Río (13-X-2017)

Cinco haikús

No sorprende
que el río se vaya,
sorprende que permanezca.

El viento
es un río
que sueña.

Bajan todos nuestros llantos
confundidos
hasta el río.

Sombra del río
cruza las nubes
como un augurio.

Río turbio, 
lleno de vida
contaminante.

Carmen Leñero

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El cuarto vacío (28-III-2017)

Reservas una habitación, llamas
por teléfono y le dices: “Aquí estaré,
ven si me deseas”, y te quedas a esperar
que no aparezca.

 

Hemos pasado ahí mil tardes.
A veces no pides que me dé vuelta.
A veces te quedas medio vestido.
Son siempre las siete y cuarto.
Horas antes hojeaba unas revistas
simulando que estaba en otro sitio.
            Pienso en bañarme, pero no quiero
mojar todavía las toallas.
Pienso en bajar, pero me quedo.
Cuando ya estoy serena tocas.
El corazón me golpea en el pecho.
No sabré qué decir cuando me veas.
             Entonces una mano mágica se encarga
–al fin son encuentros ensoñados—
y el asunto se resuelve en la penumbra
dios sabe cómo, con pureza.
Cada vez es única y es tensa.
Cada detalle, sin temor, abarca todo.
            No hay ningún luego imaginable.
Antes sólo una llamada sorpresiva,
una estrategia temblorosa,
la falta de apetito, el pudor
y las horas aplastantes
hojeando una revista.
             Hubo una sola vez en cambio,
toda la tarde y la noche entera,
las toallas completamente intactas,
–y esa tarde eran toallas verdaderas—
la llave tambaléandose en su gancho
ociosa detrás de un mostrador.
             ¡Qué inútil prevención mi neceser
y mi corpiño nuevo a la antigüita!
Y es que hay días que no me salen
las palabras. Ya pasarán, me digo,
estos años vergonzosos y el calor
en el cuarto vacío de cada hotel.

 

Carmen Leñero