La vigilia de las sombras (29-VIII-2018)

 

Soy una maniquí,
imposibilitada en mostrar un mundo con su cuerpo,
ya no hay tiempo para comprar agujas,
afilan las trompetas los gallos.

Mi sombra atrapada en un muro
ve desfilar a este costal de huesos.
Me vienen días en los que no vuelvo a caminarla,
huye de mí como yo del tiempo.

El títere polvoriento,
el hijo perdido de la noche
colgado de los tobillos se desliza,
imita una silueta igual a la mía,
hace creer que soy la esclava
que adolece en cada paso.
¿A qué puerta llevarte?
¿Roja, verde, azul?

Una inventa al profeta
para no calcinar ese semicadáver que somos:
criaturas aferradas a una sombra.

En el espejo
la muerte juega con los párpados.
Hay que esperar el tren de la tumba,
abrir las ventanas,
maullar la soledad.

Bajo esta lápida todos son ciegos,
seco el sonido de las hojas.
¿Qué cuerpo acá se inclina y se convierte
en una constante mudanza?

El día de mi primer llanto se dio
círculo tras círculo sobre el pie de mi madre.
Hija de una piedra, me convertí en un puerto
que usa abanicos para direccionar su suerte.
En la vigilia mis ojos producen fantasmas.

Hay gente que es frágil ante la lluvia,
cubre espejos para desaparecer,
cierra ventanas para que el viento
no le inflame nombres que deposita bajo el florero.
La lluvia las arrulla,
les seca los ojos,
las vuelve río.

Saberse extraña en una sábana, en una habitación sin número,
con una ventana que no pausa la muerte del sol,
habitarte en la redonda negrura de mi cárcel al
costurarse en tus ojos.
Ahí como faisanes lamiendo nuestras alas,
ignorando el calvario, el golpeteo de la piedra en el pecho,
reconociéndonos en el espejo que sale y muere al verse.
La única salvación era abrir la puerta,
ser esas dos damas que toman el té,
usan gafas y relojes,
evitan el frío con gramos de color rojo en los labios.

Karla Gómez (1990)
“La vigilia de las sombras”,
en Astilo, antología poética. Selección
de Óscar Oliva y Julio Solís. Cultura,
Dirección de Publicaciones del Coneculta
Chiapas, Guadalajara, 2017