Oración del profesor (7-III-2018)

 

Puño de Dios, no golpees
el rincón de mi nombre donde me he pertrechado.
El día es cruel y cada hombre muerde su pan,
su anfetamina,
su perpetua oración. En los estadios
los niños derrotados aprenden a traicionar.
En aeropuertos runas de unicel nos guían
hacia el último nombre del silencio.
Y mujeres desnudas, frías como cristales
bailan decapitadas en la cresta nocturna.
–         Puño de Dios, mi amada duerme
en una de tus hendiduras. El trigo de sus labios
besa las manchas de nicotina de tus dedos.
Sus pechos son jarrones de miel
que endulzan tus nudillos.
Su carne es el agua que no logra apresar.
Su pensamiento es una lámpara encendida
en un hotel de paso a las afueras de tus golpes.
–         Puño de Dios,
mi amada es una estatua de la sal de la tierra.
No es un teléfono público.
No bastan diez centavos.

Julián Herbert (1971)
Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982
Margarito Cuéllar, Mario Meléndez,
Luis Jorge Boone y Mijail Lamas
UNAM / UANL, México, 2012

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