El durmiente (17-VII-2017)

A veces dormías y yo estaba como nunca sola. Odiando tu respiración, el roce de tu mano sobre mis piernas. El espacio en que se había dormido tu deseo. Ya no te importaba mi carne ni esa soledad ni ese reclamo. Abandonabas el peso de tu cuerpo sobre las sábanas, dejabas que cayera todo; yo caía también. Estaba dentro de un sueño ajeno, ya no era mía mi respiración ni mi sangre era mi sangre. Yo era el miedo.
         Nadie me escuchó llorar. Nadie se dio cuenta del frío. No hubo manera de evitar esa caída. Nadie pudo despertarte.

Mónica Braun