Escrito en 1968 (2-X-2018)

 

Escrito en 1968

A Manuel Rodríguez Lapuente

1
Apunto estas cosas una tarde de 1968.
El año en que los ángeles terribles
dejaron sus alas en las bodegas del cielo.

2
No queda mucho por decir
después de tanto discurso.

Los poetas tendrían que hablar
con acciones silenciosas.

3
Aquí no viven los hombres.
Están tendidos en su casa,
deambulando del baño a la televisión,
comprando cosas en el supermercado,
escuchando llamadas en los aeropuertos.

4
Sin que el amor lo sepa,
sin que lo diga la historia
los pasos siguen
por los subterráneos de todas las ciudades.
Será sorprendido el amor
cuando, urgido por los pasos,
nazca el día.

5
A G. Orwell
Los poetas, los ángeles sin alas,
cómo escribir para decir las cosas
este fin del año de 1968.
Qué pasará con las palabras,
cómo levantarlas muchachos
para detener a 1984.

6
X mas 38gzuir 184 — 131 68 x m u
Los signos,
los nuevos signos para que el mono lo sepa.
Ahora resulta
283% — 8 # 7 xum xum
y la mano de acero
y la palanca
zzzzzzzz rrrrr zzzzzzz
–          El mono futuro
descifrará esta llamada trivial.

7
Yo qué sé
Los que pasamos por el verano de 1968
Tenemos muchas recetas,
muchas claves para interpretar
las voces de los muchachos,
los garrotes policíacos,
los retratos de Mao,
la cabellera ardiendo de Rosa Luxemburgo.
–          Yo qué sé,
ahí están los esquemas, los tratados,
los comentarios de la BBC,
tantas cosas profundas, acuciosas,
elaboraciones, estadísticas,
discursos de congreso de escritores,
enigmas de la IBM,
muchas cosas que no dicen nada
este día de junio de 1968.
Nota. El autor, a pesar de todo lo que ha dicho y en un acto de aceptación del mundo y de
–          adecuación a la realidad, publica este poema nacido un día de junio de 1968 a las 5
          p.m. y muerto el mismo día a las 5:01.

8
Finale
Il poeta chiude il becco.
Debería callarme el hocico
y evitar las calles adyacentes.
–          Voy exhibiendo la cabeza rota,
los agujeros de los pantalones,
el corazón que por barroca vanidad
espero que algún día sea trasplantado
a un negro de Sudáfrica.
Debería callarme el hocico
y escribir solamente en los retretes
alumbrado por fósforos,
hacer grandes grafitti con carbón
y terminarlos con la punta de la nariz.
–         Yo nací en un mundo tan solemne,
tan lleno de conmemoraciones cívicas,                                                                                      estatuas,
vidas de héroes y santos,
poetas de altísimas metáforas
y oradores locales; en la ciudad que tiene siempre puesta
la máscara de jade y de turquesa,
y como ahí nací
debería callarme el hocico
y pintar solamente en los retretes.

9
Nuevo finale
A Alfonso Arriola
Habrá otros caminos, sangre agitada.
Lo que ahora piensas correrá después.
Hoy cuelga de la ventana
una esperanza nonata.
          Salgo a la calle y camino.
A mi lado van las palabras
que han regresado por la ventana abierta.
Regresan vestidas de payasos de feria,
de muertes de carnaval,
de reyes de burlas.
–          Habrá otros caminos, sangre agitada.
Otras palabras, corazón de la tierra.

10
Post data
A Rafael Kuri
Iremos todos caminando por el aire.
Los sentados en el suelo,
los del pasillo de los manicomios,
los de la puerta del quirófano,
los que seguimos las carrozas fúnebres,
los que cerramos los ojos de las amadas gentes,
los que amamos a la orilla del mar,
en el mercado,
en los burdeles,                                                                                                                                    en los hospitales.
Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015)
Peregrinaciones. Poesía reunida (1965-1999)
UNAM, México, 1999

De “Poemas para el perro de la carnicería” (25-IX-2018)

 

V
Amor y pop-corn

Hubo un momento
en el que renunciamos a todo lo dicho;
nuestro deseo era escapar
de los lugares comunes,
abominar de la melcocha sentimental,
inaugurar palabras,
girar en un laberinto perfecto
y lleno de sensaciones frías,
bien meditadas, completas, exquisitas,
alejadas del tiempo, nuevas, antiguas,
clásicas, románticas…
no lo logramos;
son las seis de la tarde,
sobre nosotros brilla
un crepúsculo en tecnicolor
y a nuestro lado se besan
William Holden y Jennifer Jones.
–          Te abrazo y digo, con voz cachonda,
algo sobre tus sparkling eyes,
mientras tú ronroneas: hold me tight
y del kiosco llega una canción de Doris Day.
–          Te ofrezco mucha resignación.
Somos iguales a todos.
Te regalaré una enorme bola
de algodón azucarado,
antes de que, contra los montes de Hong Kong
aparezca, entre nubes rojas,
el inevitable The End.

Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015)
Peregrinaciones. Poesía reunida (1965-1999)
UNAM, México, 1999

La Estrella (27-III-2018)

 

Todo está en calma.
La ciudad y su halo anaranjado
tiemblan ligeramente
cuando desde la peña los miramos.
Un mundo de cabezas descansa,
y los borrachos
con racimos dorados,
caras de dioses falsos
coronados por su propia ebriedad,
juntan angustia y gozo
en su fiesta nocturna.
El cansancio cubre los rescoldos del día
y todo se junta en una gran respiración.
Los cuerpos bajo las sábanas viven
y se buscan en las camas desiertas.
Un hombre que sueña nunca está solo,
lo acompañan fantasmas de todas las edades,
las figuras de todas las edades del mundo.
Al abrir la ventana
se aferra al último vestigio de la noche:
la estrella matutina.
Todo está en calma;
Sobre la gran cabeza brillan las estrellas;
en el cielo hay caminos,
y esta noche todos tenemos alas.

Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015)
Material de lectura. Poesía moderna. 91
UNAM, México, s/f

Por favor, su currículum (5-IV-2017)

La riqueza me agobia esta mañana
y para conjurarla
hago el recuento
de las cosas que tengo
y de lo mucho
que he perdido en el tiempo:
tengo la vista, el tacto y el oído,
el olfato y el gusto, una mujer
–ella también me tiene–
que lleva sin alardes
los ritmos de la vida;
unos seres que crecen a mi lado;
un techo, pan, un poco de dinero,
libros, el teatro, el cine;
seres vivos que amo
y que me aman;
mis muertos, la memoria
y el presente
(nada sé del futuro
pero no me interesa);
voy haciendo los días
y ellos me van haciendo
y deshaciendo;
finjo resignación
y me contento
con las luces del alba
(me gusta más la noche);
trabajo y cumplo,
a veces a mi modo
y, cuando no es posible,
me conformo;
intenté el heroísmo
y la aventura
se me volvió sainete;
he aprendido
tres o cuatro cosas
y he olvidado trescientas;
me detengo en la calle
y veo personas,
salgo al campo
y me encuentro con la vida;
me gustan las ciudades
y las odio,
me gusta el campo,
pero no lo entiendo;
no le tengo pavor a lo imprevisto,
pero me gustaría que no pasara;
mi sentido común es estrambótico;
sin proyectos me enfrento
a la mañana;
me enferman los enfermos
de importancia,
me asustan los que esgrimen
sus certezas;
me gustan los que dudan,
los pasos vacilantes
me enternecen
y me dan miedo
los que pisan firme
(el If de Kipling
me provoca vómitos);
no pertenezco a nada
y sin embargo, me hermano
sin poner muchos reparos;
cultivo mis lealtades
e intento preservar estos amores;
mi vida es un recuento
de expulsiones
(esto lo digo
mientras me acompañan
maracas y requintos,
dos serruchos,
un peine con papel
y voz gangosa);
ya no tomo café,
fumo tabaco,
hablo menos que antes,
me desvelo
y escribo confesiones;
la primera persona me preocupa,
pero sé que no es mía:
todos somos lo mismo;
todo es uno,
uno es todo,
cada hombre es, al fin,
todo este mundo
y el mundo
es un lugar
desconocido…

Hugo Gutiérrez Vega