In memoriam (22-IX-2018)

Croquis sentimentales

Arrasados de lágrimas los ojos,
solíame decir: “Cuando me muera,
no vayas presto a mi sepulcro, espera
al claro mes de los claveles rojos.
–          “Entonces habrá pájaros y flores
y brisas olorosas a tomillo,
y esplenderán las lápidas con brillo
de lucientes cristales de colores.
–          “Entonces, alfombrados de verdura
hallarás, a tu paso, los senderos,
y la voz de uno o dos sepultureros
entonará canciones de ternura.
–          “Entonces ven a mi sepulcro; llega
risueño el rostro, alborozada el alma,
como el amante que en serena calma
al dulce afán de amar feliz se entrega.
–          “Cuando te acerques, alzarán los lirios
su cáliz ormesí, los nomeolvides
serán mis valerosos adalides
que han de vencer tus lúgubres delirios.
–          “Allí leerás mi nombre entre festones
de espigas frescas y de ramas nuevas,
y sentirás que dentro el pecho llevas
frescas también tus viejas ilusiones.
–          “Te inundará la vida de mi tumba,
y lejos de creerme entre los muertos,
soñarás un edén tras los inciertos
límites misteriosos de ultratumba.
–          “Y en tu imaginación contemplativa
verás cruzar mi sombra fascinada
por ensueño inmortal, que tu llegada
espera sonriente y rediviva.”

Balbino Dávalos (1866-1951)
El Parnaso mexicano (los trovadores de México)
Maucci Hermanos, México – Buenos Aires, 1905
José López Rodríguez, Habana

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Cobardía (25-VIII-2018)

 

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul!…
Pasó con su madre. Volvió la cabeza;
¡me clavó muy hondo su mirada azul!
–           Quedé como en éxtasis…
–                                                       Con febril premura
“¡Síguela!” gritaron cuerpo y alma al par.
… Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!

Amado Nervo (1870-1919)
En Gabriel Zaid, Ómnibus de poesía mexicana
Siglo XXI, México, 15ª ed., 1989

Tú también crees en el otoño (23-VIII-2018)

 

Tú también crees en el otoño,
en ese lento viaje con una tarde
que comienza a ser azul
mientras recuerdas que tu vida
se parece bastante a la tarde.
–           La lágrima de una luz intensa
puede ser secada con la memoria de una sonrisa
que te devuelve el amor
que el trueno permite el camino.
–           El tiempo
crece como un amanecer diariamente.
–           Hay un río donde los peces sueñan el mar
en una gota de oxígeno. Hay un hombre
que mira el mar pensando en el sueño del río.
–           Hay momentos así
para colmar con palabras el alma desierta.
Hay tardes vestidas con la sombra de un árbol
donde el sueño adquiere de pronto el nombre de un mar.
–           Pasan nubes
como seres que olvidaron su origen,
su pertenencia a las cosas
que obedecen a la lluvia.
–           La luz devuelve sus espejos.
Las aguas del tiempo
salen a relucir gotas
abriendo las ventanas de una soledad
para dejar entrar a los espíritus de la tarde
con todas sus sonrisas.
–           La ciudad que se queda mirando las cosas que dice la lluvia.
–           La tarde
confiesa ser hija de la luz,
resplandece en infinitas gotas sobre los tejados.
–           El tiempo perdido se desvanece
en el hondo aroma de la magnolia.
Hay señales de luciérnagas en penumbras
por el cuerpo sutil del martes
que la lluvia de esta tarde besa con infinita ternura.
–           En mi memoria se levantan algunos niños.
En mi mirada se encienden las luces de un barco.
–           La lluvia es una persona que se pone a conversar.

Mario Nandayapa (1964)
Estar siempre de camino
Gobierno del estado de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2001
Premio Estatal de Poesía Rodulfo Figueroa 2000

De “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” (22-VIII-2018)

A mi querida amiga Encarnación López Julvez
4. Alma ausente
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
–           No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
–          El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
–          porque te has muerto para siempre.
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
–          No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
–          Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
Federico García Lorca (1898-1936)
Obras completas
Aguilar, Madrid, 1960

Tres poemas (15-VIII-2018)

 

1
Sí, tú eras
la promesa de dicha,
de fusión y destino,
de integración completa;
insinuación ardiente;
anticipo del hombre
cabal hacia su triunfo.
Eras amor. Belleza.
–           Temía a la realidad que fuera a darme
una sombra tan sólo de lo que eras.

2
Y fuiste como el vértigo.
Un derrumbe de sueños, espanto del abismo
en que se hundió mi voz nostálgica de alturas.
Al temor de perderme entre tus brazos
creció el amor nutrido por la angustia.
–           De pronto me lanzabas hacia fuera,
hacia el choque continuo con los seres,
con las inesperadas realidades, ciega.
Tu recuerdo triunfaba de mis dudas
con un valor de cuerpo sin ausencia.
Era otoño, tristeza, hojas secas y muerte
y azar contradictorio me daba vida nueva.

3
Aquella vez, mis besos
se prendieron como húmedas orquídeas
al árbol siempre vivo de tu cuerpo.
–           Mito de luz tus ojos me llevaban
al oscuro dolor de tus orígenes,
a la prevista angustia de tu alma.
–           En el abrazo que la noche encubre
robaron al silencio los espíritus
el misterio del tiempo que no huye.
–           Y amor, en que viajamos en un vuelo sin alas,
cerró a la soledad el cauce rígido
por donde antes corrieran las palabras.

Carmen Toscano (1910-1988)
Rueca. Otoño
Año I – Vol. I México, 1941

De “Falsa presencia” (12-VI-2018)

 

VIII
¿En qué vida, en qué mundo, en qué alegría
ya se tocaron nuestros corazones?
¿En qué mares de luz, en qué regiones
caminamos unidos algún día?
–           Yo no sé, pero tiene el alma mía
huellas de tu dolor y tus pasiones,
y descubre en tus ojos atracciones
de miradas que ya te conocía.
–           Vago misterio entre los dos se enciende,
y es seguro que, al verme, recordaste,
como yo, que no éramos extraños.
–           Y en la nube de siglos que se tiende,
con tu clara presencia despertaste
un amor del amor de hace mil años.

Elías Nandino (1900-1993)
Letras vivas. Páginas de la literatura mexicana actual
SEP (SepSetentas 23), México, 1972

Nieblas (29-I-2018)

En el alma la queja comprimida
y henchidos corazón y pensamiento
del congojoso tedio de la vida.
……….Así te espero, humano sufrimiento:
¡Ay! ¡ni cedes, ni menguas ni te paras!
¡Alerta siempre y sin cesar hambriento!
……….Pues ni en flaqueza femenil reparas,
no vaciles, que altiva y arrogante
despreciaré los golpes que preparas.
……….Yo firme y tú tenaz, sigue adelante.
No temas, no, que el suplicante lloro
surcos de fuego deje en mi semblante.
……….Ni gracia pido ni piedad imploro:
ahogo a solas del dolor los gritos,
como a solas mis lágrimas devoro.
……….Sé que de la pasión los apetitos
al espíritu austero y sosegado
conturban con anhelos infinitos;
……….Que nada es la razón si a nuestro lado
surge con insistencia incontrastable
la tentadora imagen del pecado.
……….Nada es la voluntad inquebrantable,
pues se aprisiona la grandeza humana
entre carne corrupta y deleznable.
……….Por imposible perfección se afana
el hombre iluso; y de bregar cansado
al borde del abismo se amilana.
……….Deja su fe en las ruinas del pasado,
y por la duda el corazón herido
busca la puerta del sepulcro ansiado.
……….Mas antes de caer en el olvido
va apurando la hiel de un dolor nuevo
sin probar un placer desconocido.
……….Como brota del árbol el renuevo
en las tibias mañanas tropicales
al dulce beso del amante Febo,
……….así las esperanzas a raudales
germinan en el alma soñadora
al llegar de la vida a los umbrales.
……….Viene la juventud como la aurora,
con su cortejo de galanas flores
que el viento mece y que la luz colora.
……….Y cual turba de pájaros cantores,
los sueños en confusa algarabía,
despliegan su plumaje de colores.
……….En concurso la suelta fantasía
con el inquieto afán de lo ignorado
forja el amor que el ánimo extasía.
……….Ya se asoma, ya llega, ya ha pasado,
ya consumió las castas inocencias,
ya evaporó el perfume delicado.
……….Ya ni se inquieta el alma por ausencias,
ni en los labios enjutos y ateridos
palpitan amorosas confidencias.
……….Ya no se agita el pecho por latidos
del corazón: y al organismo activa
la congoja febril de los sentidos.
……….¡Oh ilusión! mariposa fugitiva
que surges a la luz de una mirada,
más cariñosa mientras más furtiva.
……….Pronto tiendes tu vuelo a la ignorada
región en que el espíritu confuso
el vértigo presiente de la nada.
……….Siempre el misterio a la razón se opuso:
el audaz pensamiento el freno tasca
y exánime sucumbe el hombre iluso.
……….Por fin, del mundo en la áspera borrasca
sólo quedan del árbol de la vida
agrio tronco y escuálida hojarasca.
……….Voluble amor, desecha la guarida
en que arrulló promesas de ternura,
y busca en otro corazón cabida.
……….¿Qué deja al hombre al fin? Tedio, amargura,
recuerdos de una sombra pasajera,
quién sabe si de pena o de ventura.
……….Tal vez necesidad de una quimera,
tal vez necesidad de una esperanza.
del dulce alivio de una fe cualquiera.
……….Mientras tanto en incierta lontananza
El indeciso término del viaje
¡ay! la razón a comprender no alcanza.
……….Y ¿esto es vivir?… En el revuelto oleaje
del mundo, yo no sé ni en lo que creo.
Ven, ¡oh dolor! Mi espíritu salvaje
te espera, como al buitre, Prometeo.

Laura Méndez de Cuenca