Infancia (1°-X-2017)

Todo escapa borrado en su blancura.
Asesta al fondo
más allá de los ojos,
donde una niña
                       brinca en el abismo de su pie.

Una navaja rasgará la oscuridad,
confundirá los límites del hueco,
en el hocico profundo de la infancia.

Habita el polvo de arroz
               bajo la sombra de las cosas pequeñas
y se desviste de sí misma
tocada por un ángel.

Marianne Toussaint

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Mapas de humedad (23-VI-2017)

En la penumbra lunar de la ventana
sobre las paredes blancas de cal,
dibujo.
         Los ángeles olvidaron aquí su sombra,
su íntimo demonio.
¿Qué imanes los ubican?
Viajeros en su mapa de humedad.      
         Rabat está siempre iluminado de jazmines
pero es el sueño más oscuro,
un vuelo equivocado
                               alas sobre los ojos.

Marianne Toussaint

La Torre del pájaro (1°-VI-2017)

I
En el sueño de la ciudad
somos poros de una piel que se prolonga.
El jadeo de la siesta
como un lento fuelle asciende por los muros.
El verano nos retiene entre sus calles.
         Soy el eco de su voz,
nací con su memoria.
Ella habitó mis ojos,
desdibujó mi frente,
nombró sus signos en el viento acañonado.
Cada día más ajena perdí el rastro
Me adormecí levantando sus murallas.
         Me dejó entrar en su vaho,
desvestirme del luto infantil.
Signé con saliva las plantas de mis pies
y me adentré en la travesía.

II
La roja luz entre las ruinas
lleva en su corriente
la sombra de empalados,
con su gesto ambiguo de dolor y desprecio
único e irrevocable de todos los varones.
El sudor de las batallas,
el chapoteo de la guerra entre las botas,
acumuló bajo las bancas de la iglesis
el fino lienzo de las plegarias.

III
Bajo la luz cenital del mediodía,
parecen salir
de su oscuridad las cerraduras,
invitar a la profanación del sueño.
         Sus calles vacías nos condenan:
–¡Inclina la cabeza, agacha el corazón,
uno más entre nosotros no es nadie!

IV
Los pájaros, perdimos la voz
entre las altas murallas,
se la hemos prestado a la ciudad
para formar un manto de murmullos
que cubra las heridas de su rasgado cielo de torres.
Sólo junto a Ella cantamos el himno de los días,
y atamos en un puño el lamento de los varones.

V
Las viejas salen al río para trenzar
el vaho de la noche.
Predican el rumbo contrario de los vientos,
descuajan las estacas del orden,
extienden un círculo de sombra
y aguardan la llegada de algún hombre.

VI
Su frío nos derrumba.
Convocados al vapor de la tetera,
en su desamparo, nos atrevemos
a garabatear la idea de ser alguien.
Pero el espejismo de su ausencia
es un ojo blanco sobre nosotros.

VII
Vamos a llorar, madre,
vamos a llorar como lo pediste,
encerradas, doblando la cerviz.
Voy a incrustar en la argamasa de estas piedras
como un grano de sal, perdido
mi nombre en las murallas.

Marianne Toussaint