Límite (13-X-2018)

 

Tres mil millones de latidos, más o menos,
nos dura el corazón y luego se endurece
casi como una roca, y deja de querer,
y de llevar respiraciones a su fragua
para transubstanciar el viento en esa cosa roja
parecida a los mares.
–          Es por eso que la vida nos parece tan breve,
por la pereza del valiente corazón,
que al llegar a ese número claudica
desamparando a los tejidos que quiso en otro tiempo,
a las trabajadoras células amadas,
a las novias de antaño, y se despide
diciendo que no sabe, que lo abruma el misterio
del número que sigue a ese latido.
–          La noche es como un perro que enloquece
de vez en cuando y muerde a quien lo cuida;
un animal impredecible que todavía nos quiere
pero del que sabemos sólo unas cuantas costumbres
(alguna vez le hicimos quizá vagos estudios
que redundaron en una anatomía
que después olvidamos).

Ángel Miquel (1957)
Premio nacional de poesía
joven de México. Treinta años
Selección, nota introductoria
y prólogo de Eduardo Langagne
y Juan Domingo Argüelles

Anuncios