Como el mar que regresa (29-X-2018)

I
El mar siempre regresa;
sus montañas saladas se alejan,
pero vuelven;
abren las cicatrices de la arena;
rebosan de infinito los ojos que lo miran.
–          El mar regresa siempre
porque siempre está solo;
vuelve a buscar las playas.
Regresa.
Sabe que se hallará
porque los que están solos
saben que alguien está siempre esperándolos.

II
El mar no acaba nunca de regresar;
apenas lo has mirado ya se ha ido;
apenas lo has perdido
y ya te encuentra.
–          Para decirle adiós
es necesario no irse nunca;
quedarse junto a él,
frente a frente y sin prisa,
pegar tus labios a su beso húmedo
y sentir que no hay tiempo,
que no hay lugar,
que no hay límites;
saberlo, y nada más,
como cuando se ama,
como se afirma uno al ser que ama,
como hace uno razón
la fe,
la dictadura
del amor.

III
En la tumba del mar crecen cofres cerrados,
botellas que nunca han sido abiertas,
canciones olvidadas,
elementos nocturnos que se han perdido.
El mar les da cobijo bajo su frágil cuerpo
y los pone a danzar en la noche
para que se enamoren.
Hay campanas también, nombres y huesos,
cartílagos que ya se disolvieron,
elementos del día,
material de los sueños.
Yo me pongo a soñar esta materia
para que cuando duerman mis hijos su alegría
vean lo que el amor ha conservado
más allá de la arena y de la ceniza.

Juan Domingo Argüelles (1958)
Como el mar que regresa
Universidad Veracruzana, Xalapa, 1990

Infancia (12-V-2017)

Empiezas a leer. Descubres los sonidos,
las vocales, las sílabas, las pausas, las palabras:
su música y sentido. Escuchas inclusive
los silencios que vienen con el ritmo.
         Por un extraño azar, serás niño de letras:
escribirás también tus ocurrencias,
tus cosas de loquito, por una sola causa:
tu precoz negación de la vigilia
y tu entrega total a sueños y quimeras.
         Tienes los ojos miopes incluso cuando duermes.
Imaginas que sueñas tu vida imaginada
y empiezas a saber de tu impotencia
para enfrentar con éxito las leyes de la selva.
         Ya adivinas que el mundo no es tu mundo,
puesto que no lo aceptas como todos lo aceptan.

Juan Domingo Argüelles