Mañana que se demora en los ojos (12-I-2019)

 

El gato [único sobreviviente]
y libros que ganaron sitio en el estante
se quedarán conmigo;
todo lo demás saldrá de casa en unos días.
Aquí las cosas seguirán como siempre,
ya sabemos que el tiempo es el mejor abortivo.
Entonces el cuarto ensanchará su respiración
y el aire cubrirá las paredes lastimadas.
Pesan tanto las fotos que se vencen:
racimos de memoria sobre el suelo.
Esta mañana se demora en los ojos,
parece que el amor tiene un desvelo de meses.
Recuerdo que amanecimos solos
con los años golpeándonos la puerta,
abrazados a no sé qué esperanza
y no supimos si soltar el llanto
o preparar café
para que el tedio se nos despertara.

Ángel Vargas (1989)
Límulo
Secretaría de Cultura, FETA, México, 2016

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Pantera (11-I-2019)

 

Me miraste pantera
De tus fauces colgaba el hilo
Por el que ascendí hasta allá
Hasta tu ojo amarillo
Que todo lo escudriña
Tus zarpas al hendir
Aquella piel que fuera humana
Pronto supieron la respuesta
De la otra pantera
Que tú supiste inventar.

Miguel Covarrubias (1940)
Sombra de pantera
Conarte / El Tucán de Virginia,
México, 2011

Muchacha con un loro en el hombro (10-I-2019)

 

De sol quebrado y de trópico,
islas y frondas y mar,
traigo el cristal metafórico
y hasta el relumbre sensual.
Cetrería desigual
de caricia y algazara,
el gancho del pico labra
la madeja de la mimesis,
por ceñir el grito en síntesis,
dando alcance a una palabra.
(Si la flor se despedaza
cuando la espina la toca
¿cómo puede esa tenaza
besarse con esta boca?
¡Cómo la canción se enrosca
en el áspero gañido!
¡Y cómo, siendo tan híspido
este duro coqueteo,
basta a endulzar el deseo
y a derretir el sentido!)

México, abril, 1943 –VS.

Alfonso Reyes (1889-1959)
Obras completas X
Constancia poética
Fondo de Cultura Económica,
México, 1959

Padre nuestro (9-I-2019)

 

Padre nuestro que estás en el cielo
Lleno de toda clase de problemas
Con el ceño fruncido
Como si fueras un hombre vulgar y corriente
No pienses más en nosotros.
Comprendemos que sufres
Porque no puedes arreglar las cosas.
Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo
Desconstruyendo lo que tú construyes.
Él se ríe de ti
Pero nosotros lloramos contigo.
No te preocupes de sus risas diabólicas.
Padre nuestro que estás donde estás
Rodeado de ángeles desleales
Sinceramente: no sufras más por nosotros
Tienes que darte cuenta
De que los dioses no son infalibles
Y que nosotros perdonamos todo.

Nicanor Parra (1914-2018)
Material de lectura. Poesía moderna. 126
Selección y nota de
Hernán Lavín Cerda
UNAM, México, 1987

El despertar (8-I-19)

A León Ostrov

Señor
la jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios
–          Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo
–          Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos
–          Señor
el aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre
–          Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada
(…)
–          Señor
Arroja los féretros de mi sangre
–          Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón
–          Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos
–          Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas
–          Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

Alejandra Pizarnik (1939-1972)
Material de lectura. Poesía moderna. 93
Prólogo y selección de
Miguel Ángel Flores
UNAM, México

La rosa del ciego (7-I-2019)

¿Qué soy en ti, si el odio se levanta
con su oscura prisión entre tus labios?
¿Cuál es mi voz, si tuya es la palabra
–          que se queda en silencio al separarnos?
¿Por qué mi solo cuerpo es una llama
y es una sed la sombra de tus brazos?
¿Acaso mi dolor no te acompaña,
como el aire a la luz, tu mismo llanto?
–          Solo mar que navego. Soledad.
Lento grito de arena en los oídos
donde va mi silencio con el mar.
–          Cómo sueño tu nombre, si voy ciego,
si mis ojos los llevas, tú, contigo,
rosa eterna del sueño, sin llorar.

Jorge González Durán (1918-1986)
Desareno precedido de
Ante el polvo y la muerte
Fondo de Cultura Económica, México, 1988

El cuarto Rey Mago (6-I-2019)

 

Para Emmanuel Carballo Villaseñor

–Me lo trajeron los Reyes Magos –dijo Fermín, y metió la cuchara en la crema de pimientos tiernos que Toña acababa de servirle.
–¿En mayo? –se escandalizó la tía Celia.
Algo iba a decir el Nene, pero las primas memoriosas lo miraron de mala manera.
–Fue hace dos años, o cuatro –explicó Fermín–, pero antes no me quedaba –y alzó el brazo para que lo viéramos.
–¿Vas a apagar tu cigarro? –preguntó la Beba botando en el plato una flota de aros de cebolla.
La tía Martucha estaba de dieta y no respondió. Aspiró el humo y lo dejó escapar hacia las cenefas de estuco.
–Voy a escribirles otra vez –dijo Fermín muy serio, mientras cuchareaba la sopa.
–¿En mayo? –insistió la tía Celia, que estaba esperando el agua de arrayán.
–Y ¿qué más si es mayo? –exclamó Martucha, malhumorada porque no se había dejado seducir por las tostadas de cazón.
–¿Estamos en mayo? –preguntó Fermín.
–En mayo, en agosto, cuando se te dé la gana –siguió Martucha y enseguida, con la voz reblandecida, con aire de misterio–. Esas cartas a destiempo van a dar a manos del cuarto Rey Mago.
La Beba resopló molesta, ahuyentando el humo con las manos. El Nene abrió la boca para decir algo, pero optó por morder un pedazo de pan. Martucha esperó hasta que el silencio fue tan denso que pudimos escucharlo.
–El cuarto Rey Mago –dijo la tía con su vocecita de clavo– era un astrólogo poco competente. Se equivocó de estrella. Olvidadizo. Desorientado. Llegó al pesebre mucho tiempo después que los demás.
Toña apareció en la puerta de la cocina con los canelones al ron, pero no se atrevió a entrar.
–No se dio por vencido –siguió Martucha–. Regresó a sus libros y a sus apuntes. Salió cada noche a escudriñar los cielos. Cruzó mares y desiertos. Siguió nuevas estrellas. Incansable y torpe, siempre llegó tarde. Años y años pasó en su empeño. Todo lo perdió. Familia, amigos, fortuna. Los días y las noches.
–Es una historia muy triste –suspiró Celia.
–Hasta que lo alcanzó –prosiguió Martucha con las manitas crispadas–. Porque finalmente dio con Él. Claro que para entonces el cuarto Rey Mago era ya un anciano. Y aquel cielo no tenía estrellas. Y Jesús no era ya un niño. Estaba en la cruz.
Celia iba a sollozar, pero prefirió servirse más agua.
–Y el cuarto Rey Mago tuvo miedo de haber llegado definitivamente tarde. Pero Jesús todavía estaba vivo, así que el astrólogo, con el corazón desbocado, comenzó a buscar entre su ropa el regalo que había cargado toda la vida para el Niño divino y, con horror, descubrió que no lo llevaba. Tal vez nunca lo tuvo encima; tal vez lo olvidó desde que comenzó su aventura, tanto tiempo atrás. Ya les dije que era distraído.
–Quiero más sopa –pidió Fermín.
–Y entonces sí, el cuarto Rey Mago sintió que lo había echado todo a perder. Sintió un dolor tan intenso que de los ojos envejecidos dejó caer tres lágrimas. Y Jesús, conmovido por la constancia de aquel hombre, hizo aún un milagro y le convirtió las lágrimas en perlas, para que el astrólogo, a pesar de su impericia, tuviera qué regalarle.
–¿Me sirves, tía? –insistió Fermín.
–Así que ahora él tiene a su cargo las peticiones hechas fuera de tiempo. Seguro que él recibió tu carta –terminó Martucha mientras aplastaba la colilla con un gesto de suprema elegancia.
–Yo les pedí otra cosa –protestó Fermín con el plato extendido, mientras Toña partía en dos la tarde con el aroma de los canelones.
–Ya te dijeron que es distraído, niño –refunfuñó la Beba, que no encontraba el pañuelo y se quería sonar.

Felipe Garrido (1942)
Conjuros
Jus, México, 2013