Varón de miel (25-I-2019)

 

Varón de miel

No podía perderte si te tuve en mis brazos.
Pero yo te buscaba, aún dentro de mí,
como en un ostensorio de gloriosos dolores,
varón de harina y miel y soles persuadidos,
pero que me aguardase y que me doblegara,
mi vecino entrañable, en la red de mis venas.
El huésped

Su palabra le ofrece la rosa de los vientos:
déjalo que se exprese con orden y desorden,
imprevisiblemente recorriendo los cuartos
como un pájaro a tientas libertad recobrada;
o que se alce al azul dorado a pesar mío,
y yo te diga entonces, ya sola, su recuerdo´
conturbada mi alma tras de su cerradura.
Ternura

Quizá no sea ternura la palabra precisa
para este cierto modo compartido
de quedar en silencio ante lo bello exacto,
o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza
misma, su emblema, aunque tan próxima
y latiendo.
Y es también un destino unánime que vuelvan
a idéntico silencio –cuando llegue la hora
de la tragedia indecible– mi palabra y tu zarpa.

María Victoria Atencia (1931)

Visor Libros, Madrid, 1988

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Hoy hago trampa y mando tres (9-XII-2018)

Con las luces del alba

A mitad de camino entre la mar y el suelo
que hace fértil un gesto de vida proseguida,
sobre la arena oscura expuesta al sol, propongo
yo misma mi balance entre fruta y olvido;
entre amor y despecho con las luces del alba,
o las yertas palabras que acoge un laberinto
de nácar y las vierte contra el rumor del puerto.

Plaza de La Merced
Picasso

En el vidrio empañado del otoño recorta
sabiamente la mano de un niño el obelisco
a cuyo alrededor se dispersa la plaza.
Hace frío. Hace sólo humedad. Y se evade
Una paloma en vuelo desde el balcón a un árbol.
Abre el niño sus ojos a la paloma, negros
frente a la escarcha, y queda guardando en los bolsillos
de su babero a rayas un trigo de reclamo.

Voz traducida

Vuelve de nuevo el trance del traslado, y entorno
los ojos: tierna herida a un poema quizás
ya ni siquiera mío. Adolescentemente
me remito no obstante a otra voz, a otra vez,
a otras verdes olmedas del viento meneadas
que los pájaros saben en no importa qué lengua.

María Victoria Atencia (1931)
De la llama en que arde  
Visor Libros, Madrid, 1988