La Alameda (18-V-2018)

 

En los veranos rojos, cuando a los mediodías
desata los bozales de sus perros el sol,
¿quién no gozó tu abrigo, quién ignoró las pías
frescuras que derrama tu inmenso parasol?
–          ¿Quién, en el sueño rosa del minuto romántico,
no, tembloroso y pálido, se detuvo al pasar
bajo tu fronda amiga, para esparcir el cántico
del beso en el propicio sortilegio lunar?
–          ¿Qué anhelo, mozo y fuerte, no se prendió a una falda
errante por tus claros senderos de esmeralda?
¿O qué infantiles pasos no fueron por tu alfombra
–          tras el fugaz insecto de alas de rosicler?
El grande y el pequeño ven brillar en tu sombra
la mentira dorada, mariposa o mujer.

Rafael López (1873-1943)
Obra poética
Conaculta, México, 1990

Inquietud (16-VIII-2017)

Falda sucinta. Cortos cabellos como un ala
de golondrina. Grácil y ambigua la silueta.
Por la mañana tienes aire de colegiala
y en las tardes asumes aspectos de violeta.
         Ave, flor, colegiala; va un anhelo profundo
imantadas las manos a la triple visión;
las pobres manos huérfanas de los bienes del mundo
y que siguen clavadas en cruces de pasión.
         Manos que en los ayeres gozaron el tesoro
latente entre las blondas y obscuras cabelleras,
hoy por torcer un rizo cual sortija de oro
entre los dedos pálidos, se vuelven limosneras.
         Falda sucinta –rosa de fuego en el paisaje
nocturno que me cerca con su niebla enemiga.
Cabellos cortos –alas de golondrina en viaje
que en lejanos orientes acuestan mi fatiga.
         Ansiedad y deseo, siempre dulces venenos,
en mi copa vacía pone tu juventud
y como en doble concha colgada entre tus senos
te llevas la preciosa perla de mi quietud.
         Mientras voy por la tarde soñando en tu alborada,
ya que la vida en fuga no me escucha en su prisa,
seme un poco fraterna: como a buen camarada,
para que me acompañe, déjame una mirada,
y cuando me recuerdes, guárdame una sonrisa.

Rafael López