Sólo un sonido leve, llamador de la paz,
Atropellado de luz, blanca y refulgente.
Así siente mi corazón por ti.
Murmulla el silencio y se oscurece el cielo
las siluetas de los árboles anchas y redondas
moviéndose en su danza nocturna y milenaria
ajenos los pájaros susurran
conocedores de la noche
y en espiral hacen su vuelo
en ondas cortas y elevadas
tiernas penumbras de la noche que empieza
son las sombras que envuelven tu recuerdo.
Sin luz, buscan mis dedos las letras de las teclas
y pienso en ti, sin puntos, sin comas, sin acentos.
Un delicioso viento entra por la ventana
son tus manos que acarician mi cara.
Ya sé, igual que tú quisiera no quererte
y ser indiferente al abismo de sol al que me orilla la noche.
Vuelvo a nacer, boca que me traga
húmedo imán, lágrimas redondas
ausencia acostumbrada,
arde mi corazón
quiero arder en tus ojos
calcinar tus venas y tus huesos.
Lirios azules custodian el desvelo
y pienso en ti
allá, lejos en la distancia,
un sueño aletargado y venenoso
te hará pensar en mí
y humedecerte en una lluvia blanca
y un prohibido destello de amapolas
te llamará a los campos
de las cóncavas sombras.

Dolores Guadarrama (1958)
En Quinteto para un pretérito
Chihuahua, Chihuahua, 2000

Para gozar tu paz (17-VII-2018)

 

Como el viento agita las altas hierbas
así mis dedos vuelan sobre tu cabellera de diamantes,
y la noche de alcohol y los árboles de oro
encierran para siempre un sollozo de triunfo,
el ay de la alegría, el ah definitivo.
Como el aire de junio en la colina
mueve la dulce sombra de la nube,
así mi corazón se sacrifica
en el húmedo templo de tu pelo.
–           Nave sin dueño, sombra de ardorosa
violencia, esta mi mano canta
bajo el murmullo alado de tu gloria.
Porque tienes la luz y la belleza
en el sereno estanque de tu rostro,
así el negro laurel es tu corona
y es mi fatiga y es
la sangre del insomnio.
–           Sólo cuando el pecado es la guirnalda
y la atadura, la cadena infinita
y el profundo latido; sólo cuando
la hora ha llegado, y tú,
joven de rosas y jazmines,
miras al horizonte del deseo
y dejas que el tesoro de seda y maravilla
sea la noche en mis manos,
sólo entonces, dorada,
todo me pertenece;
las hierbas agitadas y el viento
corriendo como el agua entre mis dedos:
agua de mi delirio, eterna fiebre,
espejismo y violencia, dura espina,
pedernal de la muerte, lento mármol,
millón de espigas negras.
–           Donde nace la idea,
donde tus pensamientos
–aves en dulce selva sometidas–,
donde mis labios buscan el milagro,
ahí estará mi fuerza.
Ahí estará el dolor de mi presencia:
al pie de tu dominio y tu pureza,
sin más aroma que el júbilo
y una medalla de aire,
palpitante, como el fuego
de una lágrima viva.
–           Crece la hierba, el río,
y el ala de la garza
es la mano de Dios que se despide.
Crece el amor en invisible grito
(quemante, activa espada),
y el corazón despierta
como herido de muerte.
Doblo la lenta hoja del silencio
y te apareces tú, página y perla,
con el cabello al viento
y una cierta sonrisa de alta luna.
–           Suave y veloz, como el aire de junio,
beso tu cabellera de diamantes,
el tesoro escondido de tu sueño,
y digo adiós a la violencia
para gozar tu paz,
tu dulce, tu gloriosa geografía,
por siempre detenido,
por siempre enamorado.
1957

Efraín Huerta (1914-1982)
Poesía completa
Edición a cargo de Martí Soler
Prólogo de David Huerta
Fondo de Cultura Económica,
México, 1988

Las ballenas y las frutas… (27-V-2018)

 

Las ballenas y las frutas,
la celulosa fina del agave
cicatrizan del mismo modo:
las cortezas de los árboles, las hojas con plaga,
los pupitres, las paredes, las ventanas
de autobuses y vagones
se vuelven distinguibles por la mutilación
que los nombra.
Después del impacto con las hélices
después de la sangre y las navajas
no podemos saber de su dolor,
sólo una estadística,
una gráfica.
–          Las cicatrices que tengo
no son tan profundas:
mi piel no es tan gruesa.
–          El ardor familiar del cuchillo
como el dolor esperado
del segundo tatuaje.
Hacerlo a escondidas,
elegir con la vista
dónde entraría el filo.

Aurelia Cortés Peyron (1986)
Antología de letras, dramaturgia, guion
cinematográfico y lenguas indígenas
Fonca, México, 2017

Sé de besos… (13-V-2018)

 

Sé de besos más nocturnos que la tierra
Animales sumergidos entre violentos árboles
vienen a la cima de las bocas convulsivos oleosos
Sé de la grandeza fulgurante ondulada y eléctrica
de las bocas ávidas y de la sangre que viene del fondo
como un incendio que florece en labios espumosos
Sé de una extraña suavidad y de un pensativo ardor
que modula el beso en una espera fascinada
¿Quién pudiera nombrar la gloria fluida y ardentísima
de estos líquidos músculos que desembocan en estuarios de espuma?
Sé de besos como abejas de sol y como una agonía
de una larga gloria Conozco las materias saladas
y agridulces la arcilla la savia el vino
y el gres de las axilas la luna negra del pubis
Conozco el sabor inflamado y espeso de lo intacto
que inmediato se entrega en la violencia silenciosa

Versión de Piedad Montero y Luis María Marina

Sei de beijos mais nocturnos do que a terra/ Animais submersos entre violentas árvores/ vêm ao cimo das bocas convulsivos oleosos/ Sei da grandeza fulgurante ondulada e eléctrica/ das bocas ávidas e do sangue que vem do fundo/ como um incêndio que floresce em lábios espumosos/ Sei de uma estranha suavidade e de um pensativo ardor/ que modula o beijo numa demora fascinada/ Quem poderia dizer a glória fluida e ardentíssima/ destes líquidos músculos que desembocan em estuarios de espuma?/ Sei de beijos como abelhas de sol e como uma agonía/ de una longa glória Conheço as matérias salgadas/ e agridoces a argila a seiva o vino/ e o grés das axilas a lua negra do púbis/ Conheço o sabor aceso e espeso do intacto/ que imediato se entrega na violencia silenciosa.

António Ramos Rosa (1924-2013)
Dispersa sed. Antología
La Otra / Escritores de Cajeme
Camoes Instituto de la Cooperación y de la Lengua, Portugal
Guadalajara, 2014

De niña no salía… (24-IV-2018)

 

De niña no salía a jugar a la calle,
no hubo parques ni aceras
donde poder crecer sin darme cuenta.
La acera era una vía que nos acompañaba
o nos salía al paso.
Nunca sentí cómo crecían los árboles,
los nuevos edificios.
A la ciudad siempre la vi de lejos,
al pasar,
al margen de los juegos, de los amigos
con los que la haces tuya.
Los muros y el rebote de pelotas,islas,
o los niños paseando en bicicleta
eran islas lejanas, veranos por la tarde
que iba a visitar de vez en cuando.
–                   A una ciudad extraña llegó mi adolescencia,
yo la fui descubriendo con mi hermano y mis primos
recién llegados de Madrid.
Parecía un verano interminable,
persiguiendo una infancia que se iba
junto con los lugares que nunca conocimos realmente.
La ciudad caminaba con nosotros al ritmo de los Beatles
y otras ciudades poblaron nuestras vidas.
–                   Yendo a San Ángel desde la Condesa,
ya no mirábamos pues nos volvimos parte del paisaje.
La ciudad iba cambiando con nosotros,
íbamos rumbo a la universidad,
y de pronto dejamos de seguir
esos últimos cabos de la infancia,
ya no nos importaban, fingíamos ser otros
que la ciudad había dejado atrás desde hacía tiempo.

Alicia García Bergua (1954)
La anchura de la calle
Conaculta, México, 1995