La mujer de mi padre (21-X-2017)

La mujer de mi padre, tantos años soñada,
deseada ansiosamente. Anhelada mujer,
aspiración de un hombre de ojos agudos, claros,
horizonte de azules y sinceros parajes.
La mujer de mi padre, en la hora serena
le devuelve la vida a su esposo en los sueños,
habla con él un poco y se divierten juntos
cuando cierran los ojos en una nueva alcoba
y mi padre de nuevo la desea. La desea
como siempre lo hizo en su anhelo logrado,
cuando por vez primera la miró caminar
joven y hermosa, plena, hacia él, absorto.
Porque mi padre sueña con su mujer de nuevo
y mi madre, que es ella, la mujer de mi padre,
sueña con él también, cuando bailaban juntos
y un reloj a su espalda ya marcaba las cuatro
de alguna madrugada que bailaba golosa
llena de vida, amándolos. La mujer de mi padre
sonríe mientras duerme porque está con su esposo.
Nadie los interrumpa. Vamos despacio, hermanos,
salgamos silenciosos de su alcoba ensoñada.
Ningún reloj apura su danza interminable.

Eduardo Langagne

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Cinco muchachas del barrio (23-IV-17)

La foto es colorida
Las muchachas del barrio sonríen
a quien solicitó una palabra simultánea
y oprimió el obturador.
          La foto es anterior al terremoto de 1985,
anterior a la pérdida,
anterior al deterioro de los tiempos.
          Sólo cuatro de las cinco chicas sonríen.
Tal vez una de ellas no atendió la señal
o miraba hacia un recuerdo muy lejano.
          ¿Por qué tengo esta foto de las cinco muchachas?
          Al imprimir el instante de la luz en el papel sensible
nadie sabe cuál de ellas morirá unas semanas más tarde
en una curva traicionera
junto al muchacho que apenas aprende a dirigir
y sustrae el automóvil del padre adormilado.
          ¿Quién de ellas casará con el joven heredero
que no llegó a la fiesta de esa noche?
          ¿Cuál de ellas vivirá en el extranjero
con un hombre que la golpea y le enseña
a inhalar un polvo de entusiasmo fugaz?
          ¿Y cuál es la que busca a una hija extraviada en la frontera?
–Si creemos que lo único que ha perdido es la juventud
estamos equivocados–.
          La muchacha que en la foto no sonreía
es la única que está sonriendo ahora.

Eduardo Langagne