Éstas son las estaciones… (22-XII-2018)

 

Éstas son las estaciones en Brooklyn:
1. el cristo postgolgotizado,
2. el echado como mal moneda,
3. el pasto de los niños locos,
4. el abono de los negocios sucios,
5. la pluma del artista vuelta billetera,
6. la billetera,
7. el billete con el nombre de dios,
8. el nombre de dios en vano (en el billete y fuera del billete),
9. el papel que fue el árbol vivo,
10. el ya nadie habla claro,
11. hablar por las ramas,
12. ya nada ama nada.
13. Las horas de los árboles crujen como monedas.

Carmen Boullosa (1954)
Corro a mirarme en ti
Conaculta, México, 2012

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La otra caída del otoño (20-IX-2018)

 

¡Si fuera hoja…
qué más diera!
–          ¡Si mi carne comida
por los años
obligada a hincarse ante el rey Cronos,
que fuera hoja!
          ¡Que fuera eso!

Éste el otoño doliente:
la hora del temor.
A las hojas les castañetean los dientes.
–          Ya nada habla como tú, clara rama,
madre de las flores, de las hojas verdes.
Ya nadie conoce tu secreto.
Te has llevado contigo
a otra latitud, a otro planeta,
la verdad de tu savia.
Ya nada ama nada,
todo seco, todo yerto.
–          Aplauden como idiotas las hojas infelices.
–          Todo es muerte.

Cascarones vacíos, las hojas.
¿Son los fantasmas que se agarran con sus dientes a la vida?
¿Mi cuerpo un mero cascarón más –y que no se agarra–?

Ése es el otoño:
Del invierno saldrá otro invierno,
a la noche la engendrará otra noche.
–          Éste es el otoño:
Un invierno.
Los nuevos jenízaros son analfabetos.
El otoño es el oro corrupto.
Las ramas peladas.
La vigilia sin fin del insomne.
Éste es el otoño: Nada amanece.
Los dedos son huesos
buscando anos para vestirse.
Lo demás no es ya más.
El otoño ha encerrado en su ano mayor al mundo.
Otoño,
oro podrido.
Ramas peladas.
Vigilia eterna el insomne.

Brooklyn, otoño de 2006
(cuando las puntas de las hojas de
este otoño apuntan a Irak, reza…)

Carmen Boullosa (1954)
Corro a mirarme en ti
Conaculta, México, 2012

De “Amor que te asomas” (12-1-2018)

X
Un guaje es tu boca fresca,
odre de almíbar;
trozo de amor fresco que a tu contagio
vuelve carne y amor
a la muerte y al engaño.

XI
No eres la pluma
que al aire se inclina,
ni el cuello tibio del ganso,
ni la piel del tímido durazno:
eres el injerto de toda esa ternura
en la fuerza del monte,
en el salto de un felino acorralado.

XII
Abrazo de la tierra,
certeza de lo que el monte dice,
secreto hecho voz,
es el silencio tu aliento cuneiforme,
caligrafía de los dioses son tu olor
y tu cuerpo de amor sedientos.

XIII
Durazno,
miel de la uva,
fibra del pérsimon:
me ofreces un glosario de carnes
en cada beso.

Carmen Boullosa