A fin de cuentas… (10-V-2018)

 

A fin de cuentas, uno se muere
y ya
mientras las sábanas sueltan su olor
a piel de yerbabuena
–         para el té que no podrá curar
ausencias, la tuya, la de tantos,
–         al igual que esos medicamentos indeseables
que solamente prolongan el estar aquí
cuando nuestros deseos no son designios
sino aullido de perro abandonado
–         en este tránsito donde la soledad
me vuelve rencoroso
para mal convivir conmigo y otros.
          Aunque te sueño a diario, casi,
y eso nos acerca,
tu recámara vacía donde monologo
no me cura este dolor que cargo al caminar
conmigo a cuestas.
–         No me entiendo, aún no sé lo que busco
porque nada concreto;
soy reverencia ajena de quienes todo ignoran
de mí
y lejanía de cuanto busco amar.
–         Para qué estoy, para qué me dejaste
tan yermo como nuestra casa
donde un frío de invierno me congela.

II
Uno, los demás, también se mueren,
dicen
–         pero aún sigo aquí
como mi aguacatal que le cayó una plaga
tal vez porque te fuiste
–         o porque mi tiricia lo contagió
y no quiere dar frutos.
–         Sabes tantas cosas que no sé y no tendré
respuestas
porque no pregunté en tu tiempo,
cuando tu voz me acariciaba
y me curaba el miedo de vivir;
–         cuando esta casa era hogar y refugio seguro
porque estabas.
–         Me he vuelto apenas un hueco entre tus sueños
donde me arropas para contarte
lo que me preocupa sin que lo sepa resolver;
–         para esperar de ti, mientras me abrazas,
ese consejo que me dejaste untado
cuando prometiste no abandonarme nunca.

III
Tal vez ya no es lo mismo que eso es todo.
–         Diría, acaso, estoy aquí, pero, ¿en verdad estoy?
¿Estamos?
–         Sólo es una pregunta que me hago
después de cada noche cuando platico con mis muertos,
con los que ya se han ido,
–         en mis sueños, como gran privilegio,
aunque sé que igual que yo casi no pertenecemos
a esta tierra,
pero estamos iguales
–         y puedo preguntarles algo, jugar con ellos,
vivir cosas pasadas y presentes,
sentir el gran cariño entre sus brazos
hasta borrar el tiempo,
porque en el sueño y en la muerte no hay horarios.
–         El sueño es la pasión de un bien morir;
si pudiera elegir escogería un buen sueño,
con mis personajes favoritos,
al momento de dejar este sueño que vivo en carne propia.

IV
Hoy espero soñar contigo, madre,
para seguir vivo
–                          un día más.

Julio Ramírez (1953)
A fin de cuentas
Gobierno del estado de Oaxaca (en preparación)