Corrido de Valente Quintero (17-XII-2018)

 

Aquí me siento a cantar
con cariño verdadero
versos que le compusieron
a don Valente Quintero.
–          Valente se fue a Santiago
a ver sus nuevos amores.
Se fue con su carrillera,
con sus cuatro cargadores.
–          La querida le decía,
Valente, ¿qué vas a hacer?
El mayor anda tomado
y algo te ha de suceder.
–          Valente le contestó
De eso no tengas pendiente
al cabo si él es mayor
yo también soy su teniente.
–                   Aiiiii
–          Valente llegó a fandango,
les mandó tocar “El toro”;
–Si el mayor paga con plata,
yo se los pago con oro.
–          Los músicos le contestaron:
–No lo sabemos tocar,
Valente, tú andas borracho
y lo que quieres es pelear.
–          El mayor le contestó
Yo soy hombre de cuidado;
Valente, tú no eres hombre,
eres un ocasionado.
—               Aiiiij
–          Valente le contestó:
No soy hombre ocasionado
Con esta cuarenta y cinco,
no respeto ningún grado.
–          El mayor le contestó:
–Sea por el amor de Dios,
la tuya es cuarenta y cinco;
la mía quema treinta y dos.
–          Se agarraron de la mano,
se apartaron de la bola
y a los poquitos momentos
se oyeron tiros de pistola.
–          Valente está agonizando
dándole cuenta al Creador
alza los brazos al cielo
y dio un balazo al mayor.
–          Vuela, vuela, palomita
y si no vuelas detente,
éstas son las mañanitas
del mayor y de Valente.

Pascual Barraza
Sinfonola de cantares
Selección de textos,
José Luis Almeida
SEP, México, 1991

Elegía (29-VII-2018)

 

Humilde huerto mío,
testigo de mis desdichas y mis penas;
al llegar el invierno adusto y frío,
–           cayeron, ¡ay! marchitas
tus hojas y tus blancas azucenas;
y no cual antes, con mi plectro humilde,
contemplando la nieve que te cubre,
podré cantar mi gloria y mis amores
–           mientras viene de nuevo
la estación de las aves y las flores.
–           ¿Cómo esperar cantando
tu follaje, tus rosas, tus matices,
y el sonoro murmurio de tus fuentes,
si del otoño en el postrero día
con las últimas luces de la tarde
huyó también la luz de mi alegría?…
–           Sin aliento, sin fe, sin esperanza,
mientras de hojas y flores te reviste
al llegar otra vez la primavera,
–           indiferente y triste
–           veré romperse el hielo
que aprisiona las linfas del riachuelo.
–           Y cuando de tus aves,
de la brisa fugaz entre los giros
vuelva a escuchar el melodioso canto,
–           prorrumpirá mi llanto…
Tus auras poblaré con mis suspiros.

Gustavo Adolfo Baz (1852-1904)
El Parnaso mexicano (los trovadores de México)
Maucci Hermanos, México – Buenos Aires, 1905
José López Rodríguez, Habana

La conversación (19-III-2018)

 

En la jaula del pensamiento no cabe
el amor que no dan.
La mentira cubre el planeta. Hay
visitas que no llegan
y parientes prestados. Una hija
aniquila a su padre,
un tenor canta La Traviata.
La voz se recuesta en la sangre
como existir bajo el sol. Pasa
el poder vestido de célebres venenos.
Del otro lado estamos tristes,
con furias dudosas, tristes, y
amores llenos y vacíos que
marchita la indignación. ¿Eso
explica la prosa del mundo?
A veces ceso totalmente y se abren
los pedacitos del amanecer
en un rincón de la lengua.

Juan Gelman
Amaramara. Pinturas de Arturo Rivera
Granises / Secretarías de Cultura y de
Educación de la Ciudad de México, 2014

¿Para qué? (5-III-2018)

 

¿Para qué echar raíces?
Que ya se está acercando.
Ya oigo aullar la tormenta
que de cuajo las arrancará.
–         ¿Para qué cantar mis canciones?
Que ya se levanta el viento,
el viento que suavemente
las habrá de dispersar.
–          ¿Para qué plantar mis amores?
Ya habrá nacido la bella,
ya echa flor la hermosa
que me los va a robar.

Mariana Frenk-Westheim (1898-2004)
Y mil aventuras
Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1997