De “Papel revolución” (14-VI-2018)

 

Paso las hojas…

[…]
Paso las hojas,
mis ojos miran
los dibujitos gruesos,
las líneas que mezclan
amarillos y azules,
rojos, verdes y blancos.
De tres colores una patria.
Los otros niños
contemplan sin mirar su propia historia.
Escriben nombres, apellidos,
un lugar en quién sabe qué recuerdo,
números en la voz de la maestra.
Una muchacha
de apenas veinte años.
Los pies muy grandes,
las piernas largas,
los pechos pequeñitos,
cadera de ánfora
y ojos caídos
como llorando, tan egipcios.
Los ojos de ámbar, tan enormes.
Las hojas pasan
–un olor a papel–
y los soldados,
escopeteros, ballesteros,
o en sus monturas,
unos con picas,
otros más con estoques,
pasan cargados de oro;
tratan de abandonar
México-Tenochtitlan.
Un ruido de papel en las miradas.
“Estaba con nosotros un soldado
que se llamaba a sí mismo Botello”.
“Muchos decían que era nigromante”.
“Algunos lo llamaban astrólogo”.
“Botello había dicho
que aquella noche
debíamos partir de México”.
Cuatro figuras
en forma de ángulo.
Una carta con círculos y triángulos.
Escorpión en la casa de la luna.
Una cola que tuerce al aire.
“Se dio la orden de hacer un puente
que sirviese de paso
a la caballería y al fardaje
y, para resguardo
de las bombardas,
escogieron doscientos
cincuenta tlaxcaltecas
y alrededor de ciento
cincuenta castellanos.”
La historia no se mueve
en la pintura
sobre el papel revolución del libro.
Los monitos avanzan congelados.
Se agita un río inmóvil,
un río de aire que nadie ve.
Cortés reparte el oro.
“Pide a los escribanos
den testimonio
de que no puede más tenerlo”.
Escribe Bernal:
“nunca tuve codicia de oro”.
Y como la desdicha
alcanza casi
todas las cosas
llueve a cántaros sobre la ciudad,
los corceles resbalan,
“ya no sé cuántos mueren a pedradas”.
“¡oh, oh, Cuilones!”
“Les acudimos
en cuchilladas y estocadas”.
Cortés logra llegar
a Tacuba que alcanzan
otros capitanes más.
La lluvia no dejaba ver los rostros.
Una blanca cortina de agua oscura.
Los caballos caían en el lodo,
rodaban en las duras losas.
“Los mexicanos
nos aseteaban”.
“De los soldados
de Pánfilo de Narváez
murieron muchos más
que de los de Cortés
por huir con el oro”.
Afuera de la clase también llueve.
Un chipichipi pertinaz
moja el extenso patio
de nuestra tosca escuela de gobierno.
La maestra sentada
cruza las piernas.
Nos estremece.
No podemos dejar de ver
ese color de sombra
entre los muslos.
Nos mire que miremos otra página.
[…]

Víctor Manuel Mendiola (1954)
Papel revolución
Ediciones Casa Juan Pablos /
Ediciones Sin Nombre, Méxio, 2000

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La enredadera (5-IV-2018)

 

Recostado en la hierba del jardín,
me llamó la atención la enredadera.
Levanté con las manos la cabeza
para mirar su impulso de raíz.
Y supe que en su fuga se concentran
los ritmos de las sombras y un fluir
de insectos en las hojas. Comprendí
por ella la salud de la sorpresa.
Incorporé la espalda ante el prodigio
de la verde cortina vegetal.
Me sacudió su exuberancia en orden.
Y entendí su silencio primitivo,
su terca lentitud de oscuridad,
sus notas graves y su fuga enorme.

Víctor Manuel Mendiola (1954)
Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982
Margarito Cuéllar, Mario Meléndez,
Luis Jorge Boone y Mijail Lamas
UNAM / UANL, México, 2012