Aquí (7-VIII-2018)

Aquí, tendida bajo el universo,
miro la sombra de mi cuerpo: forma
de un eclipse de sol.
Miro mi pecho:
bajo esa doble cúpula está el cauce
del río que busca su vertiente, y vuelve
sobre sí mismo sus caminos:
domeñado torrente, borbollón
apretado en su caldero.
–          Ese contorno es toda mi prisión.
Es el recinto inexplorado, inmenso.
Devastado por tropas enemigas
sin estandarte ni oriflama. Dioses
en las encrucijadas de mis nervios.
–         En ese mundo sumergido, vivo
–náufrago en la corriente de su sueño.

Susana Francis (1922)
Diálogos con el espejo, Antología personal (1941-2015)
Gobierno del Estado de México, México, 2016

De “Canciones sin palabras” (18-III-2018)

 

II
Rosas rosas del alba:
sangre transpira
el color de la noche
que lento expira.
–         Palomas cenicientas
beben la luna:
una oblea desolada
en la frágil bruma.
–         Corren locas las horas
a su martirio:
levanta el día su hoguera
para el suicidio.
–         Cruzan el aire pájaros
de campana:
ecos y luces tajan
piel de mañana.

Susana Francis (1928)
Desde la cárcel de mi piel
Fondo de Cultura Económica, México, 1967

De “Desde la cárcel de mi piel” (9-X-2017)

XVI
En medio del desastre y la batalla
del mundo loco,
¡tantas cosas nos quedan todavía!
Belleza, alma universal: revives
en cada abrir de párpados; persistes
en brotar de los poros imprevistos
de cada cosa, ser… siempre lo mismo,
una alquimia incesante.
                                      Abro los ojos:
miro el sol caído
escurrir por el ábside sangriento
del horizonte, y al instante siento
dentro de mí, el corazón cubrirse
bajo una manta acogedora: el cielo.

Susana Francis

De “Desde la cárcel de mi piel” (13-VI-2017)

XV

Algún día seré
sólo polvo en el viento,
y el viento, en las cavernas
de su soplo, gustará
de mi huella, un momento.
Y en los viajes del aire
Lloraré con la lluvia
tal vez, o tal vez viaje
en hombros de un insecto.
         Pero entonces mi voz te alcanzará,
futuro Prisionero
–oído que en noche sin ventanas
oses vagar, jinete en igual sueño–.
Y llenarás el túnel de tu oreja
con mis voces perdidas.
Y lloraré una lágrima en tu lágrima
otra vez, como un eco.

Susana Francis