Un epígrafe (1º-XII-2018)

 

–¿Y las leyes?
–          –¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley, de ahora en adelante, la vamos a hacer nosotros.
. . . . .
–          El cielo era todavía azul. Había pocas nubes. El aire soplaba allá arriba, aunque aquí
abajo se convertía en calor.

Juan Rulfo (1917-1986)
Pedro Páramo
Fondo de Cultura Económica,
México, 1955

Bailarina nocturna

En memoria de C. Bukovsky

De plástico divino,
tus pechos son gardenias exactas,
petrificadas, diáfanas.
–          Palabras mías: voces roncas que susurran
bajo la melodía perfecta de tu tanga.
–          Infinitas tus piernas culminan
en el ardor de unos tacones de ave.
–          Soy un hombre condenado por tus gastadas caderas
Por el breve espacio en una canción escondida;
Soy un hombre perdido por tu barato olor a durazno
y por tu mirada fija
fija siempre en la nada.

Teresa Cepeda
Tierra de entrañas
Canguro Bolsón, Cuernavaca, 2013

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