21 (6-VIII-2017)

Los dementes son libres. Cuando ciertas llanuras se han abandonado. La estepa donde yo era una monja feliz. Alguien que podía vivir los sesenta años del futuro amurallada. Estaba bien. Son libres los que han perdido los recuerdos. Aquéllos a los que el calor los ha vuelto insensibles. Sonríen nuestros años donde recogimos cereales en medio de la nada, ahora recojo las maletas. Y el sudor era un abrazo permanente. Una asfixia que nos volvía viejos y dóciles, a los doce años. Estaciones de trenes como un desierto. Animales gigantes como montañas lentas. Y escribo, porque tengo miedo.

Ileana Garma

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