De El tuyo, el mismo (24-VI-2017)

XXV
Para Rodolfo Marcos

Hay una mujer sobre esta acera suspirando de amor.
Un hombre camina por el otro sendero de la calle
Colmado por el deseo.
No se conocen.
Paciente doncella, la luna
pasea por el firmamento.
         En las luces extintas de las ventanas,
en los cuartos luminosos de los hoteles,
incontables encuentros corporales y el Amor
consuman su obra de gritos y silencios.
         A poca distancia del balcón que me sostiene,
un hombre sucio, aparentemente viejo,
quizá alcohólico,
permite que la muerte lo trabaje.
         Mi mujer duerme,
mi hijo juega con las formas de sus sueños
y un murmullo
nace en el lejano condominio de allá enfrente.
         Enciendo un cigarrillo con la mera intención de que mi rostro
iluminado por la resplandeciente brasa
pase lista en la ignorada línea
–si la escribe–
de algún ingenuo constructor de versos.

Bernardo Ruiz

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