Calle de Amsterdam (6-V-2018)

 

Mis pasos en esta calle
resuenan
–          en otra calle.

Octavio Paz, “Aquí”

Camino por la calle de Amsterdam
y no sé si estoy en un sueño
o si se trata de la prosa indistinta de los días
–y llego tarde a ver a mis amigos.
Pero, ¿cuáles amigos? Yo no tengo amigos.
Quizás es una pesadilla que se introdujo
en la realidad. Veo fluir sobre mi cabeza
una bocanada de aire negro –es el smog
que en estos días alcanza una densidad
sin precedentes. A mi lado alguien grita,
se oye un disparo, un niño cae de una bicicleta
y sangra, dos automóviles que chocan
producen un ruido enloquecedor que dura
una fracción de segundo. La locura queda ahí,
el miedo permanece, el asombro teñido de angustia
dura y se endurece. ¿Qué importa si es un sueño,
una pesadilla dentro de la realidad
o la realidad misma, con sus erizamientos,
miserias, embrutecimientos y dolores?
Yo no tengo amigos. ¿Tengo amigos?
¿He tenido o tendré amigos alguna vez?
No me importa dónde los encuentre,
con tal de que no llegue tarde a verlos, aquí,
en este sueño o pesadilla, o allá, en este aquí
que puede ser la realidad de la calle de Amsterdam,
en una Ciudad Irreal o en la Dimensión Desconocida.

David Huerta (1949)
La música de lo que pasa
Conaculta, México, 1977

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Lo que veo (12-III-2018)

 

Veo los espejos del Espíritu
enganchados
en el oscuro labio de la virtud.
–         Veo racimos de impactos
depositados entre el follaje
de la serenidad hipnotizada.
–         Veo la escritura de murmullos,
la caligrafía de las cosas,
el hondo rasgo
de un ampersand entre dos nombres.
–         Veo larvas, pipas
y tenedores junto
a enciclopedias turbias.
–         Veo la mugre y la belleza esbelta
de una botella labrada
y el laberinto de una alfombra.
–         Veo rutas abandonadas
y caminos iluminados por la codicia.
–         Veo los reflejos y las curvaturas,
el irregular cuerpo de letras
de un poema, los pozos instantáneos
de un espasmo, las aguas envolventes.
–         Veo tus brazos en la delgada luz
del mundo atardecido
y el consuelo de tus labios
sobre el azul despliegue de los fenómenos.

David Huerta (1949)
La música de lo que pasa
Conaculta, México, 2004

Algunos deseos (26-VII-2017)

Que vuelvas a ver la enorme catedral
y la erizada capilla
y sientas el paso distante, los rumores
de los cruzados y de San Luis.
         Que vuelvas a la calle Monsieur le Prince
para asomarte a los escaparates
y, luego, en la calle Vavin,
a los inventos de los herboristas
y su lento prodigio –la invisibilidad de los olores.
         Que vuelvas a recoger el brillo
de una escritura anhelada
en las tardes coyoacanenses.
         Que abraces los árboles
y bebas el agua dulce
junto al amargo mar resplandeciente.
         Que te inclines una vez más y siempre
sobre mi rostro
y que yo abra los ojos para verte.

David Huerta