El cuarto de la agonía (17-II-2018)

 

Nunca pensé que al mediodía se pudiera morir, que el jardín estuviera florido mientras él agonizaba. Con que tardanza las sienes se le pusieron de piedra y los ojos de hielo extraviado. El aliento batía en su jaula como una pluma sin pájaro. Para qué decir que era abril cuando sentí la ceniza en la boca y los niños jugaban en la calle. Creí merecer el silencio y no lo hubo. Creí sentir la noche curándome los ojos, pero la luz era esplendorosa. Él dejó de estar mientras estaba a mi lado; le palpé las costillas, la frente vacía de deseos y después toqué mi frente toda, acontecida, infectada de sombras.

María Cruz (1974)
Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982
Margarito Cuéllar, Mario Meléndez,
Luis Jorge Boone y Mijail Lamas
UNAM / UANL, México, 2012

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Hospital (29-IX-2017)

Los dementes flotan en sábanas de sopor,
los sostiene un espejo rancio
debajo de la cama.
Por este pasillo andan enfermeras
y serpientes que se arrastran con dolores sonoros.
El grito no cabe en el armario
ni en cuartos cerrados ni en hospitales;
los muros tienen manchas
de miradas tercas y lejanas;
hay ojos que ven reses que vibran y paisajes nevados,
gentes ahorcadas en las esquinas,
nidos de alacranes en el techo.
La cabecera tiene pelambres encerrados en el metal
porque los muertos
heredan la fiebre a los colchones
y viene un sudor que ningún jabón limpia.
         Los desquiciados comen panes desteñidos,
aguacates rellenos de talco,
verduras hervidas hasta ser
el vapor solo
que moja la frente alucinante.
Nadie besa estos labios disecados,
cayéndose en bloques como arena.
Los locos pasan el día y la noche
en gajos de luz imaginada,
en lámparas ciegas igual que túneles
donde no hay reposo,
donde el grifo eterno
suelta gotas como lágrimas.

María Cruz