Última entrega (9-VIII-2017)

Tierra –poema eterno y preferido
por el sueño de todos– silenciosa,
en ti mi cuerpo queda con la rosa,
libre de su perfume, confundido.
         En ti mis ojos y mi labio ardido
buscan entre tus venas la espaciosa
forma donde la voz fue presurosa
carne a la sangre por el canto herido.
         Contigo, tierra, en tu elemento puro,
mi cuerpo sólo en su dolor se engaña.
El polvo consecuente, el polvo grave
         en sus manos me deja.
                                              Y en la entraña
ofrece ya la misteriosa clave
con que ha de descifrar el sueño oscuro.

Adalberto Navarro Sánchez