Pinceladas (6-X-2018)

 

Entre sus dedos la gentil María,
tal vez por distracción,
con maldad inconsciente fue estrujando
las hojas de una flor.
Y cual la noble víctima que cae
otorgando al verdugo su perdón,
la flor entre sus dedos fue dejando
aroma embriagador.
Después, el viento, de la pobre rosa
las hojas dispersó,
y en el viento también quedó impregnada
la esencia de la flor.
–          Yo conozco en el mundo muchas almas,
que como aquella flor,
encuentran una mano despiadada
que mata su ilusión.
Y dejan en la mano que las hiere
la esencia de su amor.
Después, el mundo, que del alma herida
no tiene compasión,
con sangrientos sarcasmos escarnece
y aumenta su dolor;
y al rodar esparcida por la tierra
la flor de su ilusión,
va esparciendo en el mundo que la ultraja
la esencia de su amor.

Dolores Correa Zapata (1858-1924)
En Aurora Marya Saavedra,
Las divinas mutantes. Carta de relación del
itinerario de la poesía femenina en México
UNAM, Praxis, IMC, Sogem, IPN, México, 1996

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