Chimalistac (4-III-2018)

 

Todos los silencios se parecen
pero ninguno como el de Chimalistac.
En la fuente sin agua
era duro como la piedra
y como la piedra, desnudo,
pero la piedra no era la piedra,
todavía.
Las cosas callaban y yo era niña,
libre el silencio era todo
o casi todo.
Los árboles al borde de ser árboles
hasta que la voz de mi madre
llamaba a comer.
Mientras busco entre las piedras
el rastro de aquel tiempo
alguien pasa y mira la casa amarilla
que ahora es blanca,
mira la ausencia de mi madre en la ventana,
mira, no mira nada y se marcha.
Sus pasos se llevan a aquella niña lejana
para siempre.

Beatriz Novaro (1953)
Desde una banca del parque
Conaculta, México, 1998

Pianista (6-X-2017)

El viejo pianista del bar
no toca para ser escuchado.
No padece la sala vacía
ni toca para los muertos,
sólo persigue el ritmo
que madura en el piano
como un fruto sencillo.
Sólo es fiel a su estar ahí
como el piano,
como la noche.
El viejo pianista del bar
toca indolente por el que no vino,
el que no tuvo tiempo ni ganas,
el que no necesita de música
ni de recuerdos.

Beatriz Novaro

Mujer gorda en la ventana (1-IV-2017)

No hay prisa en sus ojos,
sólo costumbre de estar sola.
Su mirada fija en las pausas que dejan los coches,
atenta a los huecos,
a lo que falta.
Apoya su cara en el vidrio frío
y se acompaña.
Mira sus manos redondas y pequeñas,
palpa sus senos grandes y calientes,
piensa en sus pies y sonríe maternal.
Espesa y dulce como una buena sopa,
murmura,
y sin embargo tan sola.
Se sabe afuera pero no sabe de qué.
Nadie nota su pasión
pesada y gorda en la ventana.

 

Beatriz Novaro