Epístola a una dama que nunca en su vida conoció elefantes (17-IX-2017)

Hay elefantes blancos que no son comunes;
son como la gallina que pone huevos en lunes.

En realidad, los elefantes
no tienen la importancia que nosotros les dimos
antes.
Son como una señora con los senos opimos
los pobres elefantes.
         El símil no es exacto pero da bien la idea:
el elefante tiene su trompa y la menea
con el fláccido ritmo que la dama sus senos…
Y se parecen mucho aunque usted no lo crea.
El símil no es exacto pero eso es lo de menos.
         Dice un proverbio indio: “Haz que tu amada ostente
la gracia quebradiza de un joven elefante…”
He allí un símil, señora, un si es no es imprudente
y clásico, no obstante.
         Cuando usted me decía: Yo no creo en elefantes…
abrigaba mis dudas.
Opiniones ajenas no son siempre bastantes:
la jirafa, el camello, ciertas aves zancudas
son menos admisibles. Como dije a usted antes
gusto hablar de animales con el pelo en la mano.
         Como errar es humano
perseguí paquidermos por los seis continentes
–el antártico incluso– por verdades fehacientes
en dinero y cuidados no paré nunca mientes.
Hay elefantes blancos pero no son comunes;
son como la gallina que pone huevo en lunes.
         Los usan en los circos y en las cortes fastuosas
para atraer turistas y algunas otras cosas.
         Los elefantes son, más comúnmente, grises:
a veces son gris-rata, a veces son gris-perla
y tienen sonrosadas como usted las narices.
Cuando miro elefantes, siento anhelos de verla
y estrecharla en mis brazos, como en tiempos felices…
Los elefantes son, más comúnmente, grises…
Un rajah de la India, por razones que ignoro,
arrancó los colmillos a su fiel proboscidio
quien se pudo, ipso-facto, dentadura de oro
y murió ipso-facto,,, ¿fue piorrea? ¿fue suicidio…?
         ¿Un rajah de la India? Eso sí es hilarante, hilarante
sobre todo en el cine con un buen comediante…
Un defecto, no obstante
tiene –justo es decirlo– el amigo elefante:
la epidermis que cubre su maciza estructura
es tan dura, tan dura
que adecuarse no puede a la industria del guante.
         De otros puntos de vista este gran paquidermo
es tan útil, señora,
como un cambio de dieta a un estómago enfermo…

Renato Leduc

Invocación a la Virgen de Guadalupe y a una señorita del mismo nombre: Guadalupe… (3-IV2017)

Hay gente mala en el país,
hay gente
que no teme al señor omnipotente,
ni a la beata, ni al ínclito palurdo
que da en diezmos la hermana y el maíz.
Adorable candor el de la joven
que un pintor holandés puso en el burdo
ayate de Juan Diego.
El sex-appeal hará que se la roben
en plena misa y a la voz de fuego.
Tórrido amor,
amor no franciscano el que le brinda
año por año turbulenta plebe
mientras pulque y fervor,
en frescos jarros de Oaxaca, bebe.
Una reminiscencia: Guadalupe
era tibia y redonda, suave y linda.
Otra reminiscencia:
a ella fui como el toro a la querencia,
por ella supe todo cuanto supe.
Negra su cabellera, negra, negra,
negros sus ojos,
negros como la fama de una suegra,
tan lúcidos provocan y tan propios
el guiño adusto de los telescopios.
Vestida de verde toda
iba –excepto los labios rojos
y los dientes– vestida de verde-oruga,
verde-esperanza o lechuga,
verde-moda.
El indio grave que a brazadas llega
mar cruzando, picado de aspereza,
a su santuario,
y la mujer infame que navega
con virtuosa bandera de corsario…
Ojos dieran, los ojos de la cara
sólo porque a la vuelta de una esquina
la pequeña sonrisa que ilumina
de luz ultraterrestre su cabeza,
los bañara…
La flapper y el atleta
piernas dieran –milagros de oro y plata–
si la clara
ternura de esta Virgen los bañara
al llegar a la cama o a la meta.
Manos de oro colgara
manos, el acreedor hipotecario
colgara, y el ladrón y el funcionario
si sus ojos veteados de escarlata
esta risa una vez iluminara.
Amapolas
que en suspiro se deshojan solas;
testimonios fehacientes de mi fe;
rosas inmarcesibles… por un día
opio de teponaxtle y chirimía.
Anhelantes de sed y de impotencia
en turbias fuentes beberemos ciencia…
¿para qué…?
Si el caramelo que mi boca chupe
será siempre tu nombre: Guadalupe…

Renato Leduc