Alta traición (3-IX-2018)

 

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
–y tres o cuatro ríos.

José Emilio Pacheco (1939-2014)
En La patria en verso. Un paseo por la poesía cívica en México
Selección, comentarios y notas de Felipe Garrido.
Conaculta, UANL, Jus, México, 2012

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México: vista aérea (24-IX-2017)

Desde el avión
                        ¿qué observas?
Sólo costras
                   pesadas cicatrices
de un desastre
                      Sólo montañas de aridez
arrugas
           de una tierra antiquísima
volcanes

               Muerta hoguera
tu tierra es de ceniza
Monumentos que el tiempo
erigió al mundo
                         Mausoleos
sepulcros naturales

Cordilleras y sierras nos separan
Somos una isla de aridez
y el polvo
reina copiosamente entre su estrago

Sin embargo la tierra permanece
y todo lo demás

José Emilio Pacheco

Discurso sobre los cangrejos (25-VI-2017)

En la costa se afirma que los cangrejos
son animales hechizados
y seres incapaces de volverse
a contemplar sus pasos.
         De las tercas mareas aprendieron
la virtud del repliegue, el ocultarse
entre rocas y limo.
         Caminantes oblicuos,
en la tenacidad de sus dos pinzas
sujetan el vacío que penetran
sus ojillos feroces como cuernos.
         Nómadas en el fango y habitantes
en dos exilios
extranjeros
ante los pobladores de las aguas
y ante los animales de la tierra.
         Trepadores nocturnos,
Armaduras errantes,
hoscos, eternamente fugitivos,
siempre rehúyen la inmortalidad
en imposibles círculos cuadrados.
         Su frágil caparazón
incita al quebrantamiento,
al pisoteo…
         (Hércules vengó así la mordedura
y Juno que lo envió en misión suicida
para retribuirlo situó a Cáncer
entre los doce signos del Zodíaco
a fin de que sus patas y tenazas
encaminen al sol por el verano,
el tiempo en que germinan las semillas.)
         Ignoro en cuál momento dio su nombre
a ese mal que es sinónimo de muerte.
Aún al terminar el siglo veinte
permanece invencible
–y basta su mención para que el miedo
cruce el rostro de todos los presentes–.

José Emilio Pacheco