Nocturno (30-X-2018)

Aquí voy en el río
desconocida, larga.
–          Y cabeceo en el viento
como el toro,
que en éxtasis levanta
la llama de sus ojos,
brillantes por la sed
de oscuras aguas.
–          Y me hundo en la noche
como en el conocido pecho
de mi madre,
húmedo y sin palabras.
Muerdo el fruto del día,
y en el silencio voy
como la rama
enamorada y muda
que danza.
–          Ahí van mis sentidos
prendidos en el vientre de la noche
como siete cabritas
palpitantes y fijas.
–          Sola me quedo,
junto al que se oculta
hollando a sus creaturas.
–          Entre las ramas
flotando van estrellas
como frutillas duras.
–          Bajo este cielo, ay, todas las cosas
van hablando entre dientes
solas y presurosas.
–          Bajo este cielo, ay,
me voy rendida
como la hierba hollada.
Y queriendo cantar,
Y sin hallar palabras.

Dolores Castro (1923)
“Toda la eternidad una paloma”.
En Ritmo. Imaginación y crítica,
núm. 23, CCH Naucalpan

Volverá el polvo al polvo… (25-VII-2018)

 

Volverá el polvo al polvo,
caerán desmenuzados los cabellos
como último baluarte de mi cuerpo.
Te esperaré a la orilla,
en los maderos rotos del recuerdo.
–           Al tomarte la mano, pobre muerte,
Tan antigua, tan niña,
palpitará en tu sangre
la madura inquietud de cada día.
Romperás secos lazos.
Recostado en la hierba de tu sueño,
te embriagarás en angustioso canto
de la noche primera.
Te llegará en latidos de mia ansias
la frescura del agua tan lejana,
la voz, y el sonido
de la vida que evita tu llamada.
–           Y morirás de amor,
del mismo amor que apagará la hierba,
y morirás de viento y de tristeza,
cuando fría mi sangre
no transmita a tu cuerpo
el calor que robamos a la fragua.
Y cuando de nosotros
no quede ya en la tierra
más huella que la ardiente de su estancia,
volveremos al polvo
que al cubrir este canto
lo perderá en la noche de su huella.

Dolores Castro (1923)
La vida perdurable. Antología poética
Selección y presentación,
Francis Mestries
Editorial Praxis, México, 2007

Nocturno (11-IV-2018)

 

Aquí voy en el río
desconocida, larga.
–         Y cabeceo en el viento
como el toro,
que en éxtasis levanta
la llama de sus ojos,
brillantes por la sed
de oscuras aguas.
–         Y me hundo en la noche
como en el conocido pecho
de mi madre,
húmedo y sin palabras.
Muerdo el fruto del día,
y en el silencio voy
como la rama
enamorada y muda
que danza.
–         Ahí van mis sentidos
prendidos en el vientre de la noche
como siete cabritas
palpitantes y fijas.
–         Sola me quedo,
junto al que se oculta
hollando a sus creaturas.
–         Entre las ramas
flotando van estrellas
como frutillas duras.
–         Bajo este cielo, ay, todas las cosas,
van hablando entre dientes
solas y presurosas.
–         Bajo este cielo, ay,
me voy rendida
como la hierba hollada.
Y queriendo cantar,
y sin hallar palabras.

Dolores Castro (1920)
Ritmo. Imaginación y crítica, núm. 23
Colegio de Ciencias y Humanidades, México

Sueño (21-XII-2017)

Me detuve a escuchar
el pausado y constante sonido
de un oleaje profundo
bajo mar y pleamar.
……….Ajena hacia el ir y venir
de las olas que rompen
la delgada piel
de la vejez.
……….Más allá de la alta marea
cuando se eleva hacia la luna,
o de la baja marea
que se aleja,
yo me soñé feliz,
de todo a todo plena:
dueña de nada.

II
Cuando la luz besa mis párpados
y abro los ojos,
siento que toda la dicha en su caudal me inunda
mientras luz
y dicha,
enlazadas, permanecen palpitantes
sobre mi cama.
……….Así, como un gran árbol
me acogen en sus ramas.
……….Ellas florecen, yo
en ellas me sumerjo
como en sueño morado
de jacarandas.
……….Llega la luz y pasa, todo pasa.
……….Abro los párpados en su momento
y ellas se posan,
aletean
mientras furtivamente las detengo
entre pecho y espalda.

Dolores Castro

 Migrante II (22-04-17)

Lanzado hacia la flor
de los vientos,
aun así
pediría una brizna de respeto
a mi dignidad.
          Y desearía cerrar los ojos
y antes de dormir
ver una luz,
un camino,
Una puerta abierta para mí.
Y en mis sueños
un rumor de palabras conocidas,
unas palabras que entienda: un buen deseo
una buena intención, un Dios te guarde.
Caminar en un lugar en donde pueda
ir libremente.
Un lugar en donde me conozcan
por mi nombre y mis hechos
en el buen tiempo, o bajo la tormenta,
por quien he sido, quien soy:
un hombre solo,
sólo un hombre.

Dolores Castro