De “Letanía erótica para la paz” (13-IV-2018)

 

Bebo en tus ojos…

Bebo en tus ojos y en tus manos bebo,
hueles a intensidad, como la noche,
y en este olfato ciego sé que te pertenezco.
–         Acoge mi esplendor y conviértelo en ruina,
porque me doy entera como un día de sol,
porque soy la constante,
porque soy la distinta,
porque me llenas de amor hasta las lágrimas,
porque estamos en este mundo construido por nosotros
por nosotros,
porque en el lecho identificamos la muerte
al dar vida.
–         Este animal que dormía en mí en su bosque de ternura,
este albor que me brilla por los poros,
estos conos truncados de las frases,
esta tu soledad urgida que se prendió en el desierto
esperando el sonido de bocas silenciosas,
la caricia colgada de las manos dormidas,
el cabello hacia el viento,
esta antorcha de tactos que nos queman los huesos,
es el mundo de siempre
el que estamos viviendo.

Griselda Álvarez (1913-2009)
Letanía erótica para la paz
Instituto Colimense de Cultura, Colima, 1997

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Tríptico  (26-V-2017)

Vida

He tomado una luz de la mañana
para con ella calentar mi frío,
grieta de sol donde navego el río
que ha de llevarme a su extensión lejana.
         No me importa sentir esta campana
que toca a nada desde mi vacío,
sé a dónde voy, no importa el vocerío
que llama a muerto desde mi ventana.
         Nací para morir. No llevo prisa
porque avanzo a mi fin de igual manera,
corto la flor, abrevo la sonrisa,
         tomo la sangre de la vida entera
porque un día seré polvo, ceniza,
y de ahí nacerá la primavera.

Amor

Cierva de miedo por mi fin cercano
o feliz corza por mi nacimiento,
entre dos puntos fundo mi lamento,
que nacer y morir van de la mano.
         De lo que soy, relámpago o gusano,
de lo que reflexiono o lo que siento,
alta soberbia o gris abatimiento,
surge clara respuesta del arcano:
         Nací para el amor. Es mi alegría
este polvo de estrellas que habito.
Te descubrí. Me hallaste. Coincidía
         tu gemido amoroso con mi grito.
Y porque tengo todo de este día
ya ni vida ni muerte necesito.

Muerte

Mírame aquí, de pie, sobre mi muerte,
ávida sombra de temblor nacida,
compacta soledad que me intimida,
carroña en flor que mi intuición advierte.
         Mañana, sí, mañana estaré inerte.
Más hoy marcho de pámpanos vestida
al pagano festín que da la vida
por cortar los racimos de la suerte.
         Nací para vivir. Para el dispendio.
Para salvar la rosa de la espina,
para aumentar con llamas el incendio,
         para soñar la gloria que alucina.
Pero el fin llegará, seré el compendio.
Y de esta carne nacerá la ruina.

Griselda Álvarez